Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID- SEVILLA 27 D E A G O S T O D E 1930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. CERCANA A T E T U A N SEVILLA, DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G É S 1 MOSEXTO N. 8.633- M 2? ¡B REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, AGUAS TERMALES I ndiferencia y aburrimiento Transcurridos unos días del régimen termal, el forastero, que vino aquí con el firme propósito de no hacer nada contrario a su salud, empieza a sentir los primeros efectos del aburrimiento. Habituado a observarse continuamente, pues todo el que sufre se analiza con una clarividencia terrible, advierte con espanto que las aguas no obran con la prontitud infalible, que él se prometía. E l médico mismo, que- al principio le inspiro entera confianza, no le da la impresión de seguridad de antes. H a y que tener en cuenta que todo el que padece el achaque m á s ligero se atribuye una especie de originalidad patológica. Su caso le parece extraordinario. N o pudiendo ostentar otra, el enfermo tiene la vanidad de figurarse que la Naturaleza; ha inventado para él una dolencia especial. Y como una perturbación o r g á nica que ha venido incubándose en largos años de anarquía higiénica no se remedia en pocos días, el enfermo llega a esta conclusión U n a de dos, o el médico no me entiende, o estas aguas no sirven para nada. P o r dicha suya, ese pesimismo no persiste. Tiene remisiones, que dejan libre acceso a l a i l u s i ó n D e cuándo en cuando, y sin que él pueda explicárselo, el enfermo se siente mejor, y en, ese momento se deshace en ín timas efusiones de gratitud para el médico y para las aguas. Pero, pese a esas alternativas de desesperación y de optimismo, el aburrimiento sobreviene implacabl e m e nt c. ¿P o r q u é? Por culpa del enfermo mismo, que e, s, generalmente, de un egoísmo desenfrenado. E l quisiera que tcdo el mundo estuviera pendiente de sus molestias y de sus bostezos. L a Humanidad, que en su estado normal no es muy atrayente, cuando adolece de algo que limita su libertad de apetitos, es francamente intolerable. Se dan, sin embargo, algunos casos de personas que saben sufrir en ¡silencio, y que. al hablar en sociedad de achaques callan los suyos o los comentan con una sonrisa de. buen humor. Y o tengo una bronquitis- -me decía un amigo mío- -que no puede ser m á s razonable: no me molesta m á s que cuando hace f r í o E l español suele ser duro para sufrir. L a lectura de los historiadores de la conquista de A m é r i c a no deja lugar a dudas sobre el varonil estoicismo de la raza. Y o he visto a un gran periodista madrileño salir desahuciado de la clínica de un médico eminente, que lo quería como a un padre, sin el menor abatimiento. ¿Q u é le ha dicho a usted, maestro? -le pregunté. -L o que yo me t e m í a nada concreto. Y cuando un médico se, calla o se refugia en las vaguedades, consoladoras de cajón, lo; más práctico es preparar el equipaje- -me contestó el noble publicista. D e allí a poco murió aquel hombre inteligentísimo, honesto y afe. ctuoso, que tanto hizo por l a dignidad de la Prensa. Pero aquí en las estaciones termales se retinen, por lo común, los bien avenidos con l a fortuna, que, después de haber abusado de todo, vienen a pedir una prórroga de salud a la Naturaleza. A unos los mandó su médico. Otros vienen espontáneamente, por- que han leído un folleto de, propaganda del mente, ese recurso: -empieza a perder una balneario, en el cual, luego ele relatar el na- parte de sus atractivos. La invención del focimiento de las aguas con gran copia de da- nógrafo ha venido a dificultar el retraitos geológicos, atribuyendo, ni que. decir tie- miento del que prefiere la soledad al barune, una parte de su crédito histórico a los llo. E n este hotel he contado hasta once romanos que las descubrieron, se puntualiza fonógrafos portátiles, pertenecientes a la su valor químico, por las materias que con- clientela. Es insólito, ¿v e r d a d? Antes hatienen. Inmediatamente viene la lista de las bía un sexteto o un cuarteto que tenía l a enfermedades reparables o curables por la. misión de retrasar nuestras digestiones, toacción hidrotermal, y en l a enumeración cando mientras comíamos. Ese inconveestá casi siempre comprendido alguno de niente se obviaba con hacerse servir la conuestros achaques. ¿Cómo dudar? Pero la mida en el cuarto. Pero ahora, la música nos realidad satisface pocas veces nuestras es- sigue y nos acosa, y como el gusto moderperanzas. E n ese terreno, como en todo, nos no va por caminos tan extravagantes, no remos obligados a contentarnos con la apro- sabe uno dónde refugiarse para no oír lo ximación de lo que deseamos. L a mejoría que repugna nuestra sensibilidad. del estado general se