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MAÜRlI liVILLA 2 D E SEPBRE. DE 1 930. NUMERO 10 CTS. SUELTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. CERCANA A T E T U A N SEVILLA ABC torcerá el gesto ante la repulsión de la pócima. Apresurémonos a decir que, después de todo, aquí la esencia de la verdad, f o r m u lado por l a sinceridad, nada tiene de repulsivo, como que se compone por igual del encanto de, lo dulce y de la tonicidad de lo acedo. Bien inspeccionada y sin prejuicios, esta preciosa experiencia de nacionalidad la vemos producir, transcurridos cien años, ciertas victorias, ciertos fracasos, sus frutos de miel, sus frutos de ceniza. A h o r a que lo que conviene advertir en seguida es que, tanto el éxito mejor como el mayor desencanto, el liquidar desde el punto de la eficacia el; hecho de la existencia independiente del pueblo belga, deponen de consuno contra el principio de las nacionalidades. L a mejor victoria! belga se llama el Congo, es decir, la sumisión y aprovechamiento de una colonia. E l problema belga más áspero se llama la cuestión flamigante, es decir, la irrecusable existencia y avance de un fenó meno dé ruptura interior. DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G É SIMOSEXTO N. 8.638 GLOSAS BÉLGICA T I E N E C I E N AÑOS. ¿Por qué no estudiamos con alguna atención a Bélgica, ahora que Bélgica tiene cien a ñ o s? Siempre sorprenderá al varón reflexivo esa inapetencia que suele manifestar el común de las gentes por practicar las comprobaciones experimentales más fáciles en aquellos temas cuya discusión teórica le ha apasionado m á s ¡Cuánto no se habrá escrito, por ejemplo, durante cincuenta años, en pro o en contra de la higiene vegetariana! Pero, a quién se le ocurre el levantarse una buelíji. mañana y decir: A ver, vamos a aveIfes vicisitudes, algunos siquiera de los que hace cincuenta años practicaban el vegeta fismo 1 Quien dice el vegetarismo, dice el nacioi í a h s m o Bélgica fué tal vez el primero, entre los Estados contemporáneos- -descontemos, naturalmente, las Repúblicas americanas, descontemos el caso de Grecia, en que la cuestión de la independencia nacional presentábase mezclada indiscerniblemente con otros elementos- en constituirle en virtud de una alegación exclusiva y fura del principio de las nacionalidades. E s t a alegación suya tuvo éxito, t r i u n f ó E l éxito, el triunfo, ¿qué resultado han producido a la larga? ¿Cuál es el valor absoluto del pueblo belga actual en las cotizaclones culturales y políticas del mundo? ¿C u á l es su valor relativo, en p a r a n g ó n con eli pueblo holandés, de quien se s e p a r ó? G bien, si, huyendo de cualquier criterio pragmático, queremos situar nuestro dictamen eli el estricto terreno de los principios, como exclusiva cuestión de justicia, ¿n o s darán, á t a s o aquel éxito, aquel triunfo, una tranquila imagen de la justicia realizada? U n a nueva reclamación nacionalista, ¿no se hab r á producido quizá en el interior mismo de este pueblo, que debe a una reclamación nacionalista su existencia independiente- -en proceso de ecciparidad sucesiva- cuyas perspectivas teóricas de infinitud pueden traernos a l a mente por ventura los interminables, angustiosos caminos de la divisibilidad en los célebres argumentos o apuros con que demostraba el absurdo nacional del movimiento aquel impenitente racionalista- que se llamó Zenón de E i e a? riguar en qué han parado, y a través de cuá- el malogrado R i c k Wauters, por ejemplo, no es cada día citado en todas partes como intermediario significativo entre el postimpresionismo intimista de los Vuillars y los Bonnard y el fiero lirismo de un M a tisse o de un Vlaminck... P a s a r á n los años y este papel será destacado un día justamente, como lo ha sido ya el de precursor, al tratarse del fantástico solitario de Ostende, de ese James Ensor, que en 1878 ya era m á s que sobrerrealista. L a gloria universal coronará el nombre de Wauters, come ha coronado el de Ensor. Y d a r á un lugar de privilegio en el mundo al arte valón y flamenco de los siglos x i x y x x como se lo ha dado al del x v del x v i del x v n a aquel cuya fuerza y riqueza, hoy en p a r t í resucitadas, llenan las pinacotecas ilustres, y de ellas desbordan, para mostrarnos de vez en cuando deslumbradores conjuntos, como el que L o n d r e s gozó hace unos años, como e l que hoy está exhibido. en el pabellón de A r t e flamenco antiguo principal atractivo de la Exposición de Amberes. EUGENIO D ORS E L A R T E B E L G A ¿N o se t o m a r á a mal que yo diga que he vacilado, antes que escribir, como acabo de hacerlo, que el Congo constituía la m á x i m a victoria belga... No, si