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MADRID- SEVILLA 3 D E SEPBRE. D E 1930. NUMERO 10 CTS. SUELTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, CERCANA A T E T U A N SEVILLA AB DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VIGÉSIMOSEXTO N. 8.639 jff LA A L I A N Z A P E N I N SULAR A la memoria de aquellos soldados españoles que, reganr do con su sangre a n ó n i m a las peñas de Marruecos, supieron dar vida, en un siglo sin esperanza, a toda- la grandeza histórica de l a Península. E l noDle acento de, esas palabras, que abren el libro de Antonio Sardinha, La alianza peninsular, muestran el espíritu con que ha sido escrito. N o hay memoria de un homenaje rnás inteligente y m á s efusivo a la raza hispánica, ni de, una m á s robusta afirmación de fe en sus destinos. H e aquí una obra que debiera circular profusamente en esta época de incertidumbre y de vacilación, que señala una de. las crisis m á s graves por que ha pasado nuestro país. E l político enc o n t r a r í a en ella un ideario fuerte y el simple ciudadano un sano revulsivo para su atonía espiritual. Desconfío, sin embargo, de que La alianza peninsular vaya a muchas manos. E l libro, un poco voluminoso, nos asusta. Nuestra hereditaria dispepsia intelectual no acepta sino el entremés, que engaña al apetito sin satisfacerle. L a ración copiosa no nos atrae m á s que en la mesa. Pese a nuestra reputación de sobriedad, no lo soPero ni los hombres ni los pueblos se r i mos m á s que para pensar. E l español come gen por ese grosero principio, qué en determucho más que reflexiona. minados momentos de crisis, internacional, L o primero que sorprende y nos humilla adquiere la importancia de un dogma. S i la un poco es que, siendo Antonio Sardinha fuerza asumiese de pronto en el mundo todos un polígrafo eminente, apenas sea conocido los derechos, el suicidio sería la única posen E s p a ñ a E l nombre de un pensador y de tura posible de la dignidad. L a fuerza no se un poeta, que pasó lo mejor de su vida pen- hace perdonar m á s que cuando se presenta diente de nuestros problemas y estudiándolos del brazo de la Justicia. ¿Q u e no existe, la con tanto amor como lucidez, suena menos justicia sobre la tierra? ¿Que es una isla que el de cualquier novelista ramplón, de enclavada en los dominios de lo absoluto? esos que han convertido la literatura en una Eso se dice cuando, el escepticismo coquetea con la realidad, empeñándose en desservidumbre de la pornografía. E l autor de La alianza peninsular sabe de conocerla; pero, como creía Kant, en el España m á s que casi todos nosotros. E s a fondo todos sabemos lo que es justo, y lo posesión de las realidades históricas que acre- que es arbitrario. M e refiero al ser intelidita su obra no proviene de un don sobre- gente. E l bruto no cuenta; su destino es, natural; es la recompensa de largos años de dentro de una civilización adelantada, servir estudio y de meditación, que no emprende a la inteligencia ajena. N o es que en Espael hombre si no le anima un gran ideal. E l ña haya pensado nadie en la conquista de dominio de ciertos altos problemas provie- Portugal. Desde los aciagos días en que ne de la esperanza de verlos resueltos al- reinó en nuestro país el penúltimo de los g ú n día. N o es obra de erudito, sino de Austrias, el espíritu español ha progresado apóstol. Trae, lo que brota de su pensa- o bastante para no sentir ciertas formas de miento, un calor de entusiasmo, que trans- la megalomanía militar. Una de las cosas forma la idea en rayo de sol. Mientras v i- de que se ha enterado el español es de que vimos en la intimidad de su espíritu, some- Santiago no está ya dispuesto, como en la tidos al encanto suasorio de sus palabras, una batalla de Cíavijo, a secundar dócilmente gran parcela de su fe pasa a nosotros, como los planes del Estado Mayor. E l santo apósun donativo generoso, destinado a enrique- tol, asqueado tal vez del arraigo de nuestros cer nuestra experiencia intelectual. S i en instintos belicosos, se ha vuelto tan pacifista aquel momento levantase bandera, nos alis- como Briand o Herriot. taríamos a su lado sin vacilar, dispuestos Pero de tardé en tarde retoña en nuestro a seguirle en todos sus heroísmos. Pero, desgraciadamente, un pensador no es un país la planta del iberismo, n o es eso- lo caudillo. Sus ideas preparan la evolución peor, sino que suele haber escritores y- políde un pueblo, pero no la realizan. E l hom- ticos que se dejan adormecer por sus eflubre necesario en esas circunstancias es una vios. Contra ¡esa malsana tendencia cierra simple energía en función. N o fue, ni qui- Antonio Sardinha, no. agresivamente, como so ser más que eso el marqués