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A B C. M A R T E S 2 D E S E P T I E M B R E D E 1 9 3 0 E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G g r 3 el río, mirando hacia el Sur, se percibe el arco gigantesco del ptiente metálico, por donde cruzan de una a otra orilla, a niveles diferentes, los viandantes y el ferrocar r i l L a laboriosidad coronada por el progreso. Todo el programa de la jornada es eminentemente industrial, destacando de él la recepción en la C á m a r a Comercial, instalada en suntuoso y monumental edificio, y las visitas a las espaciosas bodegas donde se almacena el incomparable vino de fama mundial, y al gran diario El Comercio de Oporto, que se ha renovado montando casa propia en edificio de nueva planta. E l almuerzo oficial se ha celebrado en el Palacio de Cristal, magníficamente situado en el centro de un bello j a r d í n en alto, con espléndidos miradores que facilitan la contemplación de, diferentes y sugestivos panoramas de la pintoresca ciudad. E l descanso ha tenido lugar en el Gran Hotel, donde h a d e alojarse S u Majestad D Alfonso X I I I cuando visite Oporto. E l propietario, un español que ha recabado, el honor de alojar a su Rey, trabaja sin descanso en la transformación del piso principal del inmueble, donde se derriban muros, se alzan otros nuevos y se colocan mármoles y broncees para trocar en palacio verdaderamente regio la discreta hospedería provinciana. Los periodistas hemos cenado en E l E s c. ondidinho, típico restaurante instalado en el recodo de una calleja, sin duda para justificar su nombre, invitados por el compañero A m a r a l director de l a corresponsalía del Seculo en Oporto. acompañándonos también el enviado del Diario de Noticias, de L i s boa, Belo Redondo. Dos camaradas que son la simpatía personificada. A la mañana siguiente abandonamos Oporto, la trabajadora, para llevar a t é r mino la última jornada de l a segunda etapa. L a carretera que nos conduce a V i a n a do Castelo está en reparación, como todas las del país, que pronto t e n d r á una red de firmes especiales tan buena como la de E s paña. Poco m á s de una hora de camino admirando el paisaje vario y pintoresco, principalmente en la región de Nine, y henos en V i l a do Conde, donde nos espera la m á s grata sorpresa del viaje. Los vilacondeses reciben a los representantes de Suramérica en l a Exposición de Sevilla como a príncipes. Cohetes, músicas, flores que las lindas mujeres del pueblo arrojan al paso de los coches; en l a plaza, las banderas de los gremios que se ponen al frente de la cívica procesión, llegando así hasta la C á m a r a municipal, cuyo presidente, ante las representaciones populares, da la bienvenida a los delegados de Iberoamérica y a la Prensa de España. E l comisario mejicano, Orozco Muñoz, presidente de tumo de los comisarios, dejó traslucir una honda emoción en su respuesta. Los periodistas españoles también han contestado profundamente conmovidos. Y luego, al final del almuerzo, las encajeras de V i l a de Conde han venido a decirnos sus lindos cantares y a tejer para nosotros las danzas del país, tan bellas como las blondas que salen de sus manos primorosas. L a Plaza y el Monte, los dos bandos en que están divididas las encajeras, han depuesto por una vez sus enconos y r i v a l i dades en honor de América ibera. U n a hermosa rapariga ha adornado la solapa de nuestra americana con un crisantemo. N o sé quién nos ha apuntado, al oído, en portugués, una cuarteta, que hemos repetido en castellano: Son tus ojos, encajera, en l a noche de San Juan, la m á s encendida hoguera que t r i l l a en a obscuridad, ¡Lindas en verdad las encajeras del M o n te y de la Plaza! Camino de Viana nos hemos detenido en la fábrica de tapices de Beiriz, artística i n dustria de la que es alma una dama ilustre, cuyo nombre omitimos por no herir su. natural modestia. E l crepúsculo vespertino coincide con nuestra llegada a Viana do Castelo, que baña el L i m a lamoso. A la puerta del hotel, en lo más alto de Santa Lucía, nos reciben, ejecutando sus cantos y danzas típicas, medio centenar de muchachas ataviadas a la usanza del país con preciosos trajes, muy semejantes a los que usan nuestras lindas galleguitas. E l colorido del cuadro es impresionante. Desde el terrado se divisa el valle con sus casitas blancas en medio de las tierras, de regadío, el monte con sus bosques frondosos y su vegetación extvberante, y el mar, libre, graciosamente perfilado por las playas blancas. Cierto es que sólo hay en el mundo dos o tres espectáculos de la Naturaleza que puedan compararse a éste que nos brinda el mirador de Santa Lucía. Y nos hemos deleitado en su contemplación junto a las bellas vianesas, las m á s lindas mujeres de las que en Portugal vimos. A los postres de la cena de esa noche, los periodistas españoles hubieron de brindar en impersonal rotundo por la belleza de V i a n a do Castelo. Luego, la fiesta típica. Arriates de espléndidos jardines, senderos, del monte, calzadas; todo siluetado de candelillas rojizas. Fantástica la iluminación, a usanza del Miño. Cantos y bailes regionales, por todas partes en honor de los huéspedes americanos. U n cuento de hadas en acción. H a terminado la segunda etapa del