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numerosas heridas pues bien, en la momia de S e r a p i ó n se advierte el zuncho de hierro del cilicio cerrado a fuego en v i da, y el p e s a d í s i m o collar, del que pende la cruz, signo de dignidad e instrumento de mortificación. Las demás r o p a s sayal negro con enorme capuchón, estola de cuero y bastón pastoral, confirman más y más que S e r a p i ó n hijo de Kornostalos que reza la inscripción, es el mismo mentado en los relatos piadosos. U n manuscrito griego del siglo i v uno decesos textos que el abate F Ñau ha trabajado y publicado córi gran ciencia y a toda conciencia, afirma que Serapión, cierto día, cruzada una ciudad egipcia, en la que vio a una cortesana; le dijo que lo esperase por la tarde y volvió, en efecto, después de haber estado orando todo el espacio de tiempo que medió; a su. regreso, la pe- cadora, tocada dé la gracia, acompañó al anacoreta a un lugar de penitencia, donde permaneció tres años emparedada y salió para morir. E n otra narración griega la conversión de la protagonista TJiaisis ¿Thaís? o Paísis es más complicada y con manifiestas intervenciones extranaturales. A medida que transcurre el tiempo la novelística desfigura más y más el relato. Como dato curioso, es digno de consig narse que en las versiones griegas más antiguas el que convierte a la pecadora se llama Serapión, en las siríacas Besarión, en las latinas Pafnucio; Anatole France lo denomina así en Thais, y Massenet, en la ópera, lo ha rebautizado con el nombre de Athanaél, acaso más eufónico. A j m i n las mascarillas se d e s p o j a n de aquel a i r e e x t r a ñ o que, aun en as épocas de máximo naturalismo, tiene la técnica faraó iiica para adoptar ott o amaneramiento: 1 de la iiripónerite seriedad en las dama 5 que lucen variedad de peinados y adornos de cabeza, y en los varones el del aspecto melancólico, enfermizo a veces, o el querer parecerse a los bustos imperiaías romanos. A ú n el Museo Guimet g u a r d a en l a sección copta una excepcional colección de tejidos y la mejor serie de retratos egipc i o s grecorromanos; pero antes de irme MOMIA DE LEÜKIONA hoy, ya es hora, quiero, como siempre, desTJn grupo de turistas invade la rotonda, pedirme de Leukion; i, la momia blanca de se apretuja en torno dé los despojos morta- la dama blanca, no identificada ni como pales de los protagonistas de la novela de gana ni como crist ana M Francé, de la que abusa el cicerone... To- E n una última contracción de agonía sus dos quieren ver al mismo tiempo la monda pies, que debieron de ser admirables, tienen calavera de la bellísima Thaís, cortesana el horror del estiramiento desesperado; las de Alejandría por fin se retiran los cumanos se engarabitan sobre el cuerpo, el riosos, como una manada de pavos alarganpecho, alto, pequeño y bien formado, se cudo el cuello, picoteando en las vitrinas los bre con túnica, que parece de pelo de cagranos de erudición de las cartelas explicamello; la casualidad ha desgarrado veste y tivas y atentos a las indicaciones del pavepecho, y por el jirón puede verse una sima ro- guía. imponente y ennegrecida de carne, que, Como tenían prisa, no han dedicado ni acartonada por la momificación, es más imun minuto al busto en yeso de una dama, presionante que la podredumbre... L a pobre que a E Guimet- -el sabio fundador del M u- Humanidad pierde siempre que quiere luseo y entusiasta hombre de ciencia- -hace char contra la muerte. prorrumpir en frases admirativas, que, conS é cierra por hoy el Museo; fuera, en signa en alguno de sus libros. la calle, aún brilla el sol, que se bate. en Ante esta imagen creería contemplar retirada, y allá, al fondo, como esqueleto- -dice Guimet- -un retrato que pintara In- monstruoso, perfílase la torre Eiffel. gres en los años de 1828. Representa a una R. B L A N C O Y C A R O dama de elevada posición social; lo acreditan su aspecto y las joyas que le adornan (Fotos VWal. los dedos, muñecas, cuello y orejas. Los pendientes representan racimos de uvas, acaso alegoría de Baco, dios del vino y del pan, asimilado a Osiris por los griegos. Plácida es la expresión de su rostro, rasgo de energía de señora ama. le contrae levemente la boca; rasgo que subraya la mirada serena y firme; no es una cara descond cida ni exótica; todos podemos afirmar que la hemos visto en a gún sitio; en Castilla sería fácil encontrar semblantes hermanos de ese de la incógnita matrona que vivió en Egipto en el siglo 111 después de Jesucristo. Ella no fué cristiana; en la parte posterior del cuello y ante una aureola cuadrada tiene dibujado un Osiris, empuñando dos látieos y vestido con amplio ropón de dios de esta época romana. La dama, en sus manos de alargados dedos, oprime una guirnalda de flores, dos espigas y dos tallos de adormideras. No tiene ninguna leyenda la compañera de sala de Thaís; no la necesita tampoco; ¿acaso no es bastante para una señora ei serlo a través de diecisiete siglos? 1 Más allá otra, vez el Egipto de los solitarios, que revive en la cabeza trágica del penitente de largos cabellos rubios, de barba luenga y rizada, de r gidas y fuertes facciones. Cabeza de momia que evoca, hasta por su cercenamiento, la testa del andariego y santo Bautista. Quizá el más notable y sutil contraste entre el Egipto faraónico y el copto o grecorromano se advierte en la escultura funeraria. Lo mismo en Alejandría, Merffis o MASCARILLA FUNERARIA D E DAMA COPTA, MASCARILLA D E YESO PINTADO, PERTENE- ENCONTRADA E N AJMIN CIENTE A PERSONAJE ROMAXOEGIPCIO
 // Cambio Nodo4-Sevilla