de Estella, otros literatos de su país, sino con tanta de gloriosa memoria. Día llegará- -y no está moderación como firmeza. Portugal no es, lejos- -en que se le evoque como el campeón ni ha sido, ni puede ser provincia española. m á s resuelto de la ciudadanía española. La efímera unión de las dos M o n a r q u í a s no L a ciudadanía! Todo pensador con sen- nació de la conquista. E s la experiencia tido de la Psicología, y Antonio Sardinha que Castilla y Portugal emprenden después utra en esa categoría, concede importancia de Toro, tomando por base la boda d e l p r í n- decisiva al espíritu de ciudadanía. Como el vocablo patriotismo nos parece un poco gastado, lo suplimos con el de ciudadanía igualmente latino por su abolengo, pero que expresa una mayor intimidad del hombre con lo que le rodea. Pero no quiero por ahora ir a remolque, de ese concepto, ni de su trascendencia vital, pues me importa acompañar al insigne polígrafo portugués en sus retroyisiones históricas. N o pongamos, como se dice en Castilla, la horca antes que el lugar. E l vasto esfuerzo de Antonio Sardinha no es meramente crítico. L a crítica, aplicada a l a Historia, es como la A n a t o m í a opera sobreda muerte. E l pensador. lusitano, luego de analizar las influencias patológicas que han motivado nuestras relaciones fraternales con Portugal, expone el régimen terapéutico que conviene a su restablecimiento. U n a gran parte de su obra es la exposición de los títulos de consaguinidad que, unen a los dos pueblos irrevocablemente. E l español y el portugués son hermanos. L a Geografía los j u n t ó y la Historia remachó el ligamen. ¿P o r q u é obstinarnos en que un hermano esté supeditado al otro? i P o r qué hablar de fuerza y de debilidad? S i la superioridad material fuese un argumento, las grandes naciones harían presa en las pequeñas m a ñ a n a mismo. cipe D Alfonso, hijo de D. Joao II, con ia heredera de Fernando e Isabel, casamiento bien de prisa deshecho por l a muerte del primero. D e modo que si en el siglo X V I Felipe I I sube. al Trono de Alfonso E n ríquez, sube como sucesor del maestre de A v i s invocando títulos jurídicos, en que la fuerza de las armas no interviene sino como un argumento que, aunque decisivo, no se debiera emplear sino en último recurso escribe Antonio Sardinha. L a unión, por otra parte, no se transforma nunca en fusión. N o hay un elemento absorbente y otro que se deja asimilar. Cada uno de los dos países conserva su fisonomía y su conciencia dentro d e- l a consanguinidad establecida por l a Geografía, la raza y la H i s toria. Juntos han estado los dos pueblos en las empresas m á s altas: en la Reconquista y en el descubrimiento de América. Juntos han ido al Norte de África, y siempre s i multaneando l a obra- invasora de la espacia con el designio civilizador de la Cruz. Son, por decirlo así, los dos países, los Adelantados de Dios en la tierra. N o hay por qué, pues, hablar de iberismo, sino de hispanismo, comprendiendo en esa denominación a las dos naciones que anima el mismo ideal y l a misma cultura. Proporcionados en el esfuerzo y en la gloria, los dos pueblos pueden tenerse como iguales, sin que ninguna pasión mezquina estorbe esa nivelación. La alianza peninsular no. es obra para comentada superficialmente y de paso. L a sugestiva exuberancia de sus temas pide un estudio y una atención que exceden de los límites de una crónica. Volveremos, pues, en breve sobre ese libro, que el señor marqués de Quintanar ha vertido eri limpio castellano, fiel, como su ilustre autor, al propósito de identificar los alientos y los ideales de las dos naciones, hispánicas. Pertenece el joven procer español a esa minoría de aristócratas que creería cumplir incompletamente sus deberes para con la Patria contentándose con ser un ornato externo de la sociedad. Sus ambiciones son de una íh- dolé m á s noble y desinteresada. Quintanar es B los que creen que el retraerse a lo 1 meramente decorativo en estos momentos de confusión es un crimen de lesa Patria. Y no se equivoca... MANUEL BUENO París, agosto, 1930. V ¡O COROLARIOS D E L A E X P O S I C I Ó N IBEROAMERICANA Tres etapas de un interesante víaje a Portugal E l d í a- e n que comienza la tercera etapa de la excursión magnífica; amanece lluvioso. E l agua menuda en que se deshacen las nubes golpea blandamente sobre los cristales de las amplias ventanas de nuestro aposento en Santa L u c i a Sugestionado a ú n nuestro espíritu por el espectáculo fantasmagórico de la noche anterior, creemos ver entre sueños las figuras inquietas de unos gnomos traviesos y simpáticos, que repiquetean con sus dedos leves en las vidrieras; para despertarnos.
 // Cambio Nodo4-Sevilla