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A B C. M A R T E S 2 6 D E A G O S T O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 MODOS Y MODAS D E M A L DECIR Nombres gentilicios de la L y deJaaLJ E l Diccionario de la Real Academia E s pañola incluye en la L cuarenta y nueve nombres gentilicios, en su mayor parte de uso erudito por ser derivados de nombres geográficos, aunque contiene también algunos de uso vulgar, como leonés y l e r i dano A h o r a bien, si en el Diccionario se i n cluyen nombres gentilicios tan extraños y de tan poco uso en la actualidad como laodicense, latvio, lecnícola, lemnio y lerneo, no hay razón alguna para que no se incluyan los siguientes, unos por su significación histórica y otros porque son de uso c o m ú n Labianense, de Pola de Labiana (Oviedo) iaconimurgense, de Constantina (Sevilla) lagarterano, de Lagartera (Toledo) laguense, de Lago (Méjico) laletano, de Laletania, en la E s p a ñ a Tarraconense; lambayecano, de Lambayeque (P e r ú) lamilitano, de D a i m i e l lapurdumiense, de Bayona (F r a n cia) larense, de L a r a (Venezuela) lausannense, de Lausanne (S u i z a) lavallense y lavallino, de Lavalle (República Argentina) ledesmino, de Ledesma; lemovicense, d e L i moges (Francia) léñense, de Pola de Lena (Oviedo) leningradiense, de Leningrado (Rusia) leodiense, de L i e j a (Bélgica) leí- -iiieño, de Lerma (Burgos) ietoniano, de L e tonia; lexoviense, de L i s i e u x (Francia) l i borineño, de Liborina (Colombia) liburnense, de L i v o r n o (Italia) lulero, de L i l l o (Toledo) limburgense, de Limbourg, antiguo ducado entre Bélgica y Holanda; límico, de L i m i a (Orense) linarense, de Linares, en la provincia de J a é n y en Chile; liverpolitano, de Liverpool (Inglaterra) livoniense, de R i g a logrosano, de Logrosán (C á c e r e s) Ioreño, de L o r a del Río (Sevilla) loretano y loreteño, de Loreto (República A r g e n t i na) lorquinense, de L o r c a (Murcia) lourdense, de Lourdes (Francia) luarqués, de Luarca (Oviedo) lumberitano. de Ilumber r i (Navarra) y luteciano, de P a r í s Total, treinta y siete nombres gentilicios que están pidiendo figurar con sus congéneres en el Diccionario de nuestra lengua. A estos nombres, que tienen en su abono el uso de personas cultas o el vulgar en una comarca, podrían a ñ a d i r s e otros de fácil invención. A s í los de Labios (Lugo y Oviedo) acept a r í a n sin dificultad llamarse labiales los de Lagos, lacustres los de Paz. pacíficos y los de Libertad, liberales E s de advertir que las varias Libertades que hay en el mundo están en América. E n E s p a ñ a TÍO hay ninguna Libertad. Tenemos, en cambio, tres Loros, que sab r á n hablar y, sin embargo, sus naturales no s a b r á n cómo se llaman gentiliciamente. L a L l da poco que hacer. E l Diccionario de la Academia no contiene en dicha letra n i n g ú n nombre gentilicio. N o estaría de m á s incluir en él lie; ense de Llerena (Badajoz) a ver si criaba, mientras subsista la paradoja de que los naturales de Llamas (León y Oviedo) no sepan cómo se llaman, aunque debieran llamarse flamígeros Esta, al menos, es mi opinión. nario mantial que llama ilustrado (algunas ilustraciones son graciosísimas) en que ha incluido multitud de vocablos extraños e incorrectos señalándolos con un asterisco y estableciendo una distinción sutil entre palabras incluidas y admitidas. E s como si usted coge en la calle al primer bárbaro que le salga al paso, y le presenta en una reunión de personas decentes, diciéndoles: -Aunque este tío es un grosero, tengo el gusto de presentársele a ustedes para que vayan acostumbrándose a tratarle. Con lo cual quedaría incluido, aunque no admitido. Como usted ve, la Academia, cuyo lema es limpia, fija y da esplendor en vez. de haber redactado un índice expurgatorio de barbarismos, los lia incluido, aunque no admitido, en el catálogo oficial de nuestro idioma bajo el título general de Diccionario de la lengua