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L A TORKE D E ALOS SE MIRABA E N LAS AGUAS D E L A RÍA Atizaba el fuego, aumentando las amarUn. médico íntimo y confidente suyo, y éste guras de D. Beltrán, que no podía olvidar ha dicho que la enfermedad no tiene remea su ausente hija, ausente de Alós contra dio. Unos instantes después el enfermo ha su voluntad y sus cariños paternales, uno dejado de existir... tan malo como gentil doncel que, huérfano La noticia ha circulado en seguida por el en edad temprana y pariente del mayor de Silgar, y aquella noche se ha celebrado la la torre de Alós, vino a vivir a ésta al amgau- illa en la torre de Alós. para de aquél. Gau- illa, noche de la muerte, es una cePersonaje es éste en la leyenda Gan- illa remonia fúnebre que se conserva todavía en muchos pueblos del país, aunque despojada que tiene un importante papel. de su primitivo carácter, que hacía de ella Ocurrió, andando el tiempo, que D. Beluna solemnidad profundamente moral, en la trán de la torre de Alós tuvo que tomar sus que, rodeando al difunto que yacía entre ciarmas y caballo para ir a Castilla a luchar rios en medio de la estancia mortuoria, pacontra el moro innel, que en guerra le retuvo rientes, amigos y quienes quisieran entounos años, retardando su vuelta a Vasconia. Entre tanto, en la torre solar, los odios naban su canto, glosando en presa o en verso lo que fuera digno de alabanza o vitupea la PaCcma de Alós que no hacía mucho rio en la vida del muerto, y acusando, si vivía en definitiva en Vidania, se doblaron de justicia había lugar, a los que le kibían y centuplicaron. inferido, mientras vivió, agravios y ofensas, Por entonces acaeció en la casa urr sureparables todavía ante la abierta tumba... ceso extraordinario: el nacimiento de un niño, cuya madre, en las tenebrosidades del Acuella noche, dice la leyenda, se celebró pecado, se envolvía en el misterio. la gacilla en la torre de Alós. En torno En esto, vencedor del árabe, llegó a Deva del muerto, deudos y amigos tejieron la el ya venerable caballero Beltrán Pérez de ofrenda de sus recuerdos y alabanzas en el Ales. Instante terrible para la averiguación engarce de su oración. del origen de aquel niño! Ya se terminaba la gau- iUa cuando, solos Dice ía leyenda que la señora de Alós, en la casa madrastra, hermanas y huérfano, Tesuelta a todo y no pudiendo negar el hese presentó de improviso Alós- Usua, que, cho del ilegítimo nacimiento, harto, público, contra todos los obstáculos de aquéllos, llegó acusó sin vacilación a la mayorazga con tan junto al cadáver de su padre y entonó su satánica habilidad, que el buen Pérez áz canto (i) Alós entró en las más amargas sospechas Pero, ¿qué era aquello? Ante el espanto de su hija, desviando las que había formade los presentes, se lanzaba contra ellos una do de su mujer... tremenda acusación. Alós- Usua, arrogante y No, no podía ser. La Paloma de Alós, valerosa, sin temor a nadie, iba vertiendo en pura v candida, se entregó virgen al mozo las estrofas que salían de su boca toda la de A Idama que se la llevó. amargura de su alma, evocando la negra Pero el honor del caballero, mancillado su historia de la torre, que albergó la deshonhogar en su ausencia, clamaba por su repara de su padre, con aquel episodio del naración, en entredicho de las gentes, que se- cimiento misterioso de un niño, que con todo ñalaban con unánime voz a los culpables. sigilo; y prestamente fué llevado a Zarauz. Acongojado, iracundo, loco de indignaAita- jawaa neria ción, el señor de la torre de Alós se dispugastelan zaniari, so a ser médico de su honra y a saber por ishil aseoric ¡ayo san sí y sin engaño toda la verdad... alós- torrian semia. De repente ha corrida por Deva una mala Ay! na mindura belzá, nueva. El señor de Alós, ¡quién lo dijera! al parecer sano y fuerte, ha muerto 1) E s en vascuence una interesante muestra Hablillas del pueblo dicen que se ha senele la antigua literatura vasca, de una fuerza iído súbitamente enfermo, que ha llamado a de expresión y una vehemencia extraordinarias. ay! nere lotzá. Alavac negárra ta, aitac lur otsal Cuando mi señor padre se hallaba en Castilla, con harto silencio nació un hijo en la torre de Alós. ¡Ay, c u á n t a es mi amargura ¡Ay, c u á n t a mi vergüenza! Sólo quedan para la hija el llanto, para el padre la fría tierra. Ya no faltaba sino decir los nombres de los infames, e ibalos a proclamar para su ignominia, cuando, cruzándose una mirada significativa y fulminante entre ía madrastra y el huérfano, éste, con un salto de tigre, fulguró sobre el pecho de Alós- Usua el relámpago de un puñal... ¡Ah! Entonces- -dice la leyenda- -sucedió algo terrorífico, que heló la sangre de los que lo vieron: el muerto, rodando con estrépito la caja mortuoria, levantóse súbitamente, y a sus pies, bajo el mismo puñal que un momento antes estuvo a punto de cortar la vida de Alós- Usua, cayó exánime el desleal mancebo, en el lecho de muerte vacío de quien él agravió... Con él alba terminó la gau- illa. Y en las primeras horas de la mañana, con toda pompa, como correspondía a su alcurnia, ce ebróse el entierro del noble caballero don Beltrán Pérez de Alós. Pero la gente, sin satisfacer su curiosidad, echó de menos en el cortejo al huérfano aquel que todo lo debía al señor de la torre de Alós. Unos días después, en un monasterio de Navarra, profesaron dé velo la madrastra y sus hijas; la Casa de Alós levantó sus tapices y blasones, y la mayorazga, con su esposo, se retiró a unas apartadas haciendas en el interior del país, donde vivió dichosa y feliz con sus dos hijos y un anciano, c. ue se obstinaba en ocultarse a las miradas ajenas, y en el que algunos, los pocos que le vieron, encontraban; un cierto parecido, en aire y estatura, con D. Beltrán Pérez de Alós... FRANCISCO JdENDIZABAL (Fotos AUica.
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