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bajo los finos trazos simétricos de las cejas, y esta benevolencia se hace aún más visible en la línea deliciosa de los labios, que esbozan una sonrisa leve, amable y comprensiva, donde se contienen todas las disculpas y perdones posibles. Esta mujer, que no se sabe quién es y que yace en el incógnito, como en la más profunda sepultura, debió amar, seguramente, con todas las fuerzas de su aima y acogió con la magnanimidad de los altos espíritus superiores las flaquezas del ser amado, a quien de fijo alzó compasiva hacia ella con las manos blancas, finas y liliales con que la reprodujo él sabio pincel de Antonio Moro. No debió ser de tan excelso temple la dama desconocida que un maestro de la escuela ho andesa retrató con soberbios arreos de día de fiesta. También en su traje se acumulan las perlas, los rubíes, los botones, los bordados. Las mangas ostentan gran fantasía. Son enormes, abuülonadas; llevan superpuestos unos adornos de gasa y joyeles, y, para mayor y más sublime elegancia, del codo a la muñeca van recubiertas con unas máquinas de sutil y tieso encaje transparente, que debían estorbar muchísimo a la pobre señora el libre uso de los brazos y condenarla punto menos que a una casi ESCUELA ITALIANA. ALEGORÍA DE LA PINTURA Y DE LA ARQUITECTURA completa inmovilidad. Una gola alta se abre en mtídesto triángulo sobre la garganta y el nacer del descote, y deja ver el triple collar que forma una cadena de oro y esmaltes, de donde pende un relicario ornado de una flor de lis, que tal vez indique un linaje augusto. L a cara no es tampoco bella y carece del encanto sutil y casi intelectual que posee la retratada por Moro. En esta señora los ojos no dicen nada. Tan sólo miran y parecen satisfacerse con esto, sin aspirar a otra cosa alguna. L a boca es insulsa y sin carácter bajo la nariz pesada, y de tales labios no es creíble que naciesen más que tópicos vulgares y frases sin interés ni profundidad. Las manos son también del montón, y sólo la oreja, medio disimulada tras un sutil cendal de la cofia y enriquecida por un zarcillo donde se enraciman lindas perlas, es graciosa y acaracolada, sin duda por misericordia de Dios, que quiso dejar en tan pequeño espacio señal de su benevolencia. E l cuadro, no obstante, es de excelente factura, está pintado con gusto depurado, ¡suelto pincel y color agradabilísimo. Un elegante discípulo del maestro Portes reprodujo en dos largos y esbeltos cuadros las figuras de dos de las sobrinas del cardenal Mazarino. Una de ellas es (Hortensia Mancini, que llevó el título de duquesa de Mazarino, instituido para perpetuar la memoria de aquel grande hombre. Hortensia Mancini representa aquí la primavera bajo el aspecto de una alta, graciosa flexible mujer, cuya grácil figura sube con la gracia ondulante de un jiunco sobre un riente paisaje, donde, en jardines floridos, se solazan al dulce aire primaveral elegantes parejas que pasean y juegan por los senderos, junto a las fuentes, cerca de las innumerables y perfumadas flores. De tanta belleza ha guardado la Mazarino una espléndida, fresca y florecida rama de rosal, donde enormes rosas abren pomposamente la amplitud de sus cálices, siendo como un homenaje de la primavera a quien tan a la perfección la está representando. E l traje de la retratada es suntuosísimo, y sólo un delantal bordado parece querer ESCUELA HOLANDESA. DESCONOCIDA UNA
 // Cambio Nodo4-Sevilla