produce, a mi juicio, E n los balnearios situados en. l a- A u y e r no por el efecto de las aguas únicamente, nia el riesgo del aburrimiento; es menor y, sino porque vivimos con cierto orden higié- si se produce, tiene paliativos en las excurnico, en un ambiente que, por sernos des- siones. L a clientela de Chatel Guyon va a conocido, carece de elementos que nos hos- V i c h y la de Vichy viene a Chatel, y la una tilicen; Los médicos que nos aconsejan via- y la otra visitan de cuando en cuando K o j a r s i n familia saben lo que conviene a yat y Saint Ne ctaire, donde se cuidan y nuestra salud. alivian los arteriosclerósicos y los aíbuminúPero ni aun con esa privación sentimen- ricos. N o se ofenda el lector por este vocatal se evita el aburrimiento. Los primeros bulario que usurpamos a la Medicina. P a r a días los pasamos con un relativo bienestar. el médico, somos, además de lo que se desTodo lo que nos rodea nos es indiferente. prende de nuestra profesión, lo que acordó Nos cuidan manos mercenarias, que son las nuestra patología. De un abogado ilustre no más hábiles, pues, están acostumbradas a dice. un médico que es un jurisconsulto, sino aquello a que se aplican, y no conocemos que es un reumático, un sebórreico, un diaa nadie. ¡Divino placer del aislamiento, que bético o un escleroso. T a l escritor, a quien pocos hombres te prefieren a la soledad! E l admiramos, no es para el médico un simple libro del padre Olóriz, muy anterior, por literato célebre, sino un neurasténico o un cierto, al de Ziinmerman, debiera estar de tabético. texto en las- escuelas. ¡Q u é ingenioso des- E n V i c h y en Royat y en Chatel Guyon, negó del trato humano el. del castizo fraile! en Plombié res y en Vittel, todo es uno y U n a misantropía cortés es la- actitud de lo mismo: achaques, frascos de específicos todo hombre que ha vivido y ha meditado en las mesas de los comedores, gente que sobre todas las cosas, liso sí. la misantro- se afana por beber agua o por bañarse con pía tiene que ser bien educada, porque, de puntualidad: tertulias en la terraza de! hotel, exhibición de toaletas, paseos a un boslo- contrario, ofende al prójimo. E n el extranjero conviene evitar el com- que artificial, en el cual los árboles son patriota. Frecuentarle es peligroso, no por- cómplices del médico y del fondista; teatrique vava a. perjudicamos materialmente, tos visitados por compañías improvisadas, sino porque como todo ser humano tiene danciiu s y fonógrafos, que- hacen- la comnecesidad de eliminar a diario una cierta petencia al terrible quiosco de l a plaza. Pero, suma de impertinencias o de necedades, en fin, lo menos interesante de la estación como se elimina el ácido úrico, solemos pre- termal somos los enfermos. I- a Naturaleza ferir al compatriota para que nos las so- entendiéndolo así, conserva el bosque, el porte. E l extranjero sucio mostrarse mas quiosco y el teatro, que estarán dentro de comedido, no porque sea de mejores senti- cincuenta años como ahora, y se lleva por mientos, sino porque, en general, no se con- delante a los enfermos con sus mamas, sus sidera obligado a confundir la franqueza frascos de específicos y sus vanidades. con la estupidez. H a y que huir, sobre todo, MANUEL B U E N O de algunas damas que, por haber- perdido, Chatel Guyon, agosto, 1930. con los años, el derecho a nuestra admiración, se desquitan a costa de nuestra circunspección, diciendonos alguna que otra impertinencia. Toda estación termal es un foco de aburrimiento. L a reunión de muchas gentes que sufren y que pretenden liquidar sus deudas con el dolor bebiendo unos vasos de agua E n tocio tiempo Sevilla, la noble y Ja ge- más o menos cargada de ¡sales químicas, concluye por prestar al lugar en que v i v i- nerosa, prestó la mayor atención al rememos una fisonomía especial. E n vano los dio de sus pobres y de- sus desvalidos, creanfranceses, maestros en el arte de vivir, po- do y fomentando el mayor n ú m e r o de insnen a nuestra disposición los recreos urba- tituciones benéficas y caritativas. Esta cristiana inclinación de su espíritu nos que ayudan a conllevar la monotonía de las horas E l Casino, el teatro, -y, sobre concertó siempre de manera maravillosa con todo, el terrible quiosco de música, que ocu- la otra virtud de su liberalidad, merecienpa una orquesta de circunstancias, acaban do de muy justo modo el dictado de hospipor sernos odiosos. Pero como hay que talaria con que es fama que se la disoptar entre esos sitios y la terraza del ho- tingue. L na de las instituciones de la clase a tel, nos decidimos por el mal menor, que es meternos en nuestro cuarto. Desgraciada- que se alude que m á s ha perdurado en sus INSTITUCIONES B E N É FICAS SEV 1 L A N A S El Hospital de los Viejos T
 // Cambio Nodo4-Sevilla