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A B C. S Á B A D O 23 D E A G O S T O D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 6 ne bajo un perfume violento; es un terrero arbusto escuálido, de escurrido follaje; algunas de sus estrellas floridas, de un color rosa dubitativo, no dejarían sospechar sus flechas de perfume, acerbas y como sañudas. Dice M i r ó Estará también la vid de. Corinto, de uvas largas, lisas, de cera, sin granuja, casi desnudas, sólo cuajadas en su miel; femeninas y perfectas. U n a ba! an, za de químico paciente h a pesado. la precisión de su zumo, de su pulpa, de su color, combinando los elementos sutil. es de su forma. Fruta para los de. dos y los dientes de una señora de primorosos melindres, del siglo pasado, en la desgana de una convalecencia casi sin enfermedad. Escribe la condesa: Una alegría invasora, qué no tiene, ni color, ni voz, ni presencia, al parecer, está por todas partes amarrada en el espacio y lo llena, como un transatlántico espléndido arriba y echa el ancla en un reducido puerto, que su mole obstruye. Escribe Miró: Silencio del pinar de acústica fresca de oleaje, de crepitaciones de pinas y troncos, de vuelos cóncavos de azul con brisas enroscadas. Los procedimientos y la tendencia son idénticos en la escritora francesa y en el literato español. Un crítico ha dicho, estudiando el libro Exactitudes: La condesa de Noailles tiene la pasión de los epítetos, que suenan y brillan sobre la frase, al igual que sobre un cuerpo perfecto los brazaletes y los collares Pero si la escritora francesa ama con pasión los adjetivos, la sensación no responde siempre al deseo del artista. Diríase que la sensibilidad de esta autora es un tantico superficial, y que al escuchar el tintineo de esas. joyas de que habla el critico, brazaletes y collares, nos invade la aprensión de que pueden no ser finas. Los epítetos, en la condesa de Noailles no responden a una realidad íntima, fervorosa, profunda. L a vida que se trata de evocar no acaba de tener el sabor y el color que deseamos. Y la muchedumbre de epítetos va desfilando con indiferencia. y con cansancio del lector. L a esencia de las cosas, si aparece, alguna vez, se halla ausente muchas. Se convierte la materia artística en adherencia innecesaria, en superfluidad, y queda la impresión definitiva en nuestra sensibilidad de eso que ahora se llama barroquismo y que mañana, cuando pase la moda de lo barroco, se llamará otra cosa. E n Gabriel Miró el espectáculo que contemplamos es distinto. E l epíteto responde siempre a una sensación del autor; la realidad está allí viva, palpitante. E l plasma vital es mayor que sus adherencias. Que las adherencias existen, no conduciría a nada el negarlo. ¿S e habla de barroquismo? ¿S e quiere que en Miró haya un elemento barroco, como pretende el arquitecto del diálogo? Pase por lo de barroco. Como en Medicina hay tiempos en que todo responde a una etiología preconcebida, en estética todo se pli. ega, en ciertas épocas, a una teoría determinada. Aceptémosla para comodidad de la dialéctica. Pero en el caso de Miró, más propio sería hablar de inexperiencia o de ineficacia parcial de la técnica. Inexperiencia o ineficacia que. siendo Miró un gran escritor, tiene su raíz en un hecho fundamental, que examinaremos en un artículo aparte. AZORIN teres, han manifestado deseos de dirigirse a los nacionalistas catalanes, para que, en su calidad de técnicos en el arte o industria de crear naciones, les instruyan a fin de conseguir cuanto antes, pues el tiempo apremia, la libertad de su esclavizada región. M u y bien pensado. Pero mucho tiento en la elección de profesores. S i echan por la izquierda, es decir, si se inclinan hacia un nacionalismo bronco, inflexible y liberal, están perdidos. Y o les aconsejo que deriven hacia la derecha, desentendiéndose de esencias l i berales, de problemas sociales y de democracias plebeyas, y hagan compatibles sus aspiraciones desintegradoras o de rancho aparte con un cínico oportunismo que les permita laborar en Valencia contra la integridad de la Patria, y en M a d r i d ser m i nistros del Rey, con los consiguientes beneficios y adehalas para los más destacados de la camarilla separatista. Sin perjuicio de las instrucciones que los nacionalistas valencianos puedan recibir de los catalanistas, como más expertos, me permitiré darle otros consejos para el lapido y completo éxito de su incipiente actuación particularista: bien que sin otro título que el de haber vivido muy de cerca el llamado problema catalán. Ateniéndonos a lo ocurrido con Cataluña, lo primero que deben hacer los valencianistas, luego de haber tomado posiciones derechistas, es emprender tina campaña de difamación contra España, declarándola enemiga de los valencianos y de la región levantina. Amontonando calumnias y falsificando la Historia, como se ha hecho en Cataluña, acabarán por hacer sentir en muchos nobles pechos valencianos, pero fácilmente suges- tionables, un inmotivado odio a la nación