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ABC. V I E R N E S 22 D E A G O S T O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 establecer en su contorno, de un lado, extensas playas y desniveles verticales en piscina apropiados para los baños públicos en grande escala, no sólo de l a población de la futura Ciudad Universitaria, sino de todo M a d r i d -p o r ...cuyo, bienestar futuro y embellecimiento hay que velar; de qtro. em- barcaderos y ¡sitios amenos entre jardines, p ropios para navegación, fiestas acuáticas, deportes, etc. etc. M a d r i d tiene derecho a poseer todo esc porque tiene sitio adecuado para elkx Ac- tualmcnte esas tierras que h a b r í a n de inun- darse son, en gran parte, creemos, del A y u n tamiento y; del Real Patrimonio. E n ellas abunda el arbolado; pero obsérvese que a l talar esos árboles y perder l a superficie de esas tierras, en las que no hay construc ción alguna de importancia, sobre establecer una base de higiene pública cuyos efectos lleguen al conjunto de l a población, se dota a todos los terrenos colindantes, en una cintura de varios kilómetros, de un valor estético difícilmente apreciable a p r i mera vista. Se acrece la belleza de todo el sector Noroeste de la capital de E s p a ñ a en m á s del 1 0 0 por 1, y como toda l a masa de arbolado puede desplazarse por las pendientes arriba de las márgenes de ese lago, en el transcurso de muy pocos a ñ o s puede decirse que quien acometiera esa labor haría por Madrid, hermoseándolo, y cambiando su aspecto de aridez actual en un lugar donde no se sintiera l a nostalgia del mar lejano o de un gran río. Cuando actualmente nos cansamos de no ver agua en superficie suficiente nos vamos al estanque del Retiro, donde apenas si satisfacemos el ansia mejor o peor concebida, porque ese estanque se hizo para una población de 1 0 0 0 0 0 almas, y hoy nos viene demasiado chic o. Las perspectivas de la capital de E s p a ñ a cen sus dilatados horizontes y la sierra en lejanía, son ciertamente bellas; pero si a l guna cosa le falta a nuestro ambiente, netamente castellano, es precisamente el cristal reflejante de unas aguas extensas, todo lo extensas que en sus dos dimensiones de longitud y anchura puedan proporcionársenos. Si a estas razones, de un orden, puramente espiritual y estético, pero que afecta profundamente a! patrimonio de l a sociedad en su valor anímico, se unen las del orden material y salutífero, pues no hay que olvidarque, por ser el agua el cuerpo, que opone mayor resistencia al cambio de temperatura, toda gran cantidad de agua reunida actúa como reguladora de l a temperatura ambiente que le rodea, y si a ello se junta la ventaja de proporcionar los baños durante mas de tres meses, puede asegurarse que los millones que en ello se gastaran serían de los m á s remuneratorios para nuestra población. Tenemos, pues, de una parte, terrenos, mitad jardines, fronda entre arbolado y a l guna vía, que h a b r í a n de perderse en sumersión bajo las aguas; de otra parte unas obras, remoción de tierras y construcción de dique o presa. ¿Cuánto puede importar todo eso; cuadro, ocho, diez... aunque fueran 2 0 millones de pesetas... Y ¿qué significaría ello en comparación de lo que habría de ganar M a d r i d en higiene y en ornato públicos al dotarle de lo que no posee y está a punto de escapársele para siempre, si toda esa zona de terreno relatado, siguiendo el curso del río al Noroeste no se le acota expresamente para tal finalidad? E l espejo de unas aguas tranquilas, aunque corrientes, en superficie de m á s de u n kilómetro cuadrado, con dos kilómetros de longitud, reflejaría las frondas y jardines, los palacetes y construcciones de las o r i llas el movimiento de los barquitos, l a animación de los b a ñ i s t a s y endulzaría toda esa evocación de las playas marítimas, que causa l a nostalgia de cuantos, por muy d i versas razones, no podemos salir durante el r que no lian conseguido vender n i n g ú n lienzo, y los artistas... Perfectamente, artistas, no es una errata. A pesar de algún momento de fugitivo enojo, estoy muy bien educado y suelo adjetivar a las personas m á s conforme a sus deseos que a la realidad. L o s artistas, digo, g r a d ú a n de este modo sus propios méritos, y el que se considere superior a Veíázquez le basta escribir unas cifras, lo que a veces es m á s fácil que pintar unas Meninas. Frente a los cuadros- -no hay por q u é llamarlos de otro modo pues que el nombre. se deriva de su forma geométrica- -he recordado a un hombre honrado, que no alcanzó Ja gloria porque m u r i ó hace ya algún tiempo. De haber vivido en esta época es muy posible que su fama hubiera eclipsado l a de los Picassos, Foujitas y Gutiérrez. F u é un precursor, y, como todos los precursores, vivió pobre y murió olvidado. Llevaba un nombre armonioso y sonoro, que le hubiera ayudado a conquistar l a atención de las multitudes. Se llamaba Geringuique y residía obscurecido en un puebleci 11o murciano. Pintaba paredes de un hermoso color blanco- azulado, y tenía talento suficiente para injerir una azumbre de vino jumillano y recitar después todo el Tenorio, sin equivocarse en un solo verso; sin embargo, no era orgulloso y trataba a les amigos con afabilidad, sin alardear de sus merecimientos. Cuando la ocasión se le ofrecía, no desdeñaba de adornar el frontispicio de un comercio o de una posada con a l gunas bellas figuras alegóricas. T a m b i é n hacía carteles de ciego, en donde, vertía el bermellón a