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NOTAS la playa familiar y aristocrática de Zarauz. con menos licencia que en otras playas a la moda, también las callecitas- -las típicas callecitas vascas- -de Zarauz se ven invadidas desde bien temprano por la nota multicolor de rusos y albornoces, en los que se arrebujan los bañistas que van a la playa. Por usual que sea esta costumbre, la impresión resulla todavía un tanto carnavalesca. De un efecto parecido al de un asalto de baile de máscara. E n realidad, nada tan semejante a una alegre carnavalada como el espectácu o de las playas a la hora del bafio. U n Carnaval saludable y optimista, sin lunas románticas ni serenatas, y en el que la parte caricaturesca, no escasa por cierto, queda a cargo del elemento masculiUNQUE DEL NORTE A CAMINO M AZPEITIA no y de la humanidad femenina poco favorecida por la Naturaleza, mientras que el éxito se reparte, como en el otro Carnaval, entre las bellas mujeres y el encanto de los niños. Segrín el paisaje en que actúan, así estos Carnavales playeros ofrecen a p a r i e n c i a s visuales más o menos caprichosas y fantá? ticas. En las pí a y asangostas, hundidas en el nozo de los acantilados, la v i s i ó n del grupo de bañistas agi- tándose sobre el ber- vor de las olas adquiere un matiz demoníaco, una sugestión de cuadro de ánimas. E n Aflicante la multitud bañística, braceando entre los canales de unosi balnearios lacustres, ofrece al espectador una ilusión de estampa t r o p i c a l y oceánica. En la misma playa de Zarauz. dé- ctírada con un fondo de castillos almenados y tiendas de campaña, el nomadismo playero de los blancos albornoces lejanos fantasea ia escena con asomos de cuadro morisco y sensación de rapto y piratería. Realmente, a lo largo de la anchurosa playa de Zarauz se alinean varios aspectos de su amplia sociedad veraniega. L a colonia burguesa, numerosa y desenvuelta, se apiña en el primer trozo de la playa. L a clientela de algunos hoteles emplazados ante el mar actúa seguidamente de término de transición al fin, y prolongándose hasta su extremo, una serie de villas suntuosas y blasonadas delata el rango aristocrático del Zarauz estival. CASERÍO (FOTO WILLIAM)
 // Cambio Nodo4-Sevilla