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Cuentos extranjeros de humor. A PROPOSITO DE LOS BEBES o les quepa a ustedes ninguna duda: sistir, y ya verán ustedes c ó m o a la postre soy un técnico en bebés... Ante todo, todo el mundo- queda convencido. porque yo mismo he sido bebé. LleEs difícil concebir para un soltero una vaba entonces unos vestidos muy ceremonia m á s espantosa que la presentalargos, unos vestidos que me molestaban mución del bebé. Usted está sentado en el sacho porque no me dejaban dar pataditas. lón Llama la nodriza. Es la señal que esHe ahí un enigma que nunca he podido reperaban las damas presentes para empezar solver. ¿Por qué se recubre a los bebes de a hablar de los niños. tanta tela inútil? Se lo pregunté un día a Acaso tenga usted todavía tiempo de preuna nodriza y me contestó: textar una cita urgente para desaparecer... -E n efecto, así es. Estas criaturitas llePero dése mucha prisa, pues si se abre la van unos vestidos largos... puerta de la habitación está usted perdido. He ahí, en efecto, a una mujer grande, Y como le hiciera observar que su resgruesa y severa que lleva majestuosamente puesta no me explicaba nada, añadió muy una especie de almohada. Adivina usted en quejumbrosa: seguida que aquel fardo blanco es el bebé. ¡O h caballero... Supongo que no queSe levanta usted con diligencia. Las murría usted ver a las criaturitas con faldas jeres; cesan de hablar. Se apartan para que cortas pueda usted pasar... Pasa usted poniendo Pero, en todo caso, yo creo que sería m á s la misma cara que si se dirigiera usted al práctico que se adoptaran dos uniformes dibanquillo de los acusados. Y contempla usferentes que permitieran distinguir a los ted solemnemente al niño. niños de las niñas. Pues la cosa es muy complicada. N i los cabellos, ni ¡os pañales, ni las Reina un silencio. Todas las mujeres esconversaciones le permiten a usted adivinar tán esperando su primera palabra. Usted el sexo. L a fatalidad se empeña, al parecer, trata de decir algo... L a desesperación se en que usted se equivoque siempre, lo cual apodera de usted y su mal genio le sugiere le hace a usted pasar por un perfecto imbélas observaciones m á s estúpidas que puede cil a los ojos del padre y de la madre, esun hombre articular... Se queda usted micandalizados. rando a sus vecinas con una sonrisa necia- y, finalmente, dice: La mejor cosa para evitar el él o la ella es tratar al ejemplar que se os pre- No tiene mucho pelo, eh? senta como un angelito Digan ustedes: Nadie contesta. A! cabo de un rato la no ¡Oh, qué hermoso angelito! y no se comdriza replica gravemente: prometerán ustedes, porque los ángeles no- -Los niños de cinco semanas no tienen, tienen sexo, y no rozará usted el amor progeneralmente, los cabellos largos, señor. pio de los padres. L a palabra angelito debe Nuevo silencio. Se os da una nueva ocair precedida dé una risita haciendo glusión de ser ingenioso. Entonces preguntáis glu y seguida de una sonrisa boba. Y no si andan los niños de esa edad y con qué se olviden ustedes de añadir que el bebé tiene les alimenta. L a nodriza quiere prolongar la nariz de su padre. E l interesado empehasta el final el suplicio. Y como una sazará entonces a bromear y a protestar con cerdotisa que ejecuta un rito misterioso, os palabras como éstas: tiende el paquete y os dice: -i O h ¡Q u é gracioso! ¿Cómo es po- -T ó m e l e en sus brazos, señor. sible? No ofrecéis ninguna resistencia. Alargáis Ustedes entonces deberán obstinarse e inlos brazos para recibir el bulto y no sabéis N qué hacer con él. Sin embargo... es preciso hacer algo. Tratáis de mecer al niño. L a nodriza os observa con desdén. Y el niño, que hasta ahora os había mirado con una mezcla de horror y de disgusto, se pone a gritar como un poseído. Inmediatamente la nodriza os lo arrebata e, inclinándose sobre el bebé, exclama: -JBrrr, titititi... ¿Q u é le ha hecho usted, señor? Brrr... Gugugurniam... Triii. Ea, ea, ¿P e r o qué le ha ocurrido de repente? -preguntáis vosotros con la mayor inocencia. -i Oh! Seguramente le ha hecho usted mal- -responde la mamá con un tono agridulce. Las otras damas protestan. Piensan, seguramente, que le ha pinchado usted con un alfiler. en el delicioso traserito... Por fin el niño se calma y continuaría silencioso si uno de los testigos de la escena no tuviera la mala inspiración de indicaros con un dedo y preguntar al mismo tiempo: -Oye, nene, ¿quién es este señor? Y el niño os reconoce y empieza de nuevo a gritar, a llorar y a patalear con más fuer za que antes. Entonces una vieja dama observa sentenciosamente -Es raro; hay personas que siempre desagradan a los niños. Y otra visitante encarece así la observación -Tienen un instinto especial. -Y a lo creo; conocen muy bien- -añade una tercera. Y todo el mundo os lanza miradas furtivas, porque les parecéis a todos un señor dudoso, cuya ficha judicial debe estar muy cargada de fechas y delitos... JR M EO E (IMbujo de Regidor. K. JEROME