Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. JUEVES 4 D E SEPTIEMBRE DE 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA PAG. 7 M E D I T A C I O N E S POLÍTICAS Eí moro de Anzuola Digo a Sánchez Mazas, en el balneario ele L a Perla, mientras Aparicio nos prepara un almuerzo soigné: ¿Quiere usted presenciar un espectáculo, tan pintoresco como reconfortante, cargado de hondo sentido tradicional... D e n tro de unos días se dará en Anzuola, uno de los m á s lindos y más industriosos pueblecitos de esta bendita provincia de Guipúzcoa. Y allá nos fuimos en una luminosa m a ñ a na de agosto, en compañía de dos buenos amigos, uno de los cuales puso a nuestra disposición su automóvil. L a villa está vestida de fiesta, y en el balcón de su Casa Consistorial flamean dos banderas la española y una de traza e x t r a ñ a Otro excelente amigo, que reside en a q u é lla y en su casa espléndidamente nos acoge, explícanos el significado de la segunda, l i s copia exacta del original que, como trofeo glorioso, conquistado por los hijos de A n zuola, se conserva en el archivo municipal, y dio origen al alarde que poco después vamos a presenciar. Se oye ya el son del tamboril. D e t r á s de los músicos, que abren la marcha, aparece montado a caballo un hombre setentón, de recia encarnadura, vestido de frac, tocado con un bicornio, faja al cinto y un bastón de mando en la diestra. Síguenle dos filas de escopeteros, serios y graves, que cercan- -llevando paso marcial- -a un moro vestido con toda propiedad, negro como la pez, montado en un asno y sujeto por una cadena, cuyo extremo está en manos de un espolique. A retaguardia van dos cañones sobre sus armones, arrastrados por sendos borriquillos, y con sus servidores vestidos con el clásico traje del espata- dantsari, pantalón y camisa blancos, pañuelo al cuello y boina rojos. E i cortejo recorre l a villa entre el entusiasmo de las gentes, y, por fin, se detiene en la plaza, en que, frente a frente, se levantan la iglesia y el edificio del Consistorio, las dos casas que verdaderamente son del pueblo. U n a banda de música lo recibe a los sones de la M a r c h a Real. E l hombre vestido de frac se descubre ante el Ayuntamiento, presente en la gran balconada de hierro de la Casa Consistorial, alza después l a mano en que empuña el bastón de mando y recita sin un solo tropiezo y con solemne entonación parte del título primero del libro de los Fueros. E s la p r i mera afirmación española de aquel acto que se desarrolla en el corazón de Vasconia. La Ilustrísima y Nobilísima provincia de G u i púzcoa- -dice- -es parte muy principal del Reino de E s p a ñ a Y terminado su saludo a la autoridad municipal, con marcial continente espolea su caballo y se enfrenta con el cortejo. ¡Soldados! -clama con b r í o napoleónico- Bástame saber que sois naturales de esta villa para concebir que estáis al alcance de la significación que lleva este alarde; y me Siento compelido, ante todo, a demostraros mi gratitud, y al pueblo en general, por la señalada merced de distinguirme y honrarme de ser vuestro caudiho en este acto. caudillo apenas conoce el castellano. E l discurso- -repetido por él durante un cuarto de siglo- -se lo aprendió en un escuerzo de memoria; y, sin embargo, la entonación es la propia de l a letra. E l buen vasco que no la comprende, la siente; y como él, la siente todo el público, que, congregado en torno al cortejo, subrava con aplausos entusiastas sus pasajes cálidos. E l caudillo setentón de cuerpo y juvenil de espíritu, nos refiere que hace mil años el Rey El abundante y deliciosa C R O N Ó M E T R O S y T A Q U Í M E T R O S LOS MEJORES QUE SE F A B R I C A N Y LOS M S GARANTIZADOS A SESE PIDAN CATALOGO ILUSTRAD BOLETÍN D E C O M P R A S I N C O M Vd. a (DISTRIBUIDORES f PARA ES APARTADO III- SA O GRATUITO Y PROMISO PARA EXCLUSIVOS PAÑA N SEBASTIAN El automóvil americano perfecto. MARIANO SANCHO, S. A. Martínez Campos, í Tel. 32 B 28, Madrid. SEL MIXTURA ESPECIAL Transformación maravillosa Hay diez matices distintos, desde el rubio al negro. Estuche pta 10 En Perfumerías y Droguerías. Por mayor 1 Pnftunzrta milm M aDRID 2 1 de Cordoba Abderraman III, con poderosísimo E j é r c i t o de moros, atacó a D García Iñiguez, Rey de Navarra, el cual, no pucliendo oponerle adecuada resistencia, pidió socorro a su yerno, O r d o ñ o II, Rey de Castilla y León, quien, uniendo sus fuerzas a las de su suegro, contuvo la marcha victoriosa del sarraceno en los campos de Valdejunquera. ¡Tremenda batalla, en que los Ejércitos contendientes quedaron maltrechos! Luego, una nueva crecida de moros cercó al Rey de Navarra en su campo y lo mató. P e r o ¡muchachos! -sigue diciendo, con ardoroso énfasis, el viejo caudillo de Anzuola, que se yergue sobre los estribos- no les duró mucho la victoria a los moros. L a compañía de Anzuola había partido, y estaba en camino para prestar su auxilio al E j é r c i t o cristiano, al Rey de, Navarra, y llegado al punto, noticiosa del sitio que ocupaban los moros y de la desgracia que había acontecido el día anterior... acometió por todas partes con tal valor y coraje, que, atónitos los moros, sin poder resistir el valiente, denuedo de la compañía auzuolana, dejaron en sus manos una completa victoria y en el campo muchos cadáveres, testigos de esta gloriosa acción. A l terminar este período la mano del orador está en alto, apretando con fuerza el bastón de mando; su rostro, rasurado, despide lumbre de energía, y el público, electrizado, desahoga su bélica emoción en un aplauso cerrado. E l caudillo, después de una pausa, nos entera de que en aquella acometida la compañía anzuolana se apoderó de tres banderas, dos de los moros, y la tercera tomada por éstos a los cristianos, y que es la que se conserva en el archivo del Ayuntamiento, y fué la ocasión de la fiesta milenaria. Terminada su arenga, el viejo caudillo se dirige al moro encadenado, que previamente ha descendido del asno en que era conducido. T ú africano- -le increpa- descendiente de aquellos árabes que por siglos i n vadieron a la nación española, ¿reconoces la Monarquía e s p a ñ o l a? Los ojos del fingido moro, sobre el negro con que se ha embadurnado la cara, parecen brillar siniestramente. Estrías de sudor, que se dibujan en ella, y especialmente en la punta de la nariz, contribuyen a reforzar la ilusión de que su espíritu lucha entre la rebeldía y la sumisión. E n el público- -subyugado por la plasticidad del cuadro- -hay un punto de expectación. E l moro fingido mueve la cabeza de derecha a izquierda con gesto de negación. E l caudillo entotces insiste con suprema e n e r g í a T e repito: reconoces la Monarquía española? E l moro fingido, como dominado ya, hace un gesto de conformidad. Pues en prueba- -insiste el caudillo- -tira ese turbante al suelo y pisotéalo. Y el moro lo pisotea por tres veces. E l caudillo, satisfecho, deja entonces el puesto al buen vasco que bajo él existió siempre, y, dirigiéndose amablemente al moro, le dice: Pues erretírate a la Casa Consistorial Voces de mando, descarga cerrada, un estremecimiento de españolismo que sacude a todos, alegría en los ojos, sonrisas de placidez en los labios y contento de sí mismos... ¿Q u é me dice usted de ese pedantesco hecho diferencial Que allí estaba notorio y patente; pero que sobre él se cernía el sentimiento nacional, que une y armoniza los hechos diferenciales Quien sólo ve el hecho diferencial o lo ve con lentes de aumento, o sin verlo así lo presenta abultado, es hombre unilateral o creador de ficciones. Y er ambos casos, será todo, menos gobernante. VÍCTOR P R A D E R A