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CUENTOS EXTRANJEROS DE HUMOR -Pues realmente no lo sé. Voy a ¡enver entrar en la tienda a aquella joven señarle un par. -Sí... Pero será preciso saber si los universitaria que llevaba debajo del brazo un bolso lleno de libros. Pero guantes de Suecia son tan suecos como las pensó que iba a hacer alguna compra para cerillas suecas... -Señorita, no hay que esforzarse en su madre. En realidad, la adolescente de los bucles comprender el origen de las expresiones codorados no tenía otro designio que matar merciales. Cuando se dice, por ejemplo, hael tiempo, entregándose a su deporte fa- cer un giro, no significa que ejecutemos vorito, a saber: agotar la paciencia de cuan- una media vuelta sobre nosotros mismos... Abrió una caja y ofreció un par de guantos la rodeaban. -Ya lo creo, señorita- -respondió a su tes a la muchacha. -No; son de un gris muy sombrío. pregunta- Tenemos guantes. ¿De qué claEl buen hombre subió a una escalera, se los desea? ¿Suecos? ¿De cabritilla? ¿De cabritilla? -contestó ella con una tomó una segunda caja y sacó otros guantes expresión candorosa en sus grandes ojos- que eran de un gris muy claro. Luego suDe ninguna manera; no me agradaría llevar bió un poco más, tomó una tercera caja y unos guantes cortados de la piel de esas sacó unos guantes marrón. Eran un poco obscuros. Cambió de sitio y escalera, eninfelices bestezuelas. treabrió una cuarta caja y sacó unos guanEl sonrió con optimismo: tes manteca fresca. Eran demasiado sucios. -Señorita, de alguna manera se ha de Y como empezara la universitaria a tener hablar. Esos animalitos son, en realidad, piedad del sudor que corría por la frente del unos viejos machos cabríos. comerciante, le dijo con una vocecita dulce- Entonces, ¿por qué dan ustedes un que se quedaría, sin embargo, con ellos. nombre tan bonito como el de cabritilla El rostro del buen hombre se iluminó con a unos guantes que proceden de machos ca- una sonrisa de gratitud. bríos? Ño es muy honrado. -Valen siete chelines y seis peniques el- -Perdón, señorita. Si teme usted que el par- -dijo. macho cabrío sea demasiado joven y el ca- -Bueno- -respondió ella- tomaré uno. brito demasiado viejo, voy a enseñarle toda- -Perfectamente; aquí tiene usted un par. clase de artículos. Este año se lleva mucho- -Mo, perdone. He dicho uno; el de la el camello. derecha. -No me gusta lo que se lleva mucho. La sonrisa de gratitud huyó del rostro Su sonrisa era un poco forzada, pero congestionado del comerciante. sonrisa al fin y al cabo. Imperturbable en- ¡Oh, señorita; es imposible! -dijo con su paciencia, replicó: un acento de protesta quejumbrosa- Nadie- -Entonces, ¿prefiere usted los guantes nos pide un solo guante. No podemos dessuecos? hacer los pares. ¿Suecos? ¿Qué significa eso? ¿Nunca le piden más que un solo guan -Es una manera de expresarse para de- te? -repitió ella con el tono de la más pura signar cierta clase de guantes. Estoy seguro inocencia- Qué raro! ¡Pero qué le voy de que le gustarán a usted. a hacer! Yo no necesito más que el guante- ¿Es el nombre de un animal r de la mano derecha. UEDÓ un poco sorprendido al Q P A R DE G U A N T E S Bueno, señorita. ¿Qué quiere usted que hagamos nosotros con el guante de la mano izquierda? -Caballero, cuando yo compro guantes no me preocupo de saber lo que hacen ustedes con los guantes que yo no compro. En el caso de ahora se trata de uno de mis tíos, que es manco. ¿Qué quiere usted que haga mi pobre tiíto con un par de guantes? El vendedor replicó desesperado: -Señorita, yo no sé nada. Es absolutamente imposible deshacer la pareja de guantes. -Verdaderamente no llego a comprender a usted, sobre todo teniendo en cuenta que estoy dispuesta a pagar el precio de un par por un solo guante. La sonrisa reapareció en la cara del vendedor. ¡A h! Muy bien, señorita... Ya comprendo. Esto cambia completamente... Con mucho gusto. Me ha pedido usted el guante derecho, ¿verdad? Ahí lo tiene... Pero la universitaria recogió su bolso de libros y con un rostro altivo concluyó: -Perdón, caballero. Usted me ha dicho que no puede deshacer un par; me lo ha repetido usted dos veces... y ahora se atreve usted a proponerme el guante derecho... No es usted lógico consigo mismo y estoy obligada a ir a comprarlo a otro sitio... Reconocerá usted que es demasiado el haber colocado en su tienda un gran letrero que dice Gran especialidad en guantes y que no sea usted capaz de venderme uno solo... Adiós, señor... La universitaria, con un gracioso movimiento de cabeza, saludó, sonrió y salió. Dos minutos más tarde el cajero hacía respirar vinagre al infeliz dependiente, desmayado en el suelo. BARRY P A I N (Dibujo de Tauler.
 // Cambio Nodo4-Sevilla