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TTN M A G N Í F I C O PORCHE MALLORQUÍN. (FOTO ARX. IV MAS cuya- torre fortificada sabe de grandes luchas, de arriesgadas defensas, porque fué sagrario en tiempo de la morisma. Andraitx tiene una leyenda interesante: Casi todos los muchachos, al cumplir los quince años, embarcan para América hasta la fecha en que deben ser soldados. Para entonces regresan, cumplen sus deberes militares y vuelven a embarcar en busca de la fortuna. Algunos, temiendo perder la novia que dejaron, contraen matrimonio a distancia. Y los que se fueron casados, cuando consiguen reunirse de nuevo con sus mujeres, enloquecen de alegría, porque encuentran el regalo de un hijo bastante crecido, a quien no han visto jamás. E l viaje resulta magnífico. Todos admiramos sus encantos, sin decirnos una sola palabra. De vez en cuando comprendemos que estamos de acuerdo, con la mirada. A l llegar a la plaza del pueblo buscamos un poquito de sombra para librarnos del sol que nos abrasa, y después, con los ojos fijos en el horizonte, caminamos lentamente... Hacia Estallens. Unos minutos de carretera para internarnos en un bosque lleno de pinos, algarrobos y olivos. E l camino es malísimo. Vamos muy despacio, porque el paso del autocar se hace casi imposible al saltar entre la maleza y los pedruscos. L a madre Natura se muestra pródiga, vaciando en este lugar pintoresco sus tesoros. A derecha e izquierda dos enormes montañas se yerguen amenazadoras, como sombríos centinelas del paisaje, separándose del sendero por medio de profundos precipicios, a los que iríamos a parar en el menor descuido. E l chófer se ve obligado a hacer difíciles virajes para continuar la marcha, interrumpida por un rebaño de cabras, que corren y trepan ligeramente por los gruesos troncos de los pinos. Son las cuatro y media. E l calor se va naciendo cada vez más sofocante. Y tras de u i i penosísimo esfuerzo llegamos sin novedad al conocido mirador de Ricardo Roca, construido por el Fomento del Turismo para perpetuar la memoria del que fué su mas activo presidente. Bajo un breve tejado, que proporciona sombra y descanso a los turistas, descubrimos un pozó con agua fresca. Todos bebemos por su cubo, completamente sedientos, para pasar después a la espléndida atalaya, desde donde puede contemplarse, cómodamente, la ruta gloriosa de los conquistadores. A 3o lejos, una breve embarcación, con la pincelada blanca de sus velas, dibuja rápidamente sobre el mar un gracioso movimiento de gaviota. Volvemos al autocar para ver, a un kilómetro de distancia, en la falda de la montaña, perdido entre pinos y olivares, el pe- queño pueblo de Estallens. Arboles cortados, haces de leña, un carro típico, que arrastran perezosamente dos muías cansinas... Y sin detenernos, seguimos por la misma ruta- Hacia Bañalbufar. E l sol esconde sus últimos fulgores, que se miran en el espejo azul del mar, anunciándonos la huida de la tarde. Con ella va desapareciendo también el calor, y una brisa fresca y agradable nos besa las mejillas Carretera adelante, como siempre; llega- mos a la fuente de la Menta. A las tres señoras americanas se las antoja beber agua allí, porque tiene una historia graciosísima. En este lugar el trust hotelero quiere construir un hermoso hotel, con todas las comodidades modernas, pero hasta ahora no pasa de ser un magnífico proyecto. Más adelante volvemos a detenernos, para subir al mirador del Archiduque de Austria. Le llaman así porque este personaje acudía a él diariamente para contemplar desde una de las ventanas que tiene la parte superior todos sus dominios. Es una torre alta y estrecha, que levantaron los moros para advertir a sus jefes, con señales luminosas, la llegada del enemigo por el Mediterráneo. Estamos cerca de Bañalbufar. Unas filas interminables de bancales con plantaciones de tomates suben hasta la cumbre de la montaña. Muchos depósitos, donde conservan el agua que han de regarlas durante el verano. Muchas parra cargadas de racimos. Dé vez en cuando, un campesino hunde afanosamente su azada brillante en la tierra, fecunda y milagrosa. Todo va quedando atrás para perderse en brazos de la distancia. L o mismo Esporlas, Climens... A las seis en punto de la tarde. después de haber hecho un recorrido de ochenta k i lómetros, entramos triunfalmente en Palma. Se detiene de nuevo el autocar en el paseo del Borne, a la puerta de las oficinas del Fomento del Turismo, donde el secretario nos recibe con una sonrisa agradable. Y nos despedimos hasta el día siguiente, en que debemos vifitar la Catedral, una de las joyas arquitectónicas más bellas de España. MARIO A R N O L D
 // Cambio Nodo4-Sevilla