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pía, M a l t a S i c i l i a Italia, el Mediodía de F r a n c i a Barcelona, V a l e n c i a e islas C a narias: Jamás olvidaré una tarde que pasé en este sitio -el G e n e r a l i f e- -c o n el S r Orfila, su hijo y sobrino, acompañados de dos bellas señoritas, que nos cantaron las canciones andaluzas con mucha expresión y g r a cia. Reclinados en una c u n a de jazmines, madreselvas y mirtos, por donde atravesaba una corriente cristalina, que nos resguardaba de la penetrante fuerza del sol, que en el mes de agosto refleja de las altas c i mas de las montañas c o n g r a n intensidad, oíamos el murmullo de diversas cascadas y fuentes salientes de los pies y la sorda y confusa armonía de los ruiseñores y de m i llares de paj arillos, como también lá melodía lánguida de los gitanos, que salía de sus habitaciones con dirección a nosotros. V i m o s lá campiña abrasada por el sol a r diente, que hacia centellear las aguas del G e n i l y campos de mieses c o n brillo tan inflamado, que parecían u n mar de fuego. E l sol descendía majestuosamente a su lecho nocturno y toda la rega estaba e n vuelta en una masa de l u z las últimas crestas del Picacho del Veleta, con sus m a n chas blancas- de nieve, que coronaban cual diadema toda la cordillera, se hallaban doradas y se confundían c o n la transparencia del cielo, en donde los blancos rayos de l a luz parecían dormir en una continua seren i d a d algunos momentos después el sol desapareció, dejando los últimos rayos sobre las cimas del M u l h a c e n para desaparecer también a su vez. L a s tintas violetas de U l t r a m a r comenzaban a cubrir esta grandiosa escena, haciendo tan rápido el tránsito del día a la noche, que pronto los objetos fueron cubiertos con l a sombría capa de la noche, y la Naturaleza hizo caer la g r a n cortina sobre esta mágica morada de lá voluptuosidad y grandeza morisca. Entonces solté la pluma y exclamé: ¡D i o s mío. cuan bello es esto! ¿E s un sueño o l a realidad? H e visitado los más hermosos países de E u r o p a y de una parte del A s i a ¡os valles de Campan, Argeles. L u d h o n en los P i r i neos; el Grindelwald e Iriterlachen, en la S u i z a el Vesubio Castélmare, Cápri e Isc h i a el E t n a con sus hermosos valles de C a t a n i a el Líbano, c o n sus terrenos cálidos; los valles de B e r y r u t h de Trípoli, de B e r c h i e r a y de E d e u empero, el efecto OJOS P E VALPARAÍSO SE LLAMA E S T E JARDÍN D E MARAVILLA DARRO, E N E L PALACIO D E L GENERALIFE COLGADO SOBRE EL que produjo en mí aquel panorama, ¡cuánta novedad no ofrecía a mi imaginación! Véase que, de intento; no queremos referirnos a otros viajeros ilustres que en todas las épocas y de todos los países han dejado a la posteridad, y dejarán mientras el m u n do sea mundo, expresadas con fervorosos elogios sus impresiones sobre las bellezas de G r a n a d a L u c i o M a r i n e o Siculo, N á v a giero, Jorge B r u i n F r a n c i s c o Hogenberg, Aben- Batuta, P e d r o M a r t y r de A n g l e r i a W a s h i n g t o n I r v i n g el enamorado de la A l h a m b r a cuyas obras son tan conocidas. Pretendemos valemos exclusivamente de insignes personalidades de las letras f r a n cesas, porque de sobra conocemos l a rendida veneración, tan patriótica como a p a sionada, que nuestros vecinos sienten ante sus propios prestigios P o r eso hemos tenido reservada hasta el final una poesía francesa que quizá sea tan desconocida para nuestro descontentadizo visitante como para la mayoría de los españoles. Sú autor, Ale- jandro Dumas. S u fecha, allá por el 1845, cuando, acompañado de sus ilustres camaradas Márquet, B o n l a r g e r y Giraud, y de su famoso criado negro, vivió durante largos meses en Granada, teniendo por palacio la A l h a m b r a Pourquoi guarid le Seigneur, aut d agv Vet de miel, fait Grénade, la aesur dea dmtx fié O j cilios d t il voulv, aemer sous noires mantillos la moitié des rayana qu il gardait pour ifcn Icíétt Pourquoi, donnat jadía le duee aerenade aune anciena traubadoura chántont les aneietis tprcux, donñe t il aujour d húi les poetes lieufmuc Que parfwment éncar les jardina de Grénade t C eat que Bien n á cree Grénadé ét l Alhambra que puor le latir oit Dleu, du del se Itissera! ¿P o r qué, c u a n d o el Señor, lleno de a m o r y de dulzura. a l h a c e r á G r a n a d a l a h e r m a n a de las dos o r gullosas C a s t i l l a s h a querido s e m b r a r sobre s u s n e g r a s m a n t i l l a s l a m i t a d de los r a y o s que g u a r d a b a p a r a s u c i e ¿P o r qué como a l d a r l e en o t r o tiempo lo? los a n t i g u o s trovadores, que c a n t a b a n las a n t i guas preces, le d a h o y los í p e t a s f e l l e e s que: p e r f u m a n a ú n tíos j a r d i n e s de G r a n a d a? ¡P o r q u e D i o s n o h a creado a. G r a n a d a y s u Alhambra sino p a r a e l día e n q u e se canse de l a celeste morada! Después de D u m a s qué hable M o n t h e r lant. P e r o mientras tanto, nuestro P a t r o nato Nacional, de T u r i s m o debiera reclamar un turno para intervenir en ia cuestión. V llenar París de postales de Grana- da, aun borrando e l nombre, que no hay peligro de cjue fuera confundida con P o i tiers o M o u h n s P e r o avaloradas con la poesía del glorioso literato francés, que escribió sus versos en una feliz época en que todavía era desconocida l a literatura turíst i c a improvisándolos- -rasí lo asegura F r a n k P f e n d l e r- -a n t e l a d i v i n a belleza del P a t i o de los Leones, esa p eclosa porción del pabellón hispanomorisco de una Exposición cualquiera que se llama la A l h a m b r a de Granada. ESTE B E L L O ASPECTO D E L GENERALIFE, ¿NO IMPRESIONO TAMPOCO A M H E N R I DEMONTHERLANT? C. G O R T I Z D E V I L L A J O S (Fotos de T o r r e s Molina.
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