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B R E V I A R I O HISTÓRICO LA MAÑANA DE VILLALAR 1 Q U E L L O S desmanes de los familiares flamencos que Carlos I introdujo en el Gobierno de España, y muy a despecho de los naturales y el necio orgullo de la nobleza, que siempre tuvo en poco al pueblo, trajo al libro de nuestra historia esta memorable página, en la que está escrito el balance desastroso de las seculares libertades de Castilla, nunca tan desmedidas y altaneras como los fueros cíe Aragón, los usajes de Cataluña y los p r i vilegios de N a v a r r a C o m o responso a tal mal suceso, que antes fué en esta manera por falta de buen gobierno que por escasez de valor, quiero traer a. cuento aquella mañana triste en la que se perdió todo menos la h i dalguía y el arrojo castellanos, mantenidos por sólo tres caballeros, y a que a los demás venciérales el miedo o la traición antes que el filo de las armas imperiales. Queden libres de este vergonzoso sambenito el obispo Acuña y D Pedro Maldonado y Pimentel, que también más adelante hubieron de pagar con sus vidas el amor a l a Patria y a los derechos del pueblo. Brumosa y fría alboreó la mañana del 23 de abril de 1521 en los campos de Torrelobatón. N o parecía tiempo de primavera, sino de las postrimerías del otoño, cuando y a el invierno está pidiendo l i cencia para entrar. Trompetas y atambores rompieron la tristeza del ambiente; eran las fuerzas mandadas por D Juan de Padilla, que con las banderas desplegadas emprendían la marcha hacia T o r o Llovía con esa tenacidad persistente y menuda que los labriegos de Castilla y León llaman calabobos el suelo enfangábase de tal níanera, que embarazaba mucho el paso de las fuerzas. N o tardaron los imperiales en saber ei avance de los comuneros y poniendo en orden l o s 2.400 jinetes de que disponían, entre los que iba la flor de l a nobleza castellana, salieron al encuentro de los bravos rebeldes. Cerca de V i l l a l a r divisáronse los dos bandos. L a gente comunera, incomodada por la lluvia, iba un poco suelta y desmandada. L a misma molestia qué sufría hacíale i r de mal t a lante y, a decir verdad, con poco respeto de sus jefes, tanto, que al caudillo toledano húbole de costar no poco trabajo poner sus huestes en trance de pelea. L a s tropas del Emperador aprovecháronse de tal desconcierto, y destacando algunos corredores, que hicieron unos cuantos disparos de artillería ligera, pusieron en franca huida los que otras veces supieron portarse con harto arrojo y admirable serenidad. L o s cañones de los comuneros quedábanse atascados en los lodazales, y no parece que los soldados ponían mucho empeño en salvarles. Sobre el descontento que ya tenían, entróles u n pánico tan vergonzoso, que muchos sé arrancaban las cruces rojas que llevaban como enseña de su bandería y las trocaban por las blancas de los imperiales para poder ocultarse en sus filas. Padilla, que viera tanta pobreza de espíritu, desesperado por no poder contenerles, exclamó: N o permita Dios que digan las mujeres de Toledo y Valladoiid que traje sus hijos y sus maridos a l a matanza y que yo me salvé huyendo. A CARLOS I, RETRATO POR PANTOJA (F O T O RTJIZ V E R I í A C C l) Picó espueüas, y seguido no más que de cinco escuderos de su casa, al grito de S a n tiago y libertad 1 arremetió y se abrió paso por medio de u n escuadrón de lanceros enemigos, que a la voz de ¡Santa María y Carlos recibiéronles con tal saña y brío, que dejáronles muy a punto de fenecer. A ú n tuvo Padilla alientos para volver su terrible lanza contra los imperiales y derribar de u n furibundo bote a D Pedro de Bazán, señor de Valbuerna, hasta que el invicto caudillo cayó por la fuerza de u n mandoble de D Alonso de la Cueva, a quien se dio preso, entregándole. la manopla y la espada. Entonces un mal caballero de T o r o llamado Juan de Ulloa; sabiendo quién era el vencido, tuvo la avilantez de cruzarle el rostro de una cuchillada. Cobarde, desmán, que hubieron de afearle sus mismos camaran LOS DE COMUNEROS CASTILLA ESCRIBEN 1520) A D C A R L O S S O B R E L A SITUACIÓN (AÑO
 // Cambio Nodo4-Sevilla