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-fcgr la Ávgaidá dé Já rLíbértáÜ, íá dé- los pasos de peatones graciosamente adornados con mosaicos de pedernal, cuya filigrana sólo saben hacer los obreros portugueses. Y después de un bien ganado descanso, en éxodo prematuro, la caravana se encamina hacia Bussaco, el más bello rincón de Portugal. Allí está el monte. De su floresta exuberante cuidaron durante doscientos años los monjes carmelitanos, y cuenta la tradición que así se. desarrollaron las flores y las plantas, porque los ascetas impidieron que las mujeres penetrasen en el bosque. E l espíritu femenino goza estrujando contra su pecho aquello que, m á s ama, aunque tenga para ello que tronchar el tallo de una rosa o arrancar el corazón de un hombre. A media ladera, en una meseta, rellano de la gran rampa sinuosa que conduce a l a cima del Bússaco, el palacio que un Rey maridara erigir para su recreo, y que m á s tarde había de transformarse en hotel por. la misma regia voluntad, para que los portugueses todos pudieran gozar de sus encantos. Graciosa la traza, florido el estilo, manuelino puro. Mezcla de fortaleza y de convento, bajo la arquería afiligranada de las terrazas, bajas se echan de menos las figuras tétricas de unos monjes silentes; sobre los pasos de rondas almenados que forman los. terrados faltan los torsos recios, cubiertos por cotas de malla, de unos fantásticos guerreros. Extremadamente bello todo, por la fuerza del contraste. A la cumbre de Bussaco hemos llegado siguiendo el Vía Crucis que los carmelitas descalzos trazaran, alzando en cada meseta una capilla, que recuerda un momento culminante del drama del Gólgota. Y al pie de la Cruz A l t a hemos contemplado el panorama grandioso. Allá, las bravas sierras de la Estrella y de Caramulo; de otro lado, las lindas campiñas de Coimbra y del A v e i r o más lejos, la mancha obscura del Océano. Bien supieron los carmelitas elegir el l u gar donde más fácil les fuera acercarse a la perfección cristiana. También se lee, desde el magnífico mirador de la Cruz Alta, una de las páginas m á s gloriosas de la historia de Portugal. AqueEL PALACIO D E BUSSACO TRANSFORMADO E N H O T E L TOYA D E ARTE MANUELINO LA AVENIDA DE LA LIBERTAD, DE LISI 50 A, CON SUS PASOS DE PEATONES GRACIOSAMENTE ADORNADOS CON MOSAICOS D E PEDERNAL
 // Cambio Nodo4-Sevilla