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ESCUELA D E PORBUS. RETRATOS D E HORTENSIA MANCINI, DUQUESA D E MAZARINO, Y D E MARÍA MANCTNI, PRINCESA D E COLONNA recordar la sencillez campestre. Por lo deLuis XIV. Si no hubiese sido por su tío el más, el opulento raso de la falda que se plie- cardenal, María Mancini habríase sentado ga sobre el césped, las perlas admiraoles en el Trono de Francia. Como no había que eti brazaletes, broches y adornos rielan nacido en alcázares y su natural lo era así y adornan el traje; los lazos coquetones, el en grade sumo, tal vez esta nonata reina amplio soberbio descote medio velado por no le hubiese consentido a su regio esposo el cendal de un transparente camisolín y la las infidelidades que le soportó María Terecofia negra a cuyo cobijo se presenta la sa de Austria, en que la alcurnia vencía a cara, sólo son atavíos palatinos y no toaleta los celos. La Mancini no se dejó vencer propia de una partida de campo. sin lucha, y cuando obligada a alejarse de Hortensia Mancini se presenta arrogante, la Corte lo hacía ante las lágrimas del recon esa hermosura pluscuamperfecta que gio amador, le dijo a éste como todo re- parece atributo de las beldades del siglo de proche: Luis XIV y que no es para nada semejante- -Lloráis, sois Rey y me dejáis partir. al ideal esíé- ico del día de hoy. Mas, a peMas, no obstante, hubo de marchar y sar de ello, precisa reconocer que el óvalo luego más tarde casarse con el príncipe del rostro es impecable y que en él anidan Codonna, unión desdichada si las hubo, lleuna boca atractiva y perfecta, unos ojos vando ia princesa una vida aventurera e magníficos, una nariz graciosa. La tez es infeliz hasta fallecer en Madrid, encerrada de nácar y rosas, el cuerpo espléndido y la en clausura por orden de su esposo. figura domina el paisaje con augusta presMas cuando la retrataron personificando tancia. al estío, la turbulenta Mancini no imaginaCon altas espigas doradas en la mano, ba cuál sería su destino. En el lienzo se María Mancini parece presidir los alegres nos muestra también alta y esbelta como trabajos de la siega que ocupan el fondo su hermana la Mazarinó, también lujosadel lienzo, agrupando a los labriegos en una mente vestida, cuajada por doquier de perapacible llanura, donde crecen árboles co- las portentosas. Su rostro inspira simpatía pudos, y el enhiesto campanario de una profunda, pues, a más de ser bello, tiene una iglesia sube sobre la verduragran espiritualidad, que se debe a los ojos María Mancini fué el gran amor de juguetones, a la boca maliciosa, a la nariz, cuyas aullas parecen estremecerse traviesas para acompañar a la risa que va a brotar. Mas como la vida no se acuerda a ir a compás con lo que pedimos de ella, la pobre María Mancini no debió reír mucho en su existencia desorbitada y como sin objeto desde que las duras razones de Estado la alejaron de aquel Trono que un, instante le pareció suyo. Con la segura sabiduría de la escuela italiana del xvii, un artista anónimo reprodujo en un painel decorativo las alegorías de la Pintura y de la Arquitectura. Todo cuanto ahora se desdeña: dibujo, agrupación, manera de componer, armonía del colorido, elegancia, agrado de los ojos, se halla en este cuadro, donde laten las grandes almas de los venecianos y de los florentinos. Las dos bellas artes ostentan- sus atributos respectivos. Son ambas hermosas mujeres, de formas olímpicas, robustas proporciones y serenas academias. Semejan ser inconmovibles, inmortales y no temer ataque alguno. Tras ellas un angelillo travieso juega con un negro antifaz. Tal vez sea la personificación de la critica. MAURICIO LÓPEZ ROBERTS, Marqu s de la Torrehermosa.
 // Cambio Nodo4-Sevilla