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T DON MARIANO ALMUERZA EN E L JARDÍN, nueve. D e s a y u n o y leo. Cruza por entre los macizos, y se detiene frente a un busto de bronce. -Leo; aquí- -dice- a la sombra de este pequeño pedestal. Un sillón de mimbre, un periódico y a mi alrededor estos pequeños animalitos que me siguen a todas partes. Un momento diario de paz matinal... E l busto de bronce es de Lucrecia Arana. Contemplamos absortos, y conmovidos por el pagado, el gesto de gran dama, la figura s e ñ o r i l que. modeló Benlliure, quien dedica apagadas y- sencillas palabras a aquella voluntad desaparecida, de la que aún parece quedar jirones, como de niebla, prendidos entre; las ramas de los árboles y brillando entre las ñores de los macizos. ACOMPAÑADO D E SUS PERRILLOS- -Era- -dice, simplemente; -muy inteligente para crear este ambiente de paz y de descanso, Pasamos en silencio al estudio. ¡Estoy metida en tantas cosáis! -nos dice. Allí están los encargos, los grandes trabajos del maestro. E l monumento a Machado, el busto de Bolívar que España regala a Panamá, ya terminado; el bello proyecto de. fuente para V i llaviciosa, con una graciosa figura de mujer que huele a pomarada; bustos en escayola de españoles de hoy: Romanones, Vega Inclán, Marañón, Primo de Rivera; en el centro el grupo ecuestre destinado a ía Academia de Caballería, próximo a entregarse, con admirables estudios de caballos; el mausoleo para la familia Falla Bonet, sin olvidar la estatua a D. Torcuato Luca de Tena, ya. en fundición, y un bellísimo paso, destinado a las procesiones de Zamora, que prometió entregar el escultor- cuando tenía dieciséis años; desde entonces han transcurrido cincuenta y dos. -E l Museo de Arte Moderno me lleva mucho tiempo- -nos dice después- Le dedico gran parte de la mañana. H e convertido un patio abandonado y sucio en el mejor salón que hoy existe en el edificio. L a tarea de colocación de cuadros es trabajosa, y. además los autores nunca están contentos. No me hacen objeto de sus iras, pero yo noto que no se quedan nunca contentos. Esto me produce disgustos, que a nadie comunico. A la hora de comer EL TORO DE ORO QUE SERA RIFADO E N TRE LOS ESPECTADORES D E LA CORRIDA DEL CONCURSO D E GANADERÍAS D E SAN SEBASTIAN tacla aparece una orla de cerámica valenciana, de gruesas y coloreadas frutas, que colocó el propio Benlliure un día, ya lejano. Más alia está la graciosa, fuente de los niños- -estos niños que parecen de carne tibia y que nunca dejaron de modelar las manos del artista- en un macizo, una estatua ecuestre; al fondo, el estudio, donde se vislumbran, a través de los ventanales, docenas de figuras de escayola... -Vea usted- -nos dice- Trabajo, trabajo; todo el día trabajo. No hago otra cosa más que trabajar. Con sus pantalones abotonados sobre la pantorrilla, en forma de calzón de montar- -D Mariano Benlliure tiene un gesto suyo, un traje suyo, un rostro suyo, un jardín suyo- cruza por los paseos de su parque un poco inclinado hacia adelante. Hemos venido a importunarle, y esta interviú es para él un trabajo más. Esto nos cohibe, y seguimos silenciosos al maestro. Benlliure habla llanamente: -No soy madrugador. Me levanto a las DESPACHA Y FIRMA CON LÁ MECANÓGRAFA IHIHHHliffli
 // Cambio Nodo4-Sevilla