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DON CASTO S. TAPIA, QUE SE LICENCIO E N MEDICINA ÉL AÑO 1872 DON HERNÁN BLANCO CARBONAY, D E SETENTA Y N U E V E AÑOS Y CINCUENTA Y SEIS D E EJERCICIO D E LA MEDICINA) es inspector municipal de Sanidad, como se llaman ahora los titulares. -T u v o la culpa de que yo estudiase M e dicina- -nos dice- -el plan del ministro C a talina, por el que se prohibía simultanear dos carreras, b i n esta prohibición y o no hubiera estudiado M e d i c i n a y habría hecho, por el contrario, las facultades de Derecho y Filosofía y L e t r a s pero opté por M e d i cina, porque antes de la revolución del 68 era una profesión muy socorrida. S i v o l viera a nacer no e s t u d i a r a en modo alguno esta carrera. H e ganado dinero, pero como he tenido doce hijos, han sido como los dineros del sacristán, con tanto crío y tanta carrera. Tengo l a medalla de! T r a b a jo, pero con esta medalla bien podía el G o bierno mandarnos a casa c o n una jubilación decentita a los que hemos pagado del medio siglo de ejercicio profesional. De todos l o s descubrimientos médicos llevados a cabo durante m i v i d a médica, me parecen los más importantes los trabajos de Pasteur y la teoría microbiana. Y o no he sido como aquel catedrático de M a d r i d que decía muy serio que él no creía en los m i crobios mientras no los viese atados a los árboles... E l doctor D Casto S. T a p i a nació en V i- Haspardo, partido de Ledesma, provincia de Salamanca, en el mes de j u n i o de 1850. -Estudié M e d i c i n a- -n o s dice- -porque m i familia necesitaba de m i ayuda, y con l a carrera de médico se podía entonces lograr pronto un partido; pero he de asegurarle que no estoy satisfecho de haber elegido esta grave profesión. Y sin embargo, volvería a estudiarla, pero sólo disponiendo de medios para ampliar y perfeccionar el conocimiento de sus materias, hasta que dominara en absoluto la especialidad elegida. H e ejercido en Robliza de Cojos durante trece años, y en V i t i g u d i n o llevo trabajando cuarenta y cinco, durante los cuales he desem- peñado y sigo desempeñando el cargo de forense. F u i veintidós años subdelegado de M e d i c i n a pero a l cumplir la edad reglamentaria se me echó del cargo, sin que el Estado se acordara de los años que le había servido. M e licencié en Salamanca el año 1872, y me doctoré en M a d r i d él año 1881. H e ganado dinero, pero nunca para v i v i r con holgura. Pude ganar mucho más, porque en muchos pueblos no había médico y sólo tenían los. antiguos cirujanos y ministrantes, y las salidas eran, frecuentes; pero nuestra profesión se consideraba- -los tiempos han cambiado- -cómo u n sacerdocio, y había que dejar a voluntad del cliente el estipendio, que en l a mayoría de los casos pagaban con el olvido y en otros con u n regalo, que podía ser un pollo tísico. D é aquí la necesidad de seguir ejerciendo mientras las piernas me ayuden y el cerebro se conserve n o r m a l después... D i o s dirá. D o n Hernán Blanco Carbonay, que ejerce en C a z a l l a de l a Sierra, de l a provincia de Sevilla, desde hace cincuenta y seis años, estudió en las Facultades de Cádiz y Sevilla, por verdadera vocación, encontrándose m u y satisfecho de haber sido médico, y dispuesto a volver a estudiar esta carrera si volviese a nacer. H a ganado lo sucintó para v i v i r y poder costear los estudios a sus cuatro hijos. E l Consejo General de Colegios de Médicos, a propuesta del presidente del Colegio de Sevilla, doctor D Juan L a Rosa, h a s o l i c i tado recientemente para este compañero l a medalla del Trabajo. S i n duda son bastantes más Jos médicos titulares que llevan ejerciendo l a profesión más de cincuenta años, pero nuestras gestiones no han dado con l a pista más que de estos siete: venerables colegas, la mayor parto de los cuales se ven obligados a seguir trabajando para poder atender a sus necesié dades, hecho bien lamentable en estos tiempos, en que tanto se habla de reivindicaciones sociales y demás zarandajas. Creemos que sería uní caso de merecigísima justicia el que el propio Estado, por sí o estimulando a los Ayuntamientos de u n modo eficaz, se preocupase de proporcionar a estos beneméritos hombres de ciencia, que se han jugado muchas veces la vida para defender la de sus enfermos, gozasen de una vejez algo más tranquila que ésta de tener que trabajar para asegurarse el yantar d i a rio. L o s médicos también son obreros, y obreros que no gozan de las ocho horas como límite de trabajo, n i del descanso semanal, n i de seguros sociales más o menos obligatorios, n i de otras ventajas que se han proporcionado a los obreros manuales. N a d i e podría resolver mejor este importante problema de l a jubilación que el director general de Sanidad, y a, él, a l doc or D José A l b e r t o Palanca y Martínez F o r tún, que por su talento y amor al trabajo ha logrado llegar en plena juventud al más alto puesto sanitario de l a nación, brindamos este hecho sangrante, que resolverá, sin duda, si en ello pone l a fuerza de sus. entusiasmos por la Sanidad y por l o s que la cultivan. Después de todo, no se trata de un gasto extraordinario que pueda desequilibrar el presupuesto del Estado, n i siquiera influir en el valor de nuestra moneda. A c a s o no llegue á consumirse el sueldo de u n m i nistro... Algunos de estos venerables médicos ostentan ya l a medalla del Trabajp. ¿N o podría concedérseles a los demás, y con ello la ansiada y necesitada jubilación? Desde estas acogedoras columnas de A B C nos permitimos hacer la justa petición, que. tanto como a los beneficiados, honraría al, gobernante que l a otorgase. DOCTOR J F E R N Á N PÉREZ
 // Cambio Nodo4-Sevilla