española. Paralelamente a esta campaña de descrédito y concitadora de rencores, emprenderán otra que halague la vanidad comarcana de los valencianos, atribuyendo a éstos y a su bella tierra lo único bueno, capacitado, digno y honorable que hay en E s p a ñ a P o r exageración más o menos chovinista, no se detengan. Y o les aseguro que da buenos resultados entre la masa anónima, que no tiene de qué enorgullecerse. Deben también descubrir el hecho d i ferencial Esto es de gran lujo; pero no importa: ya se saldrán con la suya, interpretando a su placer la H i s t o r i a y con un poco de buena voluntad. A l mismo tiempo h a r á n una revisión de la lengua valenciana. L a e x p u r g a r á n de toda concomitancia con la castellana. P a r a esto les recomiendo que, a ejemplo de lo hecho en Cataluña, pasen a saco el Diccionario francés. A s í adquirirán un idioma nuevo y de paso se familiariza- r á n con la lengua de Moliere. Y o l a he aprendido leyendo los periódicos catalanistas. Cuanto al Clero, procuren no indisponerse con él. Como no le molesten, le hallarán a su lado, y yo les garantizo, a juzgar por lo que ocurre en Cataluña y lo que ocur r i ó en las guerras separatistas de P o r t u gal y Cataluña en tiempos de Felipe I V que tendrán en él, en el Clero, el m á s decidido y valioso colaborador. ¡Como que durante la Dictadura, cuando todos callaban y obedecían, el Clero f u é- e l único elemento catalanista que j a m á s dejó de actuar ¡De lo fundamental pasemos a lo accesorio. Todo nacionalismo necesita de mucha quincallería o chirimbolos, como diría don Juan Valera, patrióticos. E n consecuencia; ios valencianistas no podrán prescindir de confeccionar lacitos, banderitas, sellos, medallas y hasta corbatas con los colores de l a bandera regional, y de hacer gran ostentación de todas estas baratijas. E s pueril, pero; eficaz. Si además de esto dan en la flor de encontrar un himno nacionalista, un árbol sagrado como el P i de las tres brancas o el Guernicaco y un baile, sagrado también, tendrán la mitad del camino hecho. Deben asimismo cultivar el alboroto, el trastorno público. H a y momentos que es preciso echar mano del ruido y de una actuación violenta, de parte de la anarquía blanca. Esto tiene sus peligros, y el mayor de toaos es que intente aprovecharse del desorden la anarquía roja. Pero no teman: en tal caso se acude a Capitanía general a pedir auxilio, y ahí están los soldaditos de E s p a ña para someter a los revoltosos intrusos. Con poner en práctica cuanto llevo dicho, queda armado el tinglado para las primeras embestidas. Las segundas, las eficaces, vendrán con el asalto de Ayuntamientos y D i p u taciones. Apoderados de estos organismos podrán los valencianistas colocar a sus m á s decididos correligionarios, o séase crear i n tereses, y dispondrán del dinero del prójimo para incrementar la campaña nacionalista proscribiendo el idioma castellano de las escuelas y demás Centros culturales. Claro está que todo eso exige una gran perseverancia y enorme esfuerzo de voluntad; pero después todo son dichas. N o es posible recoger sin sembrar. E n C a t a l u ñ a! a cosecha ha sido opima en el sector nacionalista. Gracias al nacionalismo han salido a la luz muchos que por su insignificancia estaban condenados a eterna obscuridad; otros se han encaramado a los primeros puestos de la n a c i ó n varios se han hecho millonarios; insignes mediocridades gozan de inmerecido prestigio intelectual; abogados, ayer sin pleitos, tienen ingresos insospechados, y otros, abogados o no, desempeñan cargos reproductivos: gerencias, presidencias, secretarías, etc. de grandes E m presas. N o les tengan miedo los valencianistas a los estridores. A l contrario: gritando amedrentarán a los gobernantes, y éstos les darán cuanto pidan, y no han de faltarles i n telectuales de la meseta que, por jugar a l a revolución, reconozcan la existencia de la nacionalidad valenciana. L o único que no deben hacer los valencianistas es declararse francamente separatistas. Esto sería una torpeza, que los inhabilitaría para gobernar y cotizar influencias. L a conducta que deben seguir es la del equilibrio, la del trampolín, la de encender una vela a Dios y otra al diablo; aquella conducta que en M a d r i d o donde sea les deje las manos libres para firmar la n ó m i na y en Valencia asestar a E s p a ñ a la m á s traicionera de, las puñaladas traperas. ADOLFO MARSILLAQH. SOL Neurastenia, BALNEARIO Y AGUAS DE e s t ó m a g o intestinos Gran hotel. Esmerado servicio de meriendas. CONSEJOS DESINTERESADOS FVa corriéndose el movimiento de exaltación comarcana. U n grupo de valencianos se ha organizado políticamente para establecer la nacionalidad de la hermosa tierra levantina. Neófitos en esta clase de menes- El público debe leer diariamente nuestra sección de anuncios por palabras clasificados en secciones. En ellos encontrará constantemente asuntos que pueden interesarle. Praneiscp Alyarez. Cqnstantinaj
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