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A B C. S Á B A D O 30 D E A G O S T O D E 1930. EDICIÓN DE ANDALUCÍA. PAG. 6 ve de su experiencia personal. La ajena es inoperante. Si fuese útil no habría fracasados, pues con leer un texto importante, los pensamientos de Teofiasto o de Marco Aurelio, por ejemplo, adquiriríamos una coraza contra la adversidad. Pero esas enseñanzas no han educado a nadie, Las impresiones de un filósofo no alcanzan nuestra aprobación más que si concuerdan con Jas nuestras. Por leer a diario el Evangelio, un usurero no renuncia a prestarnos su dinero sin interés. La coqueta que acaba de oír un sermón sobre los estragos que hace el lujo en las costumbres lo primero que nace E l delegado de Méjico, Orozco Muñoz, al salir de la iglesia es retocarse los laen nombre de sus compañeros, h a fecho un bios con el lápiz rojo, y al día siguiente bello discurso, resumen de las emociones de su modista la encuentra, a la hora de la prueba, más pendiente de. lo temporal que la jornada. de lo eterno. Solamente en plena vejez emUn periodista español ha contestado: pieza la mujer a desprenderse de una parte- -Nosotros usamos poco de la palabra ha- de la vanidad, como un homenaje a Dios. blada; pero nuestras plumas sabrán cantar Claro es que si de pronto la demostrasen las maravillas de estas tierras hospitalarias. que todo acaba aquí porque Dibs había deSe ha cumplido la primera etapa del in- cidido no conceder la soñada supervivencia post mortem al mamífero egoísta y peteresante viaje. Luego, en la soledad de nuestro aposento, tulante que hay en cada ser, la mujer en regiamente alhajado, hemos completado nues- trance de agonía, olvidando por completo tras notas. Y al hacerlo hemos sentido tras al confesor, llamaría al peluquero y a la de nosotros el influjo de una sombra con manicura. Los libros enseñan, pero no guían. E l perfiles carmelitanos. Nuestra pluma se ha sentido llevada so- medroso que acaba de leer el Romancero bre el papel, y ha escrito: En lo alto de no se siente por eso valiente, y la cortesana se Bussaco no es posible poner en duda la in- quevida conmovió hasta las lágrimas leyendo la- de Santa Isabel de Hungría retrofinita grandeza del Creador. cedería con repugnancia si a su doncella la acometiese de pronto uno de esos cólicos que ANTONIO O L M E D O hacen pensar en lo que tiene de común nuestro cuerpo con la alcantarilla. Lo que nos Mi I gobierna algunas veces es. nuestra experiencia. Del animal al hombre todos procu E L A R T E D E V I V I R ramos no repetir lo que nos perjudicó. Pero ni siquiera ese arma nos es útil siempre. E l E l sabio tiene sus ojos en la que ha sido engañado uña vez en la vida cara; mas el necio anda en ti- puede caer en. la misma trampa, porque, tome nieblas; empero también entendí yo cjus un mismo suceso las precauciones que tome, la experiencia ajena le acecha para vencerle. Es raro que acaecerá al uno que al otro. un hombre que prestó dinero una vez y no Ecclesiastés Vers. 14. ha podido recobrarlo pierda del todo la voA l ver ur. libro titulado El arte de vivir luntad de hacer ese mismo favor a otra peren el escaparate pensé: Voy a adquirirlo sona. Su experiencia no le defiende contra la por si estoy a tiempo de aprovechar sus en- astucia del nuevo postulante. Los que viven señanzas E l nombre de su autor- -Franc a costa del prójimo han hecho de su paraNohain- -no me ofrecía, sin embargo, aque- sitismo un arte, y en todo arte hay no poto lla garantía filosófica que nos tranquiliza de ciencia. Su primer cuidado es estudiar a por venir de un pensador de notoriedad la persona sobre la que van a caer, para aveuniversal, verbigracia, un Séneca o un La riguar por dónde es vulnerable. La mujer Bruyére. Pero a lo mejor un hombre sin que ha engañado una vez a un hombre lo pretensiones y de escasa nombradla nos vuelve a engañar. ¿Por qué? Porque conoasombra con la novedad de sus ideas. No ce, por haberlo observado, todos sus flacos. lo digo por Franc Nohain, que es ya muy Si es vanidoso, halaga. su- forma de vanidad, conocido ylas tiene bien manifiestas. Con su y si presume de terrible finge temerle. En libro nos ocurre lo que con ciertas muje- la Fisiología del matrimonio, de Balzac, hay res de presentación un tanto atrevida: da una serie de consejos, fundados en observamucho menos de lo. que promete. E l arte ciones muy sagaces, respecto a la tranquilid e vivir! La verdad es que el título hu- d? J conyugal. A esos consejos habría que biera escandalizado, por lo ambicioso, al añadir uno muy interesante: cuando la mumaestro de Nerón. Pero ¿hay. en efecto, un je encuentra muy antipático a u: o de los arte de vivir? Aceptarlo vale tanto como amigos de su marido y se lo dice a éste con sostener que somos dueños de nuestro des- frecuencia, malo. La antipatía no es como tino. Los griegos lo creían. La infatigable la simpatía, espontánea, sino reflexiva. Se locuacidad de Sócrates en las calles de Ate- llega a ella a fuerza de