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A B C. M A R T E S 26 D E A G O S T O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 las máquinas, el rejuvenecimiento y la curación total de ciertas dolencias r? o saldrán del dominio de las ilusiones. Y o no he conocido a nadie que se haya curado en un balneario, pero sé de muchos que, no solamente se aliviaron, sino que adquirieron una cierta posibilidad de saltarse impunemente a la torera, de cuando en cuando, el régimen a que estaban sometidos. ¿N o es bastante? E l dispéptico que puede comer de tarde en tarde langosta a la americana y el diabético que puede entrar cada mes en una confitería, satisfaciendo sus deseos, no olvidan, si son prudentes, que esas extralimitaciones y otras les estarían severamente prohibidas si no hubieran pasado antes tres semanas bebiendo agua caliente con sales b i carbonatadas y magnésicas. E s todo lo que se puede pedir. Hubo un tiempo en el que yo creía que las aguas curan; pero las confidencias de algunos enfermos me han devuelto el sentido de lo real. -Y o vengo aquí- -me decía en Chatel Guyon una interesante dama- -desde hace ocho años... -Pero, ¿c ó m o? Y no se ha curado usted... E l l a me. miró con burlona extrañeza. ¿P e r o de qué árbol se ha caído este señ o r? debió pensar. Luego me dijo en un tono que participaba de la tristeza y de la i r a -A q u í se viene de por vida... E n Neris- les- Bains escuché análogas confidencias. E s una estación termal para nerviosos, en la que un hombre que lo esté moderadamente se divierte mucho. L a mayoría de l a clientela es femenina. L a mujer, que, sin adolecer de nada, nos es ya casi siempre simpática, adquiere en cuanto se trastorna ALVARO A L C A L Á GALIANO de los nervios, lo cual es bastante frecuente, un atractivo especial. A l salir de la cordura habitual entra en la incoherencia razonada, AGUAS TERMALES y entonces nos parece más inteligente. H a y que partir, ni que decir tiene, de una situaTiempo perdido y hasta el ción de independencia que no nos obligue a año próximo ser su paño de lágrimas, pues en cuanto la sangre o la L e y nos someten a su servidumE n esta época del año millares de personas abandonan temporalmente sus hogares bre, una mujer de nervios indisciplinados nos plantea varias veces a l d í a este pavoroso para reparar en las estaciones balnearias los dilema: soportarla o arrojarnos por el baldeterioros de su salud. Casi todo el que tiene seguro lo necesario y lo superfluo ado- cón. E n esas circunstancias son absurdas lece de algún achaque. Excluyo, natural- hasta la puerilidad, y, como lo primero que mente, a la mocedad, que no ha descubierto pone todo enfermo al desnudo es su egoísa ú n la geografía visceral. E n cuanto el hom- mo, es imposible aguantarla sin la ayuda providencial. bre o la mujer hacen ese descubrimiento emE n un hotel de Neris dormía pared piezan a descaecer. M e duele aquí declpor medio de mi cuarto un matrimonio ines, contestando al cuestionario médico y poniendo la mano en un sitio del cuerpo. al que no he conseguido olvidar todavía. E l S í contesta el doctor, luego de auscul- era un señor como de sesenta años, de aparente buena salud, con tipo y traza extetarnos, y nombra el órgano claudicante, que rior de rentista sin preocupaciones. E l l a unas veces es el estómago, otras el hígado, pero más a menudo el intestino. Y qué podría tener unos cuarenta años. Y o los leí aguas debo tomar... preguntamos, des- al través de sus afeites en su rostro, como lee un arqueólogo una inscripción en una plazando un poco de la fe religiosa en favor piedra milenaria. de! método hídrico. E l diálogo nocturno era siempre é s t e E l médico sonríe. S i es muy inteligente, -Mauricio, ¿d u e r m e s fía más eti un régimen qué en las aguas; -Sí... pero, como advierte nuestra afición a lo des- ¿Y por qué duermes? Y o no puedo... conocido, acaba por facturarnos para un- -Tranquilízate, cierra los ojos y no pienbalneario cualquiera. E n E s p a ñ a los tenemos ses en nada... -contestaba el marido. excelentes por su riqueza en elementos m i Se restablecía el silencio v. al cabo de una nerales. Preferir V i c h y a Cestona o M a r- hora, la dama lo reanudaba en estos térmotejo estando enfermos del hígado, -es gana iic cambiar pesetas en francos. Los reumá- minos: ¡Mauricio i ticos que van a Plombiéres teniendo en su- ¿Qué... país Lcdesma, Caldas de Montbuy y Arche 51o sientes nada... ¡es por mero prurito de franquear su urresoondencia con la familia y los amigos cnr. sellos que llevan la efigie de la República. De aguas estamos tan bien como de vinos. AGUAS CABREIROA Pero curan las aguas? preguntará el Cálculos hepáticos y nefríticos, estomago, lector con ese ansia de certidumbre que tanartritismo, gota. to nos conmueve en el que sufre. ¡C u r a r! GRAN HOTEL en el Balneario. Abierto de Curar! Mientras no haya para el