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FIESTAS EX FES ARROYA Y PUEBLONUEVO I, BENDICIÓN D E L C A M P O D E AVIACIÓN. ÑORITAS QUE SIRVIERON UNA CENA A 2, U N A VISTA 4, DEL PUEBLO, LA CENA. 5, LOS POBRES. D E U: N T DEL TERRIBLE DESDE EL E A U T O R I D A D! S i NAVARRO) (CÓRDOBA) 3, EN. DISTINGUIDAS LA. SKINVITADOS, INAUGURACIÓN TOMADA LAS (FOTOS AEROPLANO. HERMOSO MATADERO. corte y lega al Museo de Valencia sus cuadros y sus colecciones de curiosidades... ¿Y Sorolla? ¿Y B l a s c o Ibáñez? Los dos maestros continuaron la leyenda. Y más que nada en la condición de su victoria, a la que sirvieron de séquito las riquezas y la fama. Comprendiendo y respetando, y, en ocasiones, venerando la austeridad, aun el ascetismo de determinados artistas, penitencia no siempre voluntaria, confieso que admiro la carrera de los ingenios que se i m ponen y tratan en camaradería a los pode- rosos, y á los que adora, un poco supersticiosamente, el pueblo. Cuidado que no excuso a los agradadores y a los tránsfugas. Pero, ¿habrá alguien que se regocije al pensar en los sufrimientos de Cervantes? ¿Y que se lamente de los placeres de Lope? Artistas hubo que no se conciben sin la magnificencia en torno suyo. Desde la atmósfera mágica de un Leonardo, a las apoteosis t i cianescas, al palatinismo de Velázquez, y el fausto de Rubens, y la glorificación serena de Goethe, y la de Víctor Hugo, voi- canica. Sea la lucha del artista un drama íntimo, dolor entrañable, mas su obra y su personalidad, consuelo de las multitudes, ráfaga animadora de los desheredados en masa. Cuando Sorolla o Blasco Ibáñez aparecían en público, removíanse las gentes como la muchedumbre fanática, alucinada, al aparecer en su pollina el Ángel del Apocalipsis, San Vicente Ferrer. ¿Popularidad, charanga, motín plebeyo? P o r el contrario, un reflejo de la luz del Renacimiento, del tiempo en que se consideraba al artista
 // Cambio Nodo4-Sevilla