Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
do, y tan sutil, que los que se acercaron a él con p r o p ó s i t o s de análisis, para decir- nos luego Esa emo- ción dolorosa de que está uncido el libro sólo es arte de combinar palabras y de escalonar frases, como en un escenario los colores, las luces y las perspectivas... no encontrarían en una frase ni en una palabra el secreto de aquel perfume, porque el perfume estaba en todas las frases y en todas las palabras, escritas sin artificio; y fueron menos afortunados que el naturalista que os señala el lugar donde la rosa tiene su cofre de olores, aunque para el. gañán que la c o r t a o para la moza que la prende en- su tocado los pétalos son también olorosos, y el tallo mismo, y el lecho. de hojas en que dormía soñando con la mariposa que vino a posarse sobre ella. Sin esta unidad de sincera y no rebuscada emoción en la obra de S i l v i o Pellico, aquel segundo párrafo que he. copiado nos parecería de un humor a g r i o y rencoroso... Ñ o s hizo r e t i r a r porque no se entristeciera al. aspecto de nuestra r u i n persona. Y era el tirano bajo cuyo látigo temblaba de espanto y de odio su Patria, el pedazo de tierra a quien le había hecho gustoso el sacrificio de sus años mejores y aun de toda su vida, si se la hubieran querido- tomar. Era el verdugo que a él mismo le había robado diez años de ilusiones y de esfuerzos y los había aniquilado entre los dedos de sus manos, y cuando ya eran polvo los había arrojado lejos de sí. Entre esos dos párrafos hay un calvario de diez años. Calvario porque, como en la Sagrada Colina de Jerusalén. la víctima recorre el camino que la lleva hasta la cumbre con palabras de perdón para quien le atormenta y de amor y de esperanza, para los que le aman. A veces se siente desfallecido y pide con voz: acongojada que le aparten el cáliz de los labios; pero vienen luego otras horas más claras, y la luz del día, -que penetra velada y triste en su calabozo- de los Plomos venecianos o en su mazmorra de Spielberg, él la siente iluminándole el pecho y el pensamiento con resplan- SPIELBERG. PATIO DET. CASTILLO En los huertos de Murcia hay un árbol que llamamos Paraíso; tiene las hojas olorosas y gn sis y, si se guardan entre las páginas de un libro o en un cajoncillo de bargueño, junto a Memorias viejas, al cabo de los años las encontraremos olorosas aún y perfumados los objetos a quienes toca- ron. Estas hojas del libro Mis prisiones parecen de paraíso por el intenso perfume que aún exhalan al cabo de cien años. Perfume de. fe y de esperanza en otro mundo mejor y en otra justicia que no sea la de los hombres; y es tan intenso que llegó a los más apartados rincones del mun-
 // Cambio Nodo4-Sevilla