viaje magnífico. Los delegados de los países concurrentes al Certamen de Sevilla se muestran imponderablemente maravillados, y han prometido solemnemente ser en sus tierras voceros de las excelencias del país lusitano, que se ofrece a los enamorados del arte como algo m á s que una promesa: como una realidad altísimamente inspirada. ANTONIO OLMEDO EL BATALLÓN RARIO LITE- Una enseña gloriosa A h o r a cuando se renuevan y parecen recobrar antiguos bríos, tendencias locales, a l parecer apercibidas para movilizar sus propósitos naturales y justos, creemos muy puesta en razón la alarma manifiesta en un sentido artículo del escritor Ortiz Novo, publicado en l a notable revista de V i g o Vida Gallega. Advierte el articulista que la Universidad de Santiago contó siempre con un emblema glorioso, tremolado hace m á s de un siglo, para guiar a l a lucha a quienes supieron alternar con las tareas escolares los. patrióticos impulsos, dando así ejemplo de gallardía y sacrificio. Como una joya, como una insigne reliquia de inestimable valor g u a r d ó l a U n i versidad, de Galicia tan gloriosa bandera. Se custodiaba la valiosa enseña en lugar de honor en la Biblioteca Universitaria, y siempre que al gran salón, lleno: de libros, íbamos, cuenta el periodista, teníamos una reverencia devota, un saludo de acatamiento, veneración y respeto: para la vitrina que guardaba tan egregio lienzo. E l Rey visitó hace meses da Universidad compostelana, y- viendo la bandera, vetusta, raída, cayéndose a pedazos, dijo- aug era necesario repararla, ofreciéndose a que por su cuenta, se verificase la noble tarea, A s i se realizó. Súpose únicamente que, seg- x ¡los informes del mayordomo mayor de P a- lacio, el histórico lienzo no podía restaurarse, habida cuenta de su gran deterioro. P a s ó el tiempo, y el rector de la Universidad, Sr. Rodríguez Cadarso, ha pedido, y con razón, la enseña perteneciente a la. Universidad compostelana, pues ella, y sóloielía, debe custodiarla. a H a y que cuidar mucho en cuantas cues- fj tiones se refieren a las tendencias regionar listas, a la parte correspondiente al senti- miento. A veces sin voluntad, sin propósito deliberado, se hieren intereses merececlores de sumo respeto. Ya- sabemos cuánto distan de la voluntad ciertos propósitos, y por lo mismo conviene vigilar algunas accionen para que no ciuede en ninguna ni sombra del doble intención. E l batallón literario a que refiere el caso p tual tuvo raíz profundamente patriótica; estando por encima de cuestiones regiona- les. E n los primeros años del siglo xix, ¡cuando se produjo en España entera u í levantamiento contra el poder de los fran- s; ceses, se formó el batallón llamado de los. literarios, nutrido con estudiantes, que dieron ejemplo de bravura y denuedo. Así, queda explicada la fervqrosa devoción des- crita por Ortiz Novo al ver alzarse al caba de siglo y cuarto, en la puerta de l a U n i versidad, -el emblema majestuoso y mal trecho, entre clamores entusiastas y al soii de la Marcha Real. Tratábase, y se trata, de emblema que guarda los mayores pres- tigios y sirve para satisfacer a quienes: tienen apego por bienes inmediatos y al. mismo tiempo guardan devociones consagradas a los ideales. N o s parecen muy bien ios p á r r a f o s efusivos del Sr. N o v o escritos en alabanza de la bandera que guió al combate a los estudiantes gallegos, estando en lucha E s p a ñ a contra el invasor francés, movido por las ambiciones napoleónicas. Como consideramos también justa la ac- tuación del Sr. Rodríguez Cadarso, que rige el Claustro universitario de Galicia, y reclama la enseña gloriosa para ser guardada por quienes en definitiva son, sus más legítimos y próximos dueños. E l articulista de Vida Gallega dice que en la primer entidad docente de Galicia, faltando la bandera retenida circunstancialmente en Madrid, falta algo de mucha i m portancia. N o t a r á su ausencia, no sólo la Universidad compostelana, sino la región entera, y todos los españoles, digámoslo de ¡pasada, tendremos grande honor viendo restituido a su propio hogar el lienzo memorable; donde están impresos con caracteres indelebles sentimientos que, en suma, significan algo que no debe nunca tenerse en poco. N o hay, pues, ocasión para despertar susceptibilidades ni motivo para producir recelos. L a bandera del batallón literario vuelva a su casa propia ¡teniendo en todos los hogares hispanos la admiración y el respeto merecidos. ¡Cuánto nos conviene a todos producirnos con la mayor claridad y franqueza! L o s sentimientos regionales son tan inevitables como sacratísimos. Acomodarlos a la vida general de la nación, es tarea sencilla y conveniente. Cuanto m á s poderosos y vanados sean los elementos constitutivos del país, mayor será la fuerza representada por éste. E n vez de entregarnos al oficio de alimentar discordias, empleemos el trabajo para limar cuantas se puedan producir, con lo cual habremos cumplido obra justa, útil y trascendental. Nuestra misión será, siguiendo tal procedimiento, fácil y beneficiosa. Demasiados empeños ofrece la vida para amargarla sin dar en el afán de convertir en espinoso e i n trincado cualquier propósito que nos salga al paso en la vida corriente. c J. F R A N C O S RODRÍGUEZ
 // Cambio Nodo4-Sevilla