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Para ingreso en la GENERAL MILITAR Sus muchos años de práctica y sus constantes éxitos son la mayor garantía que puede ofrecer. I N T E R N A D O M O D E L O Dotado de calefacción central, cuartos de baño, duchas, ascensor, etc. Soliciten reglamentos. E l curso comienza el i. de septiembre. ARTE, A D T P TM J n. 4. M O ZARAGOZA toatituto Reus Solicite un Reglamento al admite R E S I D E N C I A I N T INSTITUTOA D O PRECIADOS, 23; PUERTA Destudiantes 13, dey no Ssean, X, SIADÍSHb E R N REUS R E U S y oposiciones, aunque lBachillerato, carreras alumnos del E L SOL, OR PETROMftX legítimo. Juidado con las imitaciones últimamente aparecidas en el mercado. Es el alumbrado a gasolina y petróleo más acreiitado y económico de mundo entero. A. KIÍAEBISCH Otaría, 69 71, Barcelona. Solicito agentes. SECRETARIA El día, 6 de septiembre sé celebrará, a las doce, en esta primera Casa Consistorial la subasta de adquisición de 50 cascos con destino a los individuos del Cuerpo de Bomberos, por importe total de 2.000 ptas. Los pliegos de condiciones y demás antecedentes pueden examinarse todos los días laborables, de diez a una, en el Negociado de Subastas de esta Secretaria, presentándose las proposiciones en la forma que determina el artículo 14 del Reglamento de 2 de 1 ulio de 1924. Madrid, 23 de agosto de 1930. -P. A. del señor secretarlo: E l oficial mayor, León S. de Robles. AYUNTAMIENTO DE MADRID Teléfonos de A B C en Sevilla Dirección Redacción Administración. Oficina: de Calle Muñoz Lombardos) 32.679 3 a. 188 32.689 Olivé (antigua i3.524 Lea usted siempre UNA PESETA EN TODA ESPAÑA anco y ga E. ROD- RIGUEZ- SOLIS lo demás, yo no hago sino cumplir con mi deber, y el que menos de vosotros ha hecho tanto como yo... -Vuecencia es el espejo en que todos los defensores se miran, y el modelo que todos procuramos, aunque en vano, imitar. -I Lagotero! Pero no conseguirás con tus buenas palabras convencerme. T e niego lo que me pides... -A l menos, déme vuecencia 25 soldados... -N i uno solo; ya te he dicho y te repito que es una locura, y que no debes arriesgar inútilmente una vida de que Zaragoza y l a Patria necesitan. -Pues al menos concédame vuecencia autoriza ción para que pueda salir libremente de la ciudad. ¿P a r a qué? -Tengo un proyecto. ¿Otro? i- -S í señor. Otro; -B i e n no quiero que digas que todo te lo niego -respondió Palafox al notar la insistencia del j o ven y la confianza que parecía mostrar en su nueva idea- Sólo te encargo que obres con prudencia, y que no prives a España y a Palafox de un valiente como tú. A l siguiente día dedicóse Ripol, a reclutar gente para realizar su proyecto, que no era otro que el de la toma del castillo de Calatayud y prisión de sti guarnición; idea con la que se había encariñado, y que procuraba ocultar a Palafox en vista de su negativa. Con grandes trabajos pudo reunir treinta paisanos, armados con escopetas de chispa, bayonetas oxidadas y garrotes, y con ellos se dirigió a C a latayud sin decirles para qué. A l llegar a la primera venta y enterarse del proyecto de Ripol, todos sus compañeros le abandonaron, tomándole por loco. N o por eso desmayó el ánimo de nuestro joven, quien llego cerca de la madrugada al portazgo con solo un paisano, grande amigo suyo, que no había querido dejarle, esperando convencerle de lo descabellado de la empresa y llevárselo- otra vez a Z a ragoza. Ripol, sin mostrar enojo por el abandono en que te ¿PJ 3 i p 3, ñ vos 35. resuelto a; ng. 1 i T ZARAGOZA Don V a l e r o R i p o l AS guerras nacionales son las más terribles de todas, porque cada paso en ellas cuesta un combate; el ejército invasor no posee más que el terreno que pisa, no se provee de víveres sino con la fuerza, y sus convoyes, siempre en peligro, son arrebatados con frecuencia (1) Tiene razón el célebre táctico. E n España, además, la guerra nacional es de una verdad aterradora por el espíritu belicoso de sus h i ¡jos, por su indomable valor y su acendrado patriotismo. V a n a comenzar, por tanto, dos guerras: la de los ejércitos, que algunos llaman la grande, y la de las guerrillas, que otros apellidan la pequeña, cuando, en nuestra opinión, debiera ser todo lo contrario. Los ejércitos, reunidos de improviso, sin instrucción, sin casi disciplina, iban a ser prontamente batidos. ¿Q u é ventajas resultaban, pues, de esta guerra llamada la grande? L a de guerrillas, regidas por un jefe elegido por. ellos, batiéndose en sus mismas localidades, no empeñando una acción sino en el terreno y en el instante que juzgaban más propicio, causando ál enemigo innumerables bajas, parapetados tras un árbol, en lo alto de una montaña, en el pico de una roca, sorprendiéndole en lo mejor del sueño, apoderándose ¡de sus convoyes, deteniendo sus partes, ¿n o eran L
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