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A B C. MIÉRCOLES 3 D E S E P T I E M B R E D E los ministros de la República, y la ofrenda de flores sobre los sepulcros de Vasco de Gama y de Camoens. Por último, el banquete de despedida en el Club Maxim s, señorial mansión que perfeneció a un noble portugués de heroica ascendencia. Por la magnífica escalera, guarnecida de bronces, hemos trepado al piso principal, llegando al comedor suntuosamente alhajado. Preside la mesa el comisario de Portugal en la Exposición Iberoamericana, coronel Silveira de Castro, al que acompañan los doctores Balbino Regó, José Ataide y Cisneiro Ferreira, el ingeniero Pinto Machado y los Sres. Maya, Jacome de Castro, Meyrelies de, Silva Carvalh o, Mosser y Cordeiro de Sousa. Los comisarios que asisten son: Torre! Revello, de Argentina; Restrepo Tirado, de Colombia; Martínez Castells, de Cuba; Sánchez Latour, de Guatemala; Orozco Muñoz, de Méjico; García de Paredes, de Panamá; López de Rueda, de Uruguay, y Troconis, de Venezuela. E l coronel Silveira de Castro ha hecho el resumen del viaje en palabras elocuentes de un alto sentido intercontinental. Le han respondido adecuadamente el señor Orozco Muñoz, presidente de los comisarios, y el cronista humilde. Después, los excelentes camaradas de la Prensa portuguesa Belo Redondo y Benolie! han dedicado frases de la más alta consideración a los periodistas españoles. En la subsiguiente fiesta del Club Maxim s, reservado a las personas de distinción, ha terminado virtualmente el interesantísimo viaje, preparado por personalidades de contrastado temperamento artístico. En cada jornada se nos ha ofrecido una maravilla de la Naturaleza que contemplar. Nos disponemos a dejar Portugal, el país de los panoramas bellos. Los portugueses, como hemos dicho al comienzo de este tríptico, concurrieron a la Exposición de Sevilla, con una orientación perfectamente definida. Darse a conocer a los países iberoamericanos tal como son, que no como se les supone, era su programa. Complemento de la labor desarrollada en el pabellón por ellos erigido en el Certamen ha sido el viaje a tierras lusitanas de los delegados y comisarios de los países concurrentes. Éstos han apreciado así, sin mixtificaciones, las grandes, posibilidades de la nación lusa, que trabaja, sin dejar por ello de rendir culto a la tradición. Los periodistas españoles hemos podido comprobar cómo el país toma nueva savia y marcha apresuradamente, hacia su resurgimiento. Y al ver cómo Lusitania se dispone a recibir en el próximo otoño la visita de Su Majestad el Rey de España, hemos creído ver en ella, y con nosotros muchos portugueses, el presagio feliz de una nueva era esplendorosa para Portugal bien amado. ANTONIO O L M E D O IQ 30. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 Sigamos hojeando las páginas de la Historia y hallaremos otros casos aparentemetite iguales a los anteriores; en el fondo son diferentes, pero plantean y resuelven esa cuestión de la originalidad én un aspecto nuevo. De todos esos otros ejemplos (y son numerosísimos) vamos a tomar unos cuantos que se refieren a la arquitectura, que externamente manifiesta su proceso evolutivo con rasgos más claros que las otras artes. ¡Cuántas veces, lector, has pronunciado el nombre del Partenón como símbolo de un arte que los tiempos no han. vuelto a producir de más bello y perfecto! ¡Cuántas veces has contemplado una reproducción del maravilloso templo de la diosa Atenea pensando que necesitó la Humanidad cerca de dos mil años para levantar otro templo tan bello, tan perfecto y tan original: la Catedral gótica! ¡Y cuan elocuentes son esas obras. de arte! Para llegar al Partenón fué preciso una labor de tres siglos, preocupándose los arquitectos griegos, no en producir en Selinunte un templo distinto al de Corinto, sino más perfecto que éste. Y paso tras paso, en esas tres centurias, fué el artista griego de Corinto a Selinunte, a Pesto, S i racusa, Olimpia Egina y Atenas para coronar su Acrópolis con la obra más portentosa de la arquitectura antigua. Más larga y difícil fué la ruta del arquitecto medieval para levantar en la isla de Francia, al borde del Rhin o en tierras castellanas las maravillosas Catedrales góticas. ¡Pensad en las luchas centenarias de miles de hombres que fueron precisas para entonar un maravilloso himno de piedra en loor a Atenea o en alabanza a Dios, y se comprenderá fácilmente cuántos años y cuántos esfuerzos de perfección necesita el artista para hacer ofrenda de una obra de arte a la Humanidad! Ese nuevo aspecto de lo original es el perfeccionamiento de los elementos o caracteres artísticos de una obra E l ideal es el mismo, pero el artista trabaja para producir una encarnación más completa y más expresiva de él. A los casos de una labor colectiva, como esos citados del templo dórico y la Catedral gótica, corresponden otros individuales. E n éstos el proceso es más rápido y más corto; no importa, en el fondo son lo mismo unos y otros. (Descontando los cuadros pintados por meras exigencias del público, repitiendo otros del mismo autor, en Rembrandt y en el Greco, por ejemplo, podemos ver esos procesos evolutivos eu busca de la expresión