pensar, y como las nas, -pese a sus apariencias de mero pasa- mujeres no piensan nunca desinteresadatiempo, tenía un fin: afinar la relojería mente, hay que suponer que si encontró anmental humana para que diese sin obstácu- tipático a un hombre es porque ha creído adlos la. hora de la felicidad en cada espíri- vertir tibieza en sus homenajes o desdén de, tu. Menos austero, Epicuro hizo lo mismo su persona. y con mejor éxito, porque siempre nos tenPero si el amigo cambia de actitud, por drá mas de su parte el filósofo que legiti- cálculo o por no cerrarse una puerta, puede ma la libertad del instinto, que el que exi- producirse una situación un poco peligrosa ge de nosotros su sacrificio a un principio para el porvenir conyugal del matrimonio. moral desinteresado. Solamente un hogar lleno de hijos impide Un libro de Filosofía es como el resumen que se presente ese problema. Las criatude las impresiones del viaje al través de ras, con su inocencia, tienen un poder la vida. E l hombre sencillo, de acción, se casi divino para alejar todo maleficio que limita a vivir siguiendo sus impulsos. E l in- amenace a sus padres. Pero en los matriteligente reflexona sobre cada jornada cum- monios que el amor no ha bendecido, como plida, y si persigue un fin cualquiera se sir- el sol a la tierra, fecundándolo, la paz es tan Has lomas fueron testigos de la gallarda victoria de las tropas anglolusitanas de Wellington sobre los aguerridos soldados de Massena. La noche nos ha reintegrado al hotel suntuoso. A l final de la comida que ofreció el Consejo Nacional de Turismo, el eminente cirujano doctor Balbino Regó y el inteligente ingeniero Pinto Machado, han pronunciado unas palabras. Sed pregoneros de las bellezas de Portugal- -han dicho- -en vuestros respectivos países insegura como entre dos países- fronterizos que se han arrebatado alternativamente una parte de su territorio. Franc Nohain, al que no podemos negarle ingenio y buen humor, no nos enseña el arte de vivir, porque esa habilidad no se transmite: Nace o no con. nosotros. E l que se ha enriquecido trabajando, es que vino al mundo para acumular dinero. L a Naturaleza, rio satisfecha con armarle de las cualidades necesarias para su conquista, hizo todavía más: creó los azares precisos para su triunfo. E l otro día, vtn señor catalán, muy respetable, con quien me tocó viajar por el Mediodía de Francia, me informó de iie había estado en América en dos ocasiones. -La primera hice fortuna, pero la perdí. Era la época en que presidía Juárez Calman la República Argentina, y como surgió una revolución contra él, los. enemigos d aquel alto magistrado mataron dos pájaros de un tiro: la situación política y mi dinero. Pero luego volví a Buenos Aires y me repuse largamente. -Pues, mire usted- -le contesté p r o aquella misma época estuve yo en la A r gentina, y no me arruiné. V i de cerca la revolución, pero sin sentir sus efectos. -Le felicito a usted- -me replicó. -No hay por qué; usted se arruinó porque tenía dinero, y yo no, porque no lo tenía. Es que usted ha nacido para rico y yo para comentar los éxitos de usted. Usted tiene a mano una libreta de cheques y yv ¡unas cuartillas blancas. Los franceses son muy aficionados a investigar los orígenes del éxito y del fracaso. A los que se aplican a esa interesante función les llamamos moralistas. En el siglo XVIII hubo una verdadera pléyade de psicólogos que redujeron su experiencia a unas cuantas máximas, que ahora leemos con deleite. De todos ellos, el que más me complace, por su distinción, es VauvenargueS; Su estoicismo sin amargura me parece ¡a actitud más digna frente a la vida. Era un soldado y un pensador que probablemente no creía en la eficacia de las armas. E l vizconde de La Rochefoucáuld es más ácido. Gran señor, sensual e inteligente, repetirá, andando lffls siglos, la amarga frase de L u crecio: In medio de fonte leporum surgit amari aliquid; pero después de haberse, bebido todas las copas que el placer acercó a sus labios. Franc Nohain no es de la misma talla. Sus reflexiones, aunque ingeniosas, no traspasan la epidermis de la vida. En Francia se da muy a menudo el tipo del escritor qai rAime pas á ctre dupe. Ese prurito de sagacidad con que pretendemos hacernos superiores o invulnerables a las cosas que nos rodean, acaba por convertirse en petulancia. La experiencia antigua, la de un Séneca o de un Cicerón, es más severa, y, por lo mismo, más señorial. Aquellos hombres no se creían obligarlas a adulterar la amargura de sus desilusiones con unos granos de ironía. Sus confidencias anticipan algo de lo que mucho más tarde encontraremos en el Kernpis: una resignación inteligente, eme no espera nada, porque ha medido los límites de la vida. Habría sido interesante el que Franc Nohain nos hubiese dicho algo sobre el arte de administrarnos en la vida; pero, ocupado en deslumhrarnos con su ingenio, ha omitido ese capítulo... MANUEL BUENO Chatel Guyon, agosto, 1930.
 // Cambio Nodo4-Sevilla