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DE U N VIAJE DE ARRIBA ABAJO: Y EL CONVENTO DE L A ROCA D E L I N F I E R N O A PORTUGAL VALIOSA I1 E JOYA ARQUITECTÓNICA D E CASCAF. S, MAFRA, PINTORESCO LUGAR. E X LAS I N M E D I A C I O N E S DEL MONASTERIO RÁTAÍ H A FACHADA Durante toda la mañana caminamos p o r l a fértil región del Miñó. Todo verde en. el rigor del estío. Sobre los caminos se- suceden las procesiones de carretas chillonas, dónde los campesinos transportan las mieses. V i d a por todas partes. A l mediar la jornada, hemos llegado a Braga, la Augusta, que fué un día Corte de los Reyes suevos. L a ciudad se ha. modernizado, conservando en toda su pureza, sin embargo, sus monumentos históricos, entre los que destacan la célebre Catedral, de estilo románico, construida en el siglo X I I y la T o r r e del Homenaje de la vieja ciudadela medieval, que se salvó de la piqueta en 1 05, cuando se sacrificaron las murallas en servicio de la reforma urbana. Braga está situada al. pie de una altísima montaña, envuelta en un bosque frondoso, eternamente verde. E n el punto culminante canta las glorias del H i j o de Dios el famoso santuario del Buen Jesús del Monte desde donde se admira uno de los panoramas más N pintorescos de Portugal. L a niebla traidora nos ha impedido contemplarlo en toda su grandiosidad; sólo hemos podido verlo a retazos por entre los jirones de, l inoportuno velo. Pasamos la tarde recorriendo las ubérrimas llanuras del Aveiro, para llegar bien entrada la noche al Palace de Curia, suntuosa estancia de placer y de reposo, junto al modernísimo balneario. Smokings, fiesta mundana; algo frívold que sirve de sedante a nuestros nervios tensos por efecto de las emociones sentidas. A la mañana siguiente emprendemos el regreso a Lisboa, recorriendo en automóviles un camino jalonado de monumentos de arte. Leiría, la ciudad del famoso castillo, del que, entre m i l detalles, impresiona l a silueta grácil de la Torre de la V e l a con sus emparejados campanarios de ojiva estrecha y poco apuntada, nos recuerda l a villa cordobesa de Almodóvar del Río. Poco más allá de Leiría, la moruna y l a serrana, se ofrece a nuestra contemplación el Monasterio de Batalha, joya arquitectónica del s i glo x i y que un Rey lusitano mandó erigir para perpetuar la fortuna de las armas portuguesas en la célebre batalla donde se resolvió el pleito de sucesión al Trono, entablado entre D o n Juan I de Castilla y el popular Maestre de A v i s que reinó con el nombre de Juan I de Portugal. Sobre la tumba del soldado desconocido, que se guarda como un tesoro en una de las naves del Monasterio, los comisarios americanos y los periodistas españoles hemos depositado flores. E n la unción con que todos hicieron su ofrenda se ha traducido el anhelo universal: i P a z! Luego, Alcobaqa, la de la espléndida abadía que fué de los monjes cistercienses de San Bernardo, con su poder eminentemente evocador, nos habla de glorias pretéritas. Sayales y armaduras; cruces y mandobles; fe y valor; símbolos. L a noche ha llegado con nosotros a C a l das de Reina, desde donde hemos march ado directamente a Lisboa. Y al siguiente día hemos visitado el convento de M a f r a grandioso como nuestro monasterio de E l Escorial, y hemos ido después a Cintra, la pintoresca villa real, recuerdo vivo de la Corte, ausenté, que ofrece a la curiosidad del viajero el encanto de sus panoramas lindos que se admiran desde! os Palacios reales. Luego, Tas playas de Cascaes, con su i m ponente B o c a del Infierno maravillosa! obra de la Naturaleza, y la de Monte Estoril, con su gran Casino, siempre animado; ambas en las inmediaciones de Lisboa, sugestivas y bellas, y de imponderables condiciones veraniegas, no ya por su situación y clima, sino por lo atrayente de sus programas de fiestas. Más tarde, los cumplimientos oficiales g
 // Cambio Nodo4-Sevilla