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LAS PISCINAS ALTA Y BAJA D E VESLAU para recrearme en el encanto melancólico de sus callejuelas, con hornacinas de santos en las esquinas y su jardín en el otero. Hay, ya lejos de Badén, otras aguas encerradas en cerco más grato. Se llega al pueblecillo de Veslau por un camino que cruza entre pinares y bordea precipicios, por cuyo fondo corre un arroyo rumoroso. Y a este camino, que va de Badén a Veslau, es más agradable a los ojos que el que nos traio hasta Badén desde Viena; se han olvidado las llanuras áridas y las muertas lagunas ahora, entre los árboles espesos, hay musgo húmedo y esponjoso, y alguna vez, en los claros del bosque, un alegre verdor de pámpanos y agraces. E l camino nos va preparando los ojos, con graduación de paisajes iluminados, para que no se nos deslumhren y se ¡ios cieguen frente al luminoso rincón de Yeslauer. Figuraos una colina con viejos árboles frondosos, y en la colina, en dos remansos de la pendiente, dos remansos de luz verde; son dos albercas grandes y transparentes, sobre las que los árboles inclinan sus ramas con gracia indolente, como ninfas que vienen a mirar en el espejo de las aguas su frente coronada de cabellos sueltos. Más lejos, el otero se hace monía- ña, y desde la montaña bajan los abetos en apretadas falanges, para admirar el milagro, obra del sol, de los cabellos rubios sobre los rostros morenos de las bañistas. Ya en Veslau es posible olvidarse del mar lejano, -y no con menosprecio de la playa, sino por grata desemejanza con ella. L a tristeza de las termas de Badén nos hace añorar otros horizontes; el encanto de estos dos ojos claros, con. que la colina de Veslau mira hacia el cielo, nos recrea el espíritu y nos lo aprisiona, para que no huya hacia los recuerdos... MARIANO T O M A S
 // Cambio Nodo4-Sevilla