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A B C. J U E V E S lí D E SEPTIEMBRE DE 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G jgV DEL ACCIDENTE A U T O M O VI L l S T A A U N H 1 0 EL G E N E R A L SANIURIO Y A L DOCTOR PARACHE Es siempre sensible que la propia impericia o la propia imprudencia ocasione víctimas en el automovilismo, pero es aún más doloroso que ocurran accidentes por la torpeza o la insensatez ajena. Este es el motivo del suceso que ha costado la vida al joven D. José Sanjurjo, y el caso es que se repite constantemente por las carreteras. En ninguna del extranjero deja de cumplirse la orden de apagar los faros cuando viene otro coche en dirección contraria. En España ocurre a cada instante; pueden testificarlo innumerables personas. Y es que aquí no se castiga suficientemente esa imprudencia grave, que tanta ocasión da a desgracias. No bastan las multas. Cuando una persona por acción o por omisión voluntaria pone en riesgo la vida del prójimo, debe ser encausada, y si su imprudencia produce víctimas, debe ir a la cárcel sin contemplaciones y sin perjuicio de retirar la licencia para que el coche causante del suceso no vuelva a circular. La sanción debe agravarse cuando el. automóvil culpable no se detenga a prestar auxilio. El que originó el vuelco del que ocupaban el general Mola y sus acompañantes huyó cojyo un relámpago, añadiendo a la culpa la cobardía y la impunidad. Otra infracción, no menos condenable, es la que cometen los incapaces o imprudentes que toman las curvas fuera de su mano, con riesgo seguro de originar un choque y matar o lesionar a los que van por donde deben. ¿Lograré el Sr. Mola descubrir al