se, recuerda y se considera justo aquel dicho de Carlyle, que tari faba a Shakespeare, con jrespecto a Inglaterra, a precio de las misnias Indias. S i las Indias no valen más que. el genio de Shakespeare, todo Leopoldvillé; acaso no valga tanto como la pin- Tres etapas de un interesante viatura de James Ensor. He aquí, pues, otro je a Portugal de los productos m á s felices de estos cien Los portugueses son artistas por tempeaños de -existencia nacional belga: su pintura. Quizá ningún pueblo moderno puede ramento. Por eso les preocupa siempre el alabarse- tanto como éste de poseer, de ha- contraste de donde nace la emoción y el ber poseído en i ste lapso de tiempo, un sentimiento del arte. grupo nacional de artistas, constituyendo Así, la segunda etapa de! viaje de los una mañera de escuela, fuertemente carac- delegados, americanos en la Exposición de terizada. pero hablando a la vez el lengua- Sevilla se ha caracterizado por la variedad je universal, con obras de sentido humano, específica de las bellezas mostradas durante muy por encima de cualquier localismo el decurso de ella. pintoresco. Y a hemos convenido en que el Primero, Coimbra, la ciudad doctora, en siglo x i x sobre todo hacia su fina! no ha- cuyo recinto se ampara la esencia de la trabía sido de lo m á s afortunado en punto dición lusitana; después, Oporto, la urbe a artes plásticas; P a r í s ha tenido y mante- que entona sin tregua la canción d r i- n b nido a i o largo de él, en este capítulo, una jo, y más tarde, V i l a do Conde y V i a n a do formidable supremacía; París, sin embargo, Gástelo, donde se aspira el perfume sin ha llegado hoy a ser m á s un mercado artís- mixtificaciones del espíritu del pueblo. tico cosmopolita que otra cosa. Fuera de Para los periodistas españoles ha tenido P a r í s quizá ninguna ciudad podría actual- un doble interés esta etapa, por estar jalomente organizar como Bruselas o Amberes nada sobre lugares que ha de recorrer S u D E B E Y H A B E R -P a r a celebrar su- -o hasta como la pequeña Mons- -una E x- Majestad el Rey D Alfonso X I I I durante centenario, Bélgica tiene abiertas hoy dos posición tan interesante, tan. rica y tan sig- su próxima visita a Portugal. Exposiciones. Lúcida, honrada, noblemen- nificativa de artistas locales. Coimera primero... te, exhibe a ojos de propios y e x t r a ñ o s la L a famosa Atenas lusitana, asentada sobre verdad de su vida interior, los progresos Pero quizá más todavía que la existen- una colina partida, cuyos pies besa el r í o alcanzados, las dificultades subsistentes, los cia simultánea de tantos productores selec- Mondego, se nos ofrece en toda la exprenuevos problemas. Invita, inclusive, a per- tos y vivaces, se puede y debe envidiar a sión de un exaltado romanticismo. sonalidades extranjeras notorias a exami- la Bélgica contemporánea la existencia de E n las cailejas brujas de la vieja E m i nar y estudiar sobre el terreno, en las me- un público esclarecido en gustos estéticos, nio, en las quintas y alquerías de sus alrejores condiciones de comodidad y, a la auténticamente dotado para los mismos, dedores pintorescos, en la misma flora exuvez, con las m á x i m a s g a r a n t í a s de inde- verdadero gourmand y verdadero Qourmet berante, alimentada por el río de cristal que pendencia, el desenvolvimiento de su acti- en cuadros, estatuas, objetos de arte, con nunca tiene prisa, vive perennemente la levidad nacional. Los invitados saben, por vocaciones frecuentes y magnánimas de juz- yenda. otra parte, que nada tanto como la sinceri- gador, de comprador, de coleccionista. A la Sepamos una de ellas. dad será apreciado en su testimonio. Hace existencia de este público se debe, inclusive, E n la media ladera de la montaña verya quince años que este pueblo se captó la atribuir el hecho de que ciertas figuras de de- azul que mira hacia la ciudad destaca l a admiración de todos sabiendo enfrentarse, artistas belgas de gran mérito sean menos nota blanca de una antigua casona restauen plena y austera virilidad, con la dureza conocidas en el extranjero de lo que mere- rada, a la que rodea un pequeño bosque de de las condiciones del destino. N o es de cen; acaparada como ha estado su produc- cedros seculares. aquellos a quienes la amargura de la reali- ción, sin necesidad de Exposiciones ni re- i El pueblo la dio el nombre de Quinta de dad hace huir o perder la línea. Quien ni clamos, por los marchantes locales y por las Lágrimas, en recuerdo de las que en pestañea ante el fuego del cauterio, menos su golosa y adinerada clientela, ¿Por qué trance de muerte vertiera Inés de Castro, V COROLARIOS D E L A E X P O S I C I Ó N IBEROAMERICANA
 // Cambio Nodo4-Sevilla