cuerpo 1. de julio a 30 septiembre. lu- mano órganos de recambio, como para La mejor y mas pura agua de mesa. su marido, se vienen ahora publicando libros y suscitando comentarios nada favorables a ambos. ¿Será cierto que Cósima ha hecho desaparecer cartas y documentos, y contribuido a alterar los recuerdos de Wagner, para que ta posteridad creyese que ella le habla redimido de su vida de luchas y privaciones, contribuyendo a su apogeo artístico? L o que no ofrece duda en todo caso es que, una vez muerto Wagner, se convirtió iCósima en su legataria suprema e indiscutible. Gracias a ella fueron perpetuándose, año tras año, los ciclos wagnerianos en ei templo musical de Bayreuth, adonde acudían muchedumbres de todas las naciones. Directores de orquesta, músicos, artistas célebres contratados para el ciclo, todos temblaban ante la voluntad omnipotente, de frau Costina. Discutir con ella, contradecirla sobre la más leve dirección escénica, equivalía a sacrilegio, a renegar el espíritu del maestro, de quien seguía siendo la autorizada intérprete. ÍY, sin embargo, todos comprendían que, bajo su carácter duro y despótico, latía vivo en Cósima el recuerdo de su gran amor, el haber sido la esposa de un semidiós. E n el jardín frondoso de la villa Wahnfried la tumba de Wagner estaba siempre cubierta de flores, y Cósima no quiso ya m á s ausentarse ele Bayreuth, donde vivía recluida durante estos últimos años. Admirable perseverancia la suya, en su misión artística, hasta su reciente muerte, a una edad por pocos alcanzada. Y ahora ha bajado también a la tumba Sicgfried Wagner. Con él acaba el apogeo de ios Wagner y parecen vibrar en el aire los acordes de la marcha fúnebre en El ocaso de ios dioses... -Y o no; ¿qué ocurre? -H e oído pasos en el j a r d í n -Debe ser algún cliente retrasado, que se retira del Casino... Algún jugador... -Y o no puedo dormir. ¡Qué rabia! ¿Q u é podría yo tomar... -Dentro de unos días, cuando lleves tomadas diez o quince duchas, d o r m i r á s -V o y a ver si leyendo... ¿Q u é leería yo, Mauricio... -Q u é sé yo... Ahí tienes una novela des Marcel Prevost... -No. E s muy serio. A l g o que me haga reír... A l g o alegre... -Y o creo, por el contrario- -replica el marido- que ip que tú necesitas es algo francamente aburrido: Balzac o la guía de ferrocarriles... Se hace de nuevo el silencio. L a dama lee y su consorte procura aislarse de ella cerrando los ojos pero, como la luz le impide dormir, empieza a sentir esa irritada contrariedad del que puede reposar y no se lo permiten. ¿Qué haría yo para que esta loca me deje en paz? -se pregunta el hombre en su fuero interno- ¿Tomar otra alcoba? ¡13 ah! Seria el divorcio. Y como la mujer le gustaba, por lo visto, y tenía dinero, el marido se resignaba. E n pocos días se igualaron patológicamente: ella, por haberse aliviado con el tratamiento, y él por haber adquirido una parte de los achaques que ella perdía... E n Chatel Guyon los diálogos no son nocturnos, sino a la luz del día. Dos personas que se eran una semana antes tan ignorada la una de la otra como el Mikado j a ponés y el presidente de la República de Bolivia, conversan sobre sus alifafes con una confianza encantadora. Y usted qué tratamiento sigue... -Yo bebo dos veces al d í a e n la fuente Germana y una en el manantial María. P o r la mañana tomo un baño templado... -L e felicito a usted... E s o quiere decir que no tiene usted nada... A mí me aplican en el baño, además de la ducha a cuarenta grados, una cataplasma en el vientre, y tres veces por semana unas irrigaciones muy desagradables. De aguas diferentes bebo hasta cuatro litros diarios... Verdad es que lo mío es serio... ¿Y hace mucho que viene usted aquí? -Desde hace diez años. Hacemos un gesto de asombro. -L e advierto a usted que estoy ahora de lo vivo a lo pintado. Cuando me ordenaron venir a Chatel Guyon, yo no visitaba el gabinete de mi casa- -perdone el lector el eufemismo- -sino una vez por semana. N i n g ú n laxante me servía... -Pues yo me las arreglo con unas pildoras que he descubierto... -i Que ha descubierto usted? Vamos! N o lo admito ni en broma... ¿Cómo se llaman? Nombramos el específico y nuestro interlocutor sonríe. -No las tome usted. A l cabo de un mes le secarán a usted... Por sugestión nos despedimos de nuestras pildoras y corremos a la farmacia. E l farmacéutico, que es un cscéptico, nos pone ante los ojos un muestrario de líquidos y sólidos que tienen la misma aplicación. E l e gimos uno y la fe en él nos dura unos días o unas semanas... Luego, vuelta a empezar... Fidelidad a un régimen muy transitorio, tentaciones de otro género, resistidas primero y obedecidas después; unos cock- fails, un poco de dancings, excursiones fatigosas, trasnochaduras, etcétera... Total, tiempo perdido, y hasta el año p r ó x i m o MAXUEL BUENO Chatel Guyon, agosto, 1 9 3 0
 // Cambio Nodo4-Sevilla