raudales con un gesto procer. Como el comprador no podía juzgar por sus mismos ojos el mérito de la obra adquirida, y al público se le iba explicando por medio de una caña l o que era un terrible dragón, o una inocente pareja de civiles, -no carecía de encargos y vivía resignado con su suerte. Y o he llegado a conocer algunas de sus obras maestras, y no las califico de balbuceos de un arte nuevo, sino de tan absolutamente conseguidas como las que hoy figuran en este Salón de Primavera. Es muy posible que los artistas de esta Exposición no hayan conocido la obra de Geringuique, y por eso me parecería muy aventurado calificarlos de plagiarios; pero la recuerdan tanto, que. al mirar sus cuadros me parece estar oyendo la voz gangosa del cieg- o que canturrea su romance y el g- olpecito de la c a ñ a sobre el lienzo. Ante el local donde se exponen estos cuadros se alza la Oficina Central de los F e rrocarriles A u s t r í a c o s me sospecho que el salón de artistas independientes está subvencionado por el Estado, rme es quien explota los caminos de hierro. A l salir del salón se vuelve ia cabeza, temeroso de que nos sis an aquellas figuras; se desea alejarse de ellas lo m á s rápidamente posible. Frente por frente, unos caballeros, colocados detrás de un mostrador, proporcionan los medios de hacerlo con una rapidez relativamente vertiginosa. E s muy probable que el salón de artistas independientes le proporcione a los ¡ferrocarriles austríacos sus ingresos m á s saneados. MARIANO TOMAS P R O Y E C T O E U N A TRASCENDENTAL M E JORA PARA MADRID M a d r i d carece de río caudaloso donde, durante la estación estival, pueda satisfacerse por el gran público de una población de un millón de almas la necesidad hidroi e r á p i c a a l aire libre. L a s piscinas particulares y casas de ba? 3 s- no pueden atender a la demanda, y 1 mucho menos teniendo en cuenta que esos baños han de constituir a la vez el baño de agua y sol, ahora tan recomendado por la moderna higiene. L a construcción y fomento de piscinas públicas o particulares tropieza con el grave inconveniente de lo que cuestan el terreno y el agua. E l primero porque el metro cuadrado vale en el suelo de l a capital muchas pesetas y porque el metro cúbico del agua del Lozoya o de Santillana tienen también precios que no permiten ponerlos al alcance del gran público en la cuantía debida para una continua renovación. D e modo que toda concesión de esa naturaleza m á s bien perjudica a l a higiene pública que la favorece. Hay, sin embargo, una solución, que el Ayuntamiento, entidades públicas, Corporaciones, Sociedades y aun el mismo G o bierno deben favorecer sin pararse a ponerle impedimento por el gasto de unos millones de pesetas más o menos. Se trata de la salud pública de una capital como M a drid, l a cual durante el verano, si bien es cierto que no padece sed al interior, la tiene y muy grave en cuanto signifique superficie externa. E l ambiente y clima madrileños requieren el baño al aire libre durante el estío con la misma fuerza que puede desearse la comida, y cuanto tienda a facilitar la satisfacción de esa general necesidad es salud e higiene pública, suprema razón en la que hay que inspirarse para esa clase de resoluciones, donde los cientos de miles de pesetas, n i aun los millones, no pueden oponer obstáculos ni barreras infranqueables. ¿C u á l puede ser l a solución de ese problema... E l único cauce para la solución nos lo tiene que prestar el régimen, relativamente regulado, de nuestro Manzanares, con sus 2 0 0 0 litros de agua por segundo durante el estío. Dos metros cúbicos de agua por segundo, 1 2 0 metros cúbicos por minuto, o sean 7.200 metros cúbicos por hora! es el único régimen capaz de proporcionar la cantidad proporcionada del líquido elemento para los baños públicos de una población qué hoy pasa del millón de almas y que probablemente alcanzará los dos millones al finalizar el presente siglo. Y como la solución de los grandes problemas que- afectanai progreso de las grandes poblaciones debe abarcarse con vistas al presente y al porvenir, proseguiremos haciendo notar la nec? idad del embalse grande de esas aguas en un pequeño lago que pueda renovarse con la frecuencia necesaria y proporcionada al objeto a que se destinan. De todo el curso del Manzanares por los terrenos adecentados, ya que no canalizados, durairte su contacto m á s inmediato con la población, no puede hacerse uso para este fin porque no son susceptibles de ensanche suficiente, dado lo mucho que se ha construido en sus márgenes, lo cual representa actualmente ya onerosas expropiaciones. N o queda más que el sector Noroeste de Madrid. E l río entre el puente del ferrocarril del Norte y el puente de San F e r nando. Tres kilómetros de curso sin adecentar ni constreñir a ú n Tres kilómetros de curso sin construcciones de importancia, en los que solamente alguna carretera encontraría quizá trozos que debieran desviarse a terreno m á s alto. U n a presa de unos 1 2 metros de altura, un poco aguas arriba del puente del ferrocarril, embalsaría e inundaría terrenos en superficie de más de un kilómetro cuadrado entre los expresados puentes, bajo los cuales el lecho del rio no se diferencia m á s allá de esos 1 0 ó 1 2 metros de desnivel. Ese embalse de anchura variable, que probablemente en algunos puntos llegaría a 7 0 0 metros, proporcionaría un verdadero lago de aguas constantemente renovadas, muy apropiadas para
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