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MADRID- SEVILLA 6 DE SEPBRE. DE 1930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E SIMOSEXTO ya ya N. 8.642 fiar fi REDACCIÓN: P R A D O D E S A N S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y A N U N C I O S MUÑOZ O L I V E POR EL PIRINEO ADENTRO A l cruzar el Pirineo por el túnel de Can franc me encuentro con el mismo fenómeno que otra vez experimenté en los Alpes atravesando el túnel de San Gotardo: una impresión brusca de pleno Mediodía, y la sensación de haberme transportado como mágicamente a un mundo distinto. Las montañas son las mismas, los abetos son iguales a los que poco antes poblaban las laderas que miran al N o r t e la fisonomía, el aire, el tono del paisaje han cambiado, sin mbargo, radicalmente. Hemos penetrado en el Sur luminoso y seco. L a s cumbres muestran al sol implacable sus extensiones rocosas. L o s bosques se mitigan y languidecen. L a frescura de los prados se refugia seto en las hondonadas. Mientras tanto, al levantar la vista, queda uno sorprendido y absorto al ver con qué firmeza se recortan los perfiles de. las montañas peñascosas en el azul imponderable de un cielo profundo y limpio. Entonces es cuando interviene el español que lee los artículos de fondo de los diarios descontentadizos. Es un señor zaragozano que empieza, -tan pronto como se ve en España, la arriesgada operación de hacer comparaciones. ¿Por qué el ferrocarril, en la sección española, no está electrificado como en la sección francesa? ¿Por qué no cumplen sus promesas? ¿Por qué no se electrifica inmediatamente el ferrocarril? Es que estamos muy atrasados concluye mi buen señor de Zaragoza. Y o le digo que el Creador, y para eso es el padre de la justicia, no hay noticia de que nunca haya faltado a sus propósitos de eterna equidad; todo lo ha remediado el Creador a fuerza de compensaciones, y le muestro, al efecto, ese azul imponderable del cielo luminoso que no h a podido admirar en ningún otro sitio del centro de Europa, y de paso le hablo del dulzor infinito de las frutas de su patria aragonesa, y de la energía. valerosa de sus vinos, etc. Pero como observo que mis razones no le satisfacen, y que, por lo visto, las únicas razones que le emocionan son las de los artículos de fondo de los diarios trascendentes, le abandono a su suerte y me pongo a contemplar la Naturaleza. Desfile de imponentes montañones y barrancadas. Maravilla de color en los peñascales de un gris rosado. Algunos pueblos en lo hondo, pobres tal vez, pequeñitos, con las parcelas recién segadas alrededor. Filas de chopos marcando el curso del riachuelo. E s a es España del todo ya. Hasta que el paisaje se abre con intención, de llanura y aparece en mitad de la espaciosa cuenca la ciudad de Jaca. ¿Jaca? ¿Pero existía laca fuera de los mapas geográficos? ¿Quién se decidía a llegar hasta ese confín septentrional de la Península, como no fuesen los disciplinados componentes de la burocracia nacional? E l ferrocarril transpirenaico y los automóviles han hecho de exploradores, y hoy empieza a sonar Jaca como cualquier otro sitio frecuentado del Reino, y mañana será uno de los puntos más solicitados por el turismo racional. P o r lo pronto, la Universidad de Zaragoza ha escogido a Jaca para instalar un curso de verano para extranjeros, y ha puesto en marcha, pero con un acierto in- superable, una Residencia de estudiantes sencillamente perfecta. Protegida por su resistente fortaleza del tiempo de Eelipe II, la ciudad se apelotona en medio de una mesa, llena de claridad y de horizonte. H a y una cornisa natural que los jaqueses han aprovechado con acierto para terminar una linda alameda; desde allí se recrea la vista en la contemplación del valle risueño, con sus huertas y molinos, que un río tortuoso riega y a n i m a E l nombre del río basta para enaltecerlo: Aragón. De las márgenes de este modesto riacho montañés surgió, en efecto, esa vig- orosa nacionalidad pirenaica, que con el tiempo había de consumar tan insignes acciones e imprimir. tan profunda huella en l a H i s t o r i a E l monte Oruel cierra la meseta por el laclo del S u r una montaña de admirable forma, semejante a la proa de un gigantesco navio y plantada de bosque espeso hasta cerca de la cumbre de. roca, que emerge de la sombría mancha selvática como una admirable exaltación en rosa y ocre. Y hacia el Pirineo, empinándose valerosamente en el espacio, el pico del Collarada, a 2.500 metros de altura. Pero el mejor atractivo de Jaca consiste acaso en servir de punto de partida dé variadas y magníficas excursiones. Una, sobre