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LEYENDAS VASCAS Gau- illa la noche de la muerte. Viejo relato devarra. este simpático pueblecillo de Guipúzcoa, que se reclina en el monte y se baña en el mar, ias más bellas leyendas que uno puede imaginar y pedir. Leyendas de amores, de proezas y heroísmos, de virtudes y vicios, de grandes hazañas, de terribles sacrilegios. Leyendas de vida... Pero hay una, leyenda de muerte, que es menos conocida fuera del país, y que es la que yo he oído en Deva y quiero referir, por curiosa, a mi lector. l a tradición, con. las galas de la poesía, engarza en estos decires legendarios el alma del pueblo y perpetúa a través de los siglos toda su grandeza, que en tales leyendas sale en conclusión la apo oeía de lo bueno, para estímulo y ejemplo, y se conIENE T SOBRE LA IGLESIA PRIMITIVA, DONDE ALOS- USUA FIJE BAUTIZADA, CON HONORES CATEDRALICIOS ALZASE HOY ESTA, dena lo malo con profunda y legítima execración, para escarmiento y odio. Asómanse, además, a estas curiosas relaciones de conseja ¡os viejos usos, las antiguas costumbres, los milenarios ritos. Y para servir a unos y otras salen a relucir en prosa y verso muestras estimables de la literatura vasca, que perdiera estas sus manifestaciones, siempre interesantes, sin el atavío de las leyendas que ellas exornan y perfuman con indecible encanto. Ved esta casa. Sobre su solar se irguió la torre de Alós. E n ella se celebró la gauilla (noche de la muerte) más tenebrosa y llena de misterio que imaginarse puede, en l a que el muerto resucitó y vengó la ajfrenta que en vida enturbió su honor. Pues, señor: que una vez fué todo alegría y júbilo en la señorial torre de Alós. Cabe sus muros nació el primogénito dé sus dueños y señores, una bellísima niña que, andando los años, mereció allí y en el contorno, por sus bondades y ternura, ei sobrenombre de Alós- Usua, la Paloma de Alós. Milla olio ill eta ezcarntsiatt, mil gallinas murieron en las cocinas, y siete toros se corrieron en la emparama (plazoleta que tenían a! frente las casas- torres vascongadas) Nadie hubo en Deva que no participara del feliz acontecimiento. Pero, í; ay! que el dolor nubló presto la alegría de tal nacimiento. Para dar la vida a la hija murió la madre, y las fiestas y ias danzas trocáronse de repente en lutos y suspiros, -fenecida en flor la dulce y caritativa señora de la torre de Alós. Verdad es que D Bertrán, atribulado esposo de la muerta, mostró visiblemente su tristeza y su pesar; pero ptnac- jun, dice el refrán, a los idos... idos y el al parecer inconsolable viudo volvió a ser esposo, dando madrastra a la Paloma de Alós, que, tiempo más tarde, huyendo de la paterna casa, cercada del odio y la envidia, oyó los arrullos y compartió su nido con un mozo de Vidánia, lejos del hogar que un día feliz la vio nacer. E l odio de las otras hijas que nacieron en la torre de Alós, de! a segunda hija de D. Beltrán, siguió implacable, como ei de la madrastra, contra la primera hija, a pesar de su ausencia deí antiguo solar, del que huyó para siempre, con la muerte de su primera señora, la paz y la ventura. V E D ESTA CASA (x) SOBRE SU SOLAR SE IRGUIO L A T O R R E D E ALOS