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MADRID- SEVILLA 10 D E S E P B R E D E 1930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, CERCANA A T E T U A N SEVILLA m á s presuntuosa pretendía j u z g a r nos- to del hotel, en Atenas, Margot Rico, de otros nos contentamos con comprender. E s a codos sobre l a ventana, advierte que pasa diferencia de posición frente a la obra aje- corriendo por la calle un hombre descalzo y na explica el que opongamos la impresión pobremente vestido. D e su azorada agitaal dogmatismo. Y sin embargo, l a crítica ción infiere l a dama que es un perseguido. de, nuestro tiempo no carece, n i mucho me- ¿Q u i é n lo acosa y por qué? E l hombre mira nos, de fondo científico. L o que nos distin- con angustia aquella ventana salvadora. L a gue de nuestros antepasados en el género habitación está al nivel de la calle. E l homes que, no creyendo, como ellos, en la infali- bre, sin esperar el gesto de misericordia de bilidad de l a ciencia, no concedemos gran la dama, t r e p a y se encuentra en la alcoba. importancia a nuestros conocimientos. P a r a Luego se explica. E s un comunista en pos nosotros el saber es, como operación inte- del cual ha destacado el prefecto de A t e lectual, menos interesante que comprender. nas Sus mejores esbirros. ¿Q u é ha hecho? N a d a divulgar sus creencias, soliviantar a Convendría de todas suertes que surgie- la gente. E l estupor de Margot culmina en se en Francia el crítico ordenador de la el espanto. ¿Q u é hacer? E n la alcoba conproducción contemporánea, que hiciese h o y tigua duerme su marido. ¿Q u é pensará de lo que realizaron en su tiempo Sainte Beu- ella si se despierta? E L instinto de conservave y Brunetiére. E l caos presente, sólo en ción de l a dama dialoga brutalmente con el el campo de la novela asusta. ¿A quién, instinto de conservación de aquel hombre. si no a ese crítico, observador meticuloso y Debo entregarte piensa ella. ¡N o me deprobo, se le podría confiar el cuidado de nuncies! implora él. L a misericordia venescribir la historia literaria, de su país? ce y Margot resuelve despertar a su maEsta avalancha de obras esta pidiendo un rido... muro de contención. Supongamos, emendónos a l a última novela que acabamos de leer, MANUEL BUENO Una mujer se asoma a la ventana; de D r i e u P a r í s agosto, 1930, L a Rochelle, que alguien nos pidiera su. filiación. ¿C ó m o y dónde situarla? U n a obra no brota nunca por generación espontánea. Pertenece a una familia. -Tiene precursores y en algunos casos afines. ¿Quién es este novelista? ¿Q u é influencias han contribuido a la formación de su sensibilidad? Con entrar en el libro y ver lo que hay en A l verme en este agradable e insuperable él de humano no nos basta. E l libro no es el suceso público, el drama callejero que centro de cultura, asistido por todos los hanos ofrece toda su riqueza externa de líneas. lagos y ventajas del confort moderno, no U n a cosa es ver la hora en l a esfera del puedo reprimir una franca exclamación de reloj y otra examinar su máquina. E n la asombro. E l sino de E s p a ñ a parece consistir novela lo que nos apasiona no es el movi- en proce. der y avanzar a saltos. Ayer mismiento de los minuteros, sino el mecanismo mo, l a pequeña ciudad de Jaca vivía una que los pone en marcha. Todo escritor vie- existencia obscura en el fondo del Pirineo, ne de alguien. Entiéndase por escritor el ar- sin otros medios de comunicación que las tista que hace intervenir la sensibilidad y tardas y destartaladas diligencias arrastrala inteligencia en sus relaciones con ló real. das por muías y con un índice de cultura Del otro, del omnisciente, que cree dominar- y de comodidades de lo m á s elemental que lo todo; del pedantón, que se considera con los rincones de las m á s apartadas provincias autoridad para vaciar el Parnaso, no ha- pueden proporcionar; actualmente Jaca está blemos. Ese tipo literario no es tomado en en comunicación directa con Francia y Z a cuenta m á s que en países de una. penuria ragoza, gracias al atrevido ferrocarril intertal de ideas, que, cuando alguien da con a l- nacional, y un próspero porvenir se abre a sus progresivas iniciativas. Pero el salto guna original, le hacen un homenaje... A mi modo de ver, Drieu L a Rochelle es m á s sorprendente es el que marca esta Reun stendhaliano. como lo era Marcel Proust, sidencia para estudiantes extranjeros que la aunque menos difuso que este pr lijo nove- Universidad de Zaragoza ha implantado lista, de quien podría decirse aquello de que, aquí, y que a los cuatro años de su fundapor atender con exceso al árbol, no se pre- ción puede vanagloriarse de poseer un edifiocupa del bosque. S i n proponérselo, el au- cio con sus dependencias anejas de una pertor de La Cartuja de Parma hizo escuela. fección que osaría resistir el paralelo con De los grandes novelistas del siglo pasado las mejores instalaciones similares del él es el m á s seguido por la juventud. L a ac- mundo. ción de la novela de Drieu L a Rochelle es Invitado a pronunciar una conferencia en tan sucinta, que uno se. pregunta cómo ha podido sacar el escritor de ella una mate- la serie del curso académico, la amabilidad ria tan patética. E n otra pluma menos del director me brinda el placer de quedarme atraída por el vértigo de la conciencia hu- como huésped durante unos días, demasiado mana la aventura de M a r g o t c o n Boutros pocos, por desgracia, dado el corto plazo no excedería, con todos los episodios previ- con que, trabajador de siempre, necesito utisibles en una pasión normal, m á s de una lizar mis ocios. D o n Domingo M i r a l sabio veintena de páginas. Pero el novelista, pro- helenista y alma de esta institución, es un cediendo a la manera stendhaliana, se com- recio producto del valle de Hecho, esa i n place en describirnos todos los paisajes es- teresante comarca del Pirineo aragonés, que pirituales que alumbra aquella pasión en las conserva las mejores virtudes esenciales de diferentes personas que rodean a los pro- la ras L. Su patriotismo localista le indujo tagonistas. al Sr. J í i r a l a preferir l a ciudad de Jaca, Estando a horas del amanecer en su cuar- ya que el pueblo de Hecho no ofrecía sufi- ABC DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O V 1 G ESIMO SEXTO N. 8.645 S NOVELAS DE AHORA Una mujer se asoma a la ventana N o ha aparecido hasta ahora, que yo sepa, en Francia el crítico preocupado de ordenar la producción literaria, según sus orígenes y sus tendencias morales. E l primero que abrió la vía a esa pretensión fué Sainte Beuve, y el último, JBrunetiére. Sus descendientes no les han seguido por aquella ruta. H a y en la crítica contemporánea literatos de espléndido talento sino también armados de disciplinas clásicas, como sus precursores, de una sagacidad m á s profunda y de un vuelo m á s vasto en l a generalización. Y o me he preguntado alguna vez a qué se debería ese contraste de dos métodos que parecen excluirse irrevocablemente, v he creído hallar sus causas probables. E l sigio decimonono, con todos sus defectos, fué propicio a la floración de algunos grandes ideales, que ya no encienden el entusiasmo de la gente, un poco trabajadas por la experiencia y por la cultura. E n aquella época se mantenían erguidos, con arregancia que ahora encontraríamos un tanto ridicula, dos ídolos que, si no han perdido totalmente sus creyentes, conservan pocos partidarios: la ciencia y lá democracia. E n menos de medio siglo, esa doble ilusión, sin desvanecerse del todo, luce en el espíritu social con menos intensidad. Creer a ciegas en algo es adoptarlo como fórmula de la ventura. N o me refiero, naturalmente, a España, país que se rige para la vida interior por un meridiano que está m á s allá de las nubes. Hablo de la Europa que cotiza a diario los mismos valores intelectuales. E l siglo decimonono tenía dos fetichismos, que llegaron a sojuzgar a las inteligencias m á s altas: la ciencia y la democracia. E l primero era el símbolo del progreso indefinido, y el segundo, el trampolín para saltar hacia la felicidad. Toda aquella literatura y el parlamentarismo que coexiste con ella est á n fuertemente influidos por dos ideas: la infabilidad de la ciencia y la mitología política. Entonces no se admitía que l a obra literaria prescindiese de la armadura científica, y que el bienestar social se organizase con elementos ajenos al principio de la igualdad. E n vano algunos espíritus, que pasaban por reaccionarios, invocaban la experiencia histórica y la riqueza de la literatura de imaginación para sostener que la ciencia ha sido en todo tiempo sierva de la hipótesis, y ésta una verdad transitoria. L a superstición cientificista estaba tan arraigada, que sus creyentes no se rendían. Todavía Sainte Beuve y Brunetiére, inteligencias saturadas de clasicismo, reservaban una gran parte de su admiración a la literatura de pura fantasía, que ha sido el noble recreo de tantas generaciones. L a crítica que vino posteriormente, excepción hecha de France y Lemaitre, se mostró menos acomodaticia con el pasado. T a n lejos fueron algunos escritores en su parcialidad, que Homero llegó a parecer un poeta para d i versión de la infancia. L a crítica actual, m á s prudente, contemporiza con las dos tendencias, concillando l o mejor de las dos. L a actitud científica UNA UNIVERSIDAD E N E L PIRINEO
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