española, y. como en esta clase de libros, lo menos leído es el prólogo, muchos lectores, sobre todo si son extranjeros, tomarán por oro contrastado la basura de la calle. Por esta vez, la Academia, en lugar de limpiar la lengua, la ha ensuciado con muchas palabrotas. E l c h ó f e r aunque calificado de galicismo en dicho Diccionario, lleva un corchete, que es casi el pasaporte para el Diccionario general. U C. D E LA A COSAS DEL AIRE 1 establecimiento de moda La gestación de una contienda encierra m á s interés que la guerra misma. Cuando menos, despierta una mayor curiosidad. E l relato de los combates en la pasada conflagración no ha tenido tantos lectores como los libros que han pretendido m á s tarde explicar sus orígenes. Encierran éstos un secreto, o guardan tan prudente recato a la divulgación, que se cuentan a postenon sus detalles con una vanidad de privilegiados. Aparte esta indagación curiosa, los pueblos buscan actualmente los orígenes ele la futura guerra para combatirlos en su iniciación, cuando todavía las armas diplomaticas sirven de vanguardia al Ejército mecanizado. Alguien ha dicho que con un poco de lealtad en la diplomacia y un mucho de malicia en el espionaje se puede evitar a veces el derramamiento de sangre. Y mientras los espíritus puramente comerciales procuran adivinar el resultado de la lucha futura, m á s o menos próxima, los m á s r o m á n ticos pretenden tejer en Ginebra una trama donde queden aprisionadas la política internacional del porvenir y, si posible fuera, la residencia del Gobierno paneuropeo. Esas ideas pacifistas han llevado a unos hombres de buena voluntad a proponer el desarme progresivo de las naciones. S i el buen deseo fuera bastante para ganar el cielo, es posible que lo hayan merecido y hasta que alcancen, como Jesús de Nazareth, los honores de la crucifixión. L o que falt a r á a su obra será consistencia para mantenerse en el porvenir. Por rara paradoja, su misma experiencia sobre lo pasado engendra la ineficacia de su labor. N o piensan, naturalmente, sino en l a reducción de las armas que ellos conocen. E s t á n influenciados por esa guerra que con tanto dolor presenciaron, y son lo bastante viejos para no comprender que sólo produjo rasguños en comparación con las heridas que. el mundo recibirá de la próxima. Las armas que eilos conocen son, a las del porvenir, lo que la honda a los fusiles de repetición. N o importa reducir los armamentos existentes si se vislumbran para el porvenir otros más potentes, que han de escoger los blancos muy lejos y a las espaldas de las fuerzas militares. Mientras esos hombres de buc- na voluntad se afanan y suplican y buscan los orígenes de la guerra futura para combatirla antes de nacer, otros hombres m á s jóvenes se encargan de darle vitalidad, preparando armas mucho m á s temibles. P o r eso, quienes discutan la reducción de armamento han de ser los jóvenes que miren al porvenir m á s que al pasado. E l pasado, con ser tan doloroso, se olvida pronio. Se dice muy vulgarmente que nadie escarmienta en cabeza ajena. Esbozando el cuadro de la guerra futura, puede, conseguirse más que rezando por los muertos de la última, A las nuevas generaciones han de hablarle hombres de su tiempo. Las consejas de aticia no hacen poca mella en las multitudes. Dios mismo hizo nacer a un hombre eu la tierra, siquiera fuera hecho a su imagen y semejanza, para que fuera oído por los jóvenes. Por ahora, esa nueva generación, que ove con respeto a los patriarcas de Giacbra, URODONAL i disolvente del ácido úrico se expende en frasco de triple cabida para una cura complet Para atraer la melodía, pura para radio. TALLERES ELÉCTRICOS C. H. A. M. Don Ramón de la Cruz, 41- MADRID AUTOTRACCIÓN BARCELONA í ová 6 y 8 ELÉCTRICA S A SEVILLA Trajano 26 A l a s correspondencia particular Salamanca, M J -L a duda de usted la tendrán muchoSj porque la Real Academia E s p a ñ o l a (q. D g. lía publicado un Diccio-
 // Cambio Nodo4-Sevilla