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NUMERO EXTRAOR D I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOt 4 g g SEXTO. BC MAR IA N O prodigioso toro de l a estocada de la tarde Mientras arriba D Mariano, que está al llegar, la mirada descubre las obras de arte que aparecen desdibujadas entre las sombras de la habitación, que son momentos del pasado de Benlliure. Allí están sus lien- NUMERO EXTRAORDINARIO 20 C E N T S AÑO VIGES 1 MO- SEXTO. w ya EL DÍA DE... DON BE N L L I U R E zos de asuntos taurinos, sus famosas bailadoras, un cuadro dedicado por Sorolla, un retrato de Lucrecia Arana, firmado por Benedíto... E n la habitación existe denso perfume de nardos, y por todas partes hay búcaros, cristales tallados, cacharros de loza y pucheritos de cobre cargados de flores del día. Se oye a lo lejos apagadas pisadas... Todo esto nos regala algo de la intimidad que venimos buscando. U n lulú b l a n c o aparece, y nos saluda silenciosamente; momentos después irrumpe en el salón un griffón lanudo y despeinado, y luego, en la puerta que da al jardín, se r e c o r t a l a grotesca figura de un perrillo basset, largo e inmóvil, con las manitas dobladas hacia atrás, como un juguete de madera. Don Mariano aparece, al fin, j u v e n i l sano de color, sus medias p a t i l l a s rizadas- -que aún juegan juv e n i l m e n t e con los años- -y el blanco bigote alborotado. Este rostro r e t o z ó n que tiene estilo y gracia personal, p o r q u e siempre fué así, rebelde a ¡la moda y l i bre de afectación, estos últimos años está, a d e m á s nimbado de nobleza. Don M a riano Benlliure aparece amable, sin untuosidad, despreocupado sin alarde, y se nos antoja, al tendernos ia mano, que llega hasta nosotros como cargado de recuerdos. Cuando le preguntamos por la distribución de sus tareas diarias, sonríe y nos guía ai jardín, -que está lleno de sol. Entre los altos setos se extienden los paseos de baldosines blancos y figuras de mármol recortadas por el propio artista, que reproducen d i v e r s o s ESDE hace tres años D Mariano Benlliure viene modelando, al comienzo de la temporada taurina de San Sebastián, dos pequeños toros de bronce: uno, el toro de oro, destinado por la Empresa de la plaza donostiarra para premiar al ganadero que p r e s e n t e el animal m á s b r a v o y otro, para ser rifado entre los espectadores en la corrida del concurso de ganaderías. E l toro de oro acaba de salir de la fundición. L o descubrimos sobre un pedestal una de las pasadas tardes caliginosas en que aguardábamos a D. Mariano, hundidos en a m p l i o sillón de terciopelo y refugiados contra la llamarada de sol que inundaba el jardín, en aquella grata penumbra del despacho de Benlliure, viendo bailar un polvillo brillante entre los rayos del sol que se filtraban a través de las cerradas persianas. Se t i t u l a Arrancándose. E s u n a escultura d o r a d a a fuego, que h i e r e l a retina, como el espectáculo vivo de la plaza. E l toro, alargado, nervioso, con el testuz ligeramente humillado, alta la mirada, se arranca desde lejos. No existe un movimiento desarrollado en la maravillosa figura que comience la acción que el toro va a iniciar, y, no obstante, el animal aparece entregado ya a ese impulso instintivo de la acometida que Benlliure ha atrapado ins- t a n t á n e a m e n t e y ha convertido en bronce. Es el toro más maravilloso de cuantos ha esculpido D. M a r i a no, entregado ¿urante toda su vida a la afición de este modelo, que ha reproducido en c i e n interpretaciones distintas: el toro difi- D
 // Cambio Nodo4-Sevilla