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A B C. V I E R N E S 22 D E A G O S T O DE 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 6 intereses. Y o no quisiera dedicarme a la política. S i n embargo, si la obesidad viene... Ustedes perdonen, pero... habrá que definirse. FEDERICO G A R C Í A SANCHIZ EL BLASÓN D E A N D A LUCIA E l pleito de los colores Nunca pude sospechar que aquel alegato mío, publicado hace ya más de tres meses, enderezado a que en el blasón de Andalucía blanco y verde, figurase también el color azul, alcanzara la extraordinaria repercusión y la cariñosa acogida de que son claro testimonio los numerosos artículos de periódicos y revistas que han llegado a mis manos, y las cartas que, en mayor número todavía, me han. dirigido bondadosos comunicantes, muchos dé ellos desconocidos para mí, y a todos los cuales, lo mismo que a los autores de los trabajos periodísticos, doy rendidamente desde este lugar las gracias más cordiales. Y en realidad, no hay motivo de extrañeza, ni yo lo puedo tener tampoco para envanecerme, porque, ante todo y sobre todo, es el periódico el que da resonancia al tema; éste figura ya en segundo lugar, y en el postrero el autor del artículo, que si no es víctima de espejismos reconocerá que así es la realidad escueta. T a l me acaba de suceder con mi última crónica, en que me refería a la labor que realizan los dignos funcionarios de Comunicaciones, siendo tal la cantidad de las congratulaciones recibidas en el espacio de seis días, que solamente las procedentes dé uno de los dos Cuerpos hermanos se pueden contar por centenares y no exagero la cifra, que puede comprobar quien guste, ya que las conservo como demostración de gratitud sincera. Pero de esto a que yo me considere el promotor de la cariñosa manifestación hay mucha diferencia. Fué, en todo caso, el periódico y nada más que el periódico. Y no es éste sólo; en otro cualquiera de gran tirada sucedería lo propio. D o n Portento Maravilloso publica un trabajo a la altura de su apellido en un periódico insignificante, y nadie se entera; en cambio Juan Desconocido elogia u ofende en u n gran rotativo, y todo el mundo se considera en el deber de ponerle en los cuernos de la luna o de arremeter contra él, según el caso. Pero vamos a los colores. S i hubiese de reproducir todo lo que mi defensa del azul há sugerido a periodistas, escritores y meros aficionados, sería necesario invertir unas cuantas planas, y, aun tratando de hacer un resumen, éste siempre resultaría prolijo, por lo cual, después de mucho meditarlo, recurro al procedimiento que estimo como más fácil y expeditivo, que consiste en hacer una mención de periódicos y de comunicantes, agrupando las opiniones de acuerdo con su analogía. Eí no hacer esa mención podría parecer descortesía, y en ella no quisiera incurrir, ya que de mí partió el requerimiento. El Defensor de Granada, La Unión Mercantil (Málaga) Gaceta del Sur (Granada) La Correspondencia de Valencia, El Guadalquivir (Andújar) Diario Regional (L i nares) El Adelanto (Salamanca) El Norte de África (Tetuán) El Noticiero Bilbaíno, Lo- Rioja (Logroño) Dhrio de Cádiz, El Dihivio (Barcelona) El Diario Palentino, Las Provincias (Valencia) El Telegrama del Rif (Melilla) El Pueblo Manchego (Ciudad Real) Diario de Málaga, La Unión (Sevilla) El Adelantado de Segovif y Diario de Ahitería han sido los periódicos, y Don Lote de Sosa, de Jaén, y Nuevo Mundo, de Madrid, las revistas en que ha sido abordado el tema públicamente, más una conferencia dada en la Asociación de Ferroviarios por el culto escritor y ayudante de la Universidad Central D. Rafael Láinez Alcalá. Reitero públicamente mi gratitud al referido profesor, así como a los Sres. A r i a s Abad, Cazaban, Alvarez Quintero (D. Joaquín y D Serafín) Pérez (D Dionisio) Serrano Rodríguez, Prados y López, Goettig y Muñoz Ruiz, Monje, Avellaneda, L a Torre (D. J F Belza, Pacheco Ruiz, Carmona (D. Alfredo) Nieto, Andrés Vázquez, más algunos que han firmado con iniciales o empleando seudónimos, autores de los artículos unos y comunicantes otros, que se han dignado prestar atención al asunto y. expresar su autorizada opinión. Y así ya podemos llegar al resultado. U n a mayoría enorme de quienes bondadosamente han abordado el tema, llevada, sin duda por su índole sentimental y por la forma en que hube dte plantearlo, basado en lo que rezaba la información: Blanco y verde; casas blancas sobre campo verde se ha declarado partidaria de la inclusión del azul, con tan arrebatados y encendidos acentos en algunos de los trabajos, que bien desearía disponer de espacio para poderlos reproduc i r solamente cuatro, pasando por alto el sentido esotérico, defienden con tan poderosas razones, basadas en la Historia, el blanco y el verde, que no hay otro medio de ceder a ellas, pues que ya la bandera andaluza tenía su tradición arraigada, y no es cosa, por lo tanto, de bastardearla ni de i n ventarla. Y aquí, para que aquellas personas a quienes interesa este asunto, lo vean de una manera clara, recogiendo la afirmación del distinguido periodista José Andrés Vázquez de que l a bandera izada en la Casa de A n d a lucía no es invención de ahora y que era la que asaban los navegantes andaluces desde tiempo inmemorial reproduzco los siguientes párrafos, en los que Un andaluz de abolengo, seudónimo que deja adivinar a persona de gran cultora y competencia, pone las cosas en su punto de la manera siguiente: E n aquellos tiempos que en los pueblos centrales de Europa y los del Norte de la Península Ibérica predicaban cruzadas contra la rica y civilizada Andalucía, impulsados, más que por el ideal, por el provecho del botín, un Rey dé Castilla, Alfonso V I I I capitaneando una de estas cruzadas, n lá que formaban combatientes de diversos y lejanos países, orgullosos del inmenso contingente que se agrupaba bajo sus banderas, retó al jalifa Jacub- Almansur, residente a la sazón en Marruecos, pues Andalucía se extendía hasta los vértices meridionales del Atlas. Deseoso Jacub de castigar la soberbia del castellano, desembarcó en Algeciras, con sus huestes africanas, mandadas por A b u Yahye- Abu- Hafas, y allí se le unieron los andaluces, capitaneados por el granadino Ben Senanid, que mandaba la excelente Caballería de Sevilla, a la que se dio la bandera verde, reservándose el pendón blanco del jalifa a las huestes mandadas personalmente por éste. L a noche antes de la batalla tuvo Jacub un sueño, en que se le apareció un ángel vestido de blanco, que tremolaba entre las nubes una bandera verde, y le prometía la victoria, que, en efecto, fué completa y definitiva al deshacer Senanib la imponente Caballería extranjera, quedando en. poder de los andaluces veinte mil prisioneros, a los que generosamente dieron libertad; Queriendo el jalifa dar gracias a Dios por esta gran victoria, ofreció construir el alminar más alto del jnundo, costeado con e los despojos conquistados a Castilla, y el 594 del profeta, 1198 de J C se inauguraba y bendecía la Aljama de Sevilla, en cuyo a l minar, que hoy se llama la Giralda, construido por el famoso arquitecto A l a i- e l- S i keli, lucía fundidos en una sola señera el color verde del Islam y el blanco del jalifa, que simbolizaba la unión de las provincias europea y. africana del Andalus. E n las luchas que siguieron entre los pueblos de Andalucía se usaron distintas banderas aun en la misma Granada se usaron distintos colores en cada barrio (azul, amarillo, r o j o) pero, dominada Andalucía con lá caída de Granada, los andaluces volvieron a adoptar, añorando su pasada grandeza, la bandera que unía a las Andalucías, oriental, occidental y a f r i c a n a blanca y verde, a la que algunos orientales añadieron una franja de luto, y en los pliegues de esta bandera se envolvió el cadáver de Tahir- el- Horr, cuando cayó asesinado en Estepona, al i n tentar, de acuerdo con el duque de MedinaSidonia y el marqués de Áyarnonte, la i n dependencia de Andalucía. N i vencedores ni vencidos. E l canto en alabanza del color azul, del cielo que embriaga en Sevilla a los hijos de Albión; el que en Granada obligó a prosternarse a Z o r r i l l a el que hizo a Córdoba sultana y el que inspiró a tantos músicos y a tantos poetas ha servido para que otros escritoresy otros poetas hayan dejado oír ahora sus acentos patentizando su amor por A n d a l u cía. Pero no se trataba del problema sentimental de las casas blancas sobre el campo verde sino de algo con honda raigambre en la Historia, y por lo que fueron regados cíe rojo aquellos campos verdes y bajo aquel cielo azul con la generosa sangre hispana A. RAMÍREZ TOME AB C EN VIENA Salón de independientes M e agradaría que tú, amigo mío, con quien ya tengo cierta confianza, ungido del sagrado carácter sacerdotal, pudieras absolverme. Necesito, que el soplo de la penitencia haga volar lejos de mí los abejorros negros que zumban en mis oídos y aletean en mi pensamiento. L o necesito, pero no me atrevo a acercarme a un señor desconocido y repetir las mismas palabras que he pronunciado hace algunas horas frente a un lienzo del caballero Alfredo W i c k e n b u r g N o estoy muy seguro de que la invitación que manchó mis labios fuera dirigida al señor de W i c k e n b u r g pudo también haber; sido pronunciada frente a una obra del ilustre Franz Zülow o del no menos glorioso Friedich Radler. L a dirección con que aquella flecha envenenada partió de mi boca es lo de menor i m portancia, y no atenúa en modo alguno l a fealdad de la falta. N o hay motivo suficiente que justifique una frase desgraciada, ni aunque las palabras surjan impulsadas por la visión inesperada de un lienzo de Franz Zülow o de Sazlo Gabor, que nos estaba acechando traidoramente en un r i n cón de sala poco peligroso en apariencia. El. salón se llama de Primavera. N o quiero suponer que se llame así en forma picaresca, alusiva al comprador único e improbable que pudo venir un día, porque soy enemigo de retruécanos y porque, a pesar de que esta Exposión de primavera continúa abierta durante todo, el verano, el comprador no llega nunca, lo mismo que le sucedía al caballero de la balada. E n el catálogo figura el precio de las obras, y algunos números están escritos con cinco cifras. E l resultado es el mismo, por