más perfecta de un ideal artístico: la serie de Cristo y los peregrinos de Emmaus, en el primero; de la Purificación del templo, en el segundo. EL El IDEAL ARTÍSTICO problema d e la originalidad Es el Ideal el alma de toda obra de arte. Es fuerza creadora que luego dirige su realización productora de un elemento vital, no cosa puramente artificiosa. Se engendra en el temperamento del artista, gracias a sus visiones del mundo exterior, y con la obra de arle se transmite al público. Existe también, en forma caótica, no organizada, y el artista la recoge, ordena y hace de ella una obra llena de vida. Los hechos y caracteres humanos, las formas o espectáculos de la Naturaleza son los gérmenes de todo ideal, que al desarrollarse en el temperamento d i! artista adquieren los rasgos típicos de éste. En ello radica, pues, el fondo de origina lidád de una obra de arte, y no precisamente en que los caracteres y hechos humanos o los espectáculos de la Naturaleza que exterminan un ideal y engendran una obra artística sean completamente nuevos en e ¡mundo del arte. Esa cuestión de, la originalidad se plantea como un problema importantísimo; es asunto de vida o muerte para el arte. Oímos con frecuencia decir que el trabajo artístico contemporáneo es poco original. Barajamos este juicio con el escándalo que produce en muchas gentes todo intento que suponga una producción distinta de la realizada hasta el presente. Si del campo de las opiniones pasamos al los hechos, vemos? que, en los últimos años, el artista, cual Penélope, ha estado condenado al triste trabajo de tejer y destejer. Recordad los nombres con que se ha rotulado cada modificación artística: neoclásicos, nazarenianos, románticos, prerrafaelistas, naturalistas, impresionistas, luministas, simbolistas, divisionistas o puntillistas, para acabar en las más donosas locuras que jamás se vieron en el campo del arte: los futuristas y cubistas. Todos esos cambios han obedecido a orientaciones estéticas o técnicas, y suponen un esfuerzo colosal en busca de la originalidad perdida. A l lado de esa lucha incesante por conseguirla, se ha desarrollado la epidemia de la imitación arqueológica, del trabajo fácil e infecundo, coronado por el aplauso de una muchedumbre pedantesca, que ha podido permitirse el lujo intelectual de una erudición barata de historia artística. Cuando se acude a la Historia para que el pasado sirva de guía a nuestros juicios sobre el arte contemporáneo, una luz vivísima nos descubre lo que es la originalidad. L a Historia, como caudal de hechos, nos permite un trabajo de observaciones muy fecundas y sólidas, si sabemos interrogarla bien: es un libro abierto a los ojos de nuestra gusto. Llama poderosamente, nuestra atención ver cómo se repite un asunto una y otra vez, con gran semejanza en los rasgos externos, produciendo, sin embargo, verdaderas obras de arte. Recordad la estatua ecuestre de Colleoni, por Verrochio; la de Gattemalata, de Donatello, y la romana de Marco Aurelio, o bien las estatuas de David, realizadas por los dos primeros artistas. Examinando atentamente esas obras (y muchas otras que se, hallan en las mismas condiciones) notaremos que ese parecido externo, común a unas y a otras, es como el asunto en una obra literaria, y esto nos recuerda inmediatamente el caso portentoso de Shakespeare, el, más excelso de los dramaturgos modernos, que no se tomó la molestia de inventar los asuntos dramáticos de su teatro, tomándolos de Bandello, Chaucer, Giraldi, Cincio, Plauto, Da Porto... ¡de do. ide podía! E l argumento en las obras literarias, o el asunto y los rasgos externos o composición en las artes plásticas, son a modo de un tejido, sobre el cual el artista borda los caracteres humanos que ha creado su temperamento o las visiones suyas de la Naturaleza. En esa transformación que hace el artista del mundo externo es en donde radica la originalidad de la obra de arte: lo que él ve en el hombre y la Naturaleza, y cómo lo ve. El artista que toma un asunto literario ajeno a los rasgos externos de una obra plástica y no añade nada de nuevo, personal y lleno de vida, no sólo cornete un plagio, sino que revela ser un simple copista, con mucha p poca habilidad. En ese afán presente de substituir lo externamente nuevo por lo perfecto y lo personal por lo extravagante ha caído el arte en los mayores extravíos, torciendo el curso de su desarrollo. Hablamos de esos absurdos de la pintura y no paramos mientes en los del arte arquitectónico, todo falsedad y producto de una aberración del temperamente propio del artista. Este quiere en cada una de sus construcciones adoptar formas nuevas, procurando que una obra suya no se parezca a las anteriores, y por un miserable plato de novedad venr e todos sus derechos de artista personal. Ese absurdo reina en, el arte contemporáneo y no debe extrañarnos que haya venido a constituir un ambiente malsano, que impide el desarrollo de la vida artística, mixtifica los naturales impulsos de los artistas, embota la inteligencia de los críticos y pervierte el gusto del público, haciéndoles apetecer novedades de relumbrón en ves de sólidos perfeccionamientos artísticos. JAIME D O M E N E G M
 // Cambio Nodo4-Sevilla