todo, es esencial y admirable: la visita al Monasterio de San Juan de la Peña, o sea la Covadonga aragonesa. E l profesor D. Domingo M i r a l fundador y alma de la Universidad para extranjeros, me ha acompañado en está expedición, que dejará en mi espíritu un recuerdo emocionado. L a carretera se halla a punto de terminar. T a l vez sea yo de los primeros excursionistas que han podido alcanzar en automóvil la cumbre de la montaña que llaman del Salvador, y que un erudito aragonés, D. Ricardo del Arco, afirma ser, con tocio genero de razones históricas, el auténtico Monsalvat de la leyenda de Parsifal. Y o no tengo inconveniente en creerlo. L o exacto es que en estas prodigiosas soledades cualquiera especie de mito adquiere realidad, y que nuestra mente, despojada de todo resabio de actualidad, de todo trato con la civilización moderna, se halla dispuesta a vivir en plena maquinación legendaria, heroica y religiosa. E l llegar a la gran campa donde se asienta el que llaman Monasterio nuevo produce una impresión extraña y honda. L a selva alrededor, el cielo claro como bóveda infinita, y sobre la suave pradera por donde transitan algunos caballos salvajes, la iglesia del Monasterio abandonado levanta sus airosas torres gemelas y luce una portada barroca, que, por su vistosidad y su riqueza de talla, recuerda el florido barroco de ciertas iglesias de Méjico. Después se sumerge uno otra vez en la selva de pinos, abedules y acebos gigantes, y repentinamente se hunde el terreno en una colosal cortadura. L a montaña boscosa se derrumba hacia las tierras bajas, y desde un balcón rústico abierto sobre el abismo se contempla allá abajo, adherido, a la formidable roca en forma de altísimo terraplén, el Monasterio primitivo, con su iglesia, de una elegancia ingenua; su claustro románico, maravilloso, y su pabellón monástico. Desgraciadamente, los franceses del tiempo de Napoleón incendiaron el Monasterio por aquel estúpido prurito de destruir a diestro y siniestro, y sin ninguna excusa estratégica con que recorrían España, los mismos que, cuando a ellos les toca ser invadidos, profieren tan indignadas y formidables lamentaciones. M i amigo D Domingo M i r a l desde este balcón prodigioso, se encarga de darme un curso práctico de geografía altoaragonesa. Difícilmente se buscaría un mirador de semejante eficacia contemplativa, y la limpieza extraordinaria de la atmósfera en la bella tarde estival contribuye al mejor efecto. E l Pirineo se levanta ahí enfrente en una enorme extensión. M i cicerone va señalándome uno a uno los puntos culminantes. Aquél es el Monte Perdido; allí están las montañas de Panticosa; allí aparece el Pie du M i d i aquello es el Collarada; allí está el valle de Hecho, y al fondo la hermosa selva de O z a después, las alturas de Ansó y el Roncal, y a lo lejos Roncesvalles... Y el sol, que majestuosamente se hunde en el confín sereno, dejando al mundo como sumido en una religiosa estupefacción. Es el momento en que la prudencia (la carretera sin terminar del todo, la soledad y desamparo en la montaña) nos induce a buscar el automóvil y regresar de noche a Jaca. JÓSE M a SALAVERRIA DEVOCIONES SEVILLANAS L a de la V i r g e n de U t r e r a Entre las advocaciones más dulces e inefables con que se exaltan las excelencias de la Madre de Cristo se distingue la de Nuestra Señora de Consolación. Porque en ella se expresa toda la confianza puesta por los fieles en la hermosa Señora de que han de recibir por su bendito don las consolaciones que necesitan sus almas, doloridas y angustiadas en este profundo abismo terrenal, semillero de tribulaciones y de miserias. Por eso, ¡con cuánta ternura de los espíritus se evoca en estas tierras sevillanas, llegado el 8 de septiembre, a la milagrosa V i r gen de Consolación de Utrera, la amada y. la reverenciada con las más fervorosas devociones y los más puros y ardientes entusiasmos! V i r g e n de C o n s o l a c i ó n l a q u e e s t á e n los o l i v a r e s consuela m i corazón, que e s t á Heno de pesares. A s i reza, más que canta, el pueblo, lleno de fe por esta V i r g e n cuya belleza también pregona en cantares, comparándola con la de la novia más linda y agraciada: ¡M i r a qué b o n i t a e r a! Se p a r e c í a a l a V i r g e n de C o n s o l a c i ó n de Utrera. Ella- -dice uno de sus historiadores- -tiene el rostro majestuoso y venerable, y los ojos muv vivos, que parecen miran con perspicacia para atender a nuestros ruegos y remediar nuestras miserias. Mas lo que en la adorable imagen admira con mayores efusiones el más alto poeta,
 // Cambio Nodo4-Sevilla