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Playa de p ú b l i c o estable y escogido, no la inquieta la multitud volandera y t r a s h u mante de San Sebastián, ni la indefinible mezcolanza de las playas francesas. Selecta, discreta, comedida y blanca, los gemelos aguardarán en vano el número de la bañista sensacional y el de la pareja despreocupada. Nada empaña su tono rosa de playa familiar ni disputa el dominio playero a la honesta dictadura- -dulce plaga- -de las muchachitas de la colonia. Y nuestras este público amable y juvenil hierve sobre ht arena como otra espuma, bajo los toldos fraternizan como en casi todos los veraneos c a n t á b r i c o s varias regiones españolas. OANTZAKITXIQU 1 S E N X A I LAZA D E ZARAUZ Pero si la mañana es para el mar alegre convierten los alrededores de Zarauz en un y la playa dorada, por la tarde triunfa el parque señorial y refinado. Siluetas de casZarauz campesino con su verdor de Arcatillo, paredes de hiedra, arboledas otoñales, dia perenne y su placidez de égloga del Norestanques dormidos, fuentes rusiñolescas, y te; con sus idílicas carreteras olorosas a alquitrán y a tierra mojada y sus patriar- en la luz y en el aire un hechizo de quietud, de dulzura y de melancolía... U n cuadro un cales caseríos. Por otra parte las bellas repoco francés- -a lo Bourget- de novela sidencias estivales- -palacios del Infantado, Granada, Cortina, San Luis y tantos otros- -aristocrática, Un; noble paisaje, un tanto anticuado, de elegancia romántica... A l anochecer, tras de crepúsculos maravillosos, cuya lámpara va apagándose en el huraño nocturno de la playa, la algarabía e d la plaza del pueblo y el tránsito estruendoso de la calle larga y comercial de Z a r a u z rompen c o n brusco contraste la placidez de la jornada de l a tarde. E l camino de Guetaria, la carretera de Loyola vierten el chorro estridente de los autos que regresan a San Sebastián. Toca la música en el quiosco, se espesa el tipismo vasco del público de la plaza, b a i l a l a Juventud, se desata un tanto la incoherencia de las conversaciones veraniegas, los c a f é s de la plaza hacen su agosto. E l campo de golf, el tennis y el tiro de pichón entretienen sin grandes alardes los ocios del grupo aristocrático, mejor avenido realmente- -dentro de la tónica tranquila del veraneo de 5 íarauz- -con la apaeibilidad de sus retiros que con los sensacionalismos del deporte, el bullicio de los palaces y las delicias del jazz. RAFAEL V I L L A S E C A PANORAMA E; Z A S Á t a D E S D E L A CA ETEKA D É GÜETARlA. (FOTO W Í Í L I A M)
 // Cambio Nodo4-Sevilla