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dar c o m o Un nombre eii cada caso. Y el quedar como u n hombre consiste en no quedar en n a d a en no quedarse en n a d a en seguir constantemente aspirando a más y m á s en más y mejor siempre. H a y pues, que distinguir y reconocer que aún hay clases; que, por l o menos, hay d o s la de los hombres que descienden de los monos y l a de los hombres que, no sólo no descienden de los monos, sino que ascienden- -y trascienden- -del hombre, del mundo y de todo. Decimos esto a cuento de m i l y una personas y de millones de casos que se nos han venido, de repente, a la cabeza, al ver las fotos adjuntas: los casos de millares de personas que dedican su vida a las tareas más impropias de su sexo, y no sólo de su sexo, sino de cualquier bípedo implume, sea del sexo que quiera. E l a b o rar un sillón con sellos de Correos es algo que está tan lejos, ya. sea del homo sapiens, ya del antrópopiteco, que hace falta encontrar u n sitio aparte, un casillero especial para semejantes seres, N o pueden reclamar el mismo rango las personas que emplean su v i d a en alguna ocupación que esas otras personas que viven para jugar a l tute años y años, para estar embadurnando los cristales de su habitación con bobadas o para empapelar su hogar con capicúas. Podrá decirnos alguien que cada cual se ocupa en lo que quiere; pero nosotros le direinos que todas esas cosas pierde tiempo no son ocupaciones: son desocupaciones. Coleccionar narices aguileñas no ¿s una ocupación; jugar diez horas al mus d u rante diez años seguidos no es una ocupación: es al contrario; al hombre que hace tal se le desocupa l a cabeza y todo él es u n desocupado en absoluto; vacío todo él de los pies a l a cabeza. Pierde el tiempo y pierde eí alma. Pero, bueno; las consideraciones de ese tipo no son las qué en este momento queremos traer aquí con motivo de estos g r a bados. Que haya en el mundo personas que se dediquen á estas cosas y a sorprende; pero que sean mujeres las que se dediquen a eso, no sólo sorprende más, sino que plantea u n problema. L a s mujeres que dicen consagrarse con el alma y l a v i d a a sus m a r i dos, ¿lo hacen igual que estas, otras, por ganas de hacer algo? ¿Como se pudieran dedicar a pegar calcomanías en los muebles? L a pregunta no la hacemos al tuntún y a humo de pajas. Sabido es que las señoras solteronas se han distinguido siempre en todas partes por su propensión á cuidar perros y gatos, loros, canarios, etcétera... Se ha dicho que ésto sucede porque el alma femenina, falta de humano a quien querer, de esposo a quien consagrarse, busca eí ser que está a su alcance y le dedica el fervor que hubiese dedicado a su m a rido. Esto es bonito y deja eriJjuen lugar al amor, a las solteras y a los loros. P e r o a nosotros nos persiguen ciertas dudas acerca de este asunto y nos da por preguntar, algo alarmados: ¿N o resultará a lo mejor que la explicación consiste en lo contrario; es, a saber, que las damas cuando tanto se consagran al marido es que le toman por perro, o por loro, o por galápago, o por canario... ¿S e r á n fieles a l marido y a l hogar como pueden serlo a l gato? Parece que esta hipótesis se apoya en MRS. E. J. datos más ciertos que l a hipótesis contrar i a L a adhesión a los perros y a. los gatos suele ser entusiasta y absoluta; de tal modo absorbente y radical, que no deja lugar a la sospecha de qué l a interesada eche de menos el maridó y de que, puesta a prefer i r y a renunciar, optase por el marido. N o parece que haya para ella, entre animal y animal, diferencia ostensible y decisiva a favor del esposo. L a s damas que en estos grabados presentan sus obras extrañas l i d son- -según las noticias- -solteronas. E s t o es grave. C o r r o bora de modo alarmante nuestra vehementísima sospecha. Teniendo todas esposo, o habiéndolo tenido, no se les ocurre, una de dos, o estar atendiéndole a él, si no son viudas, o buscarse otro marido; si lo son. Se les ocurre ponerse a contar las palabras que tiene el Quijote o a v e r l o s kilómetros que miden- -verbi gracia- -los, versos, de las obras de Shakespeare puestos uno detrás de otro. L o cual parece indicar, no que echen tanto de menos al marido, que tengan que absorberse en cualquier cosa, sino que, al reVés, cualquier cosa puede servir para eso, para cumplir la misión de substituir al marido. L o natural, s i no, fuera al contrario; fuera que nada en el mundo tuviera interés bástante para competir con el cónyuge ó para competir con sn. recuerdo. Y no- que es a l r e v é s que les basta cualquier bobería para que la existencia se les llene Parece que están d i c i e n d o P a r a substitu- tivo del marido, ¡cualquier cosa... MANUEL ABRIL (Potos Contreras y Vilaseca. WICHITA, HIS- BEDRIDGE, D E KANSAS, Q U E H A BORDADO LA CARRETA D E BUEYES TORIA D E LA LOCOMOCIÓN, D E S D E LA HASTA E L A E ROPLANO MRS, CLARISSA T A Y L O R BASS E N S E ÑANDO L A PAGINA PRIMERA D E SU L I B R O C A N C I O N E S D E LOS S I G L O S L A B O R D E T R E I N T A Y C I N C O AÑOS
 // Cambio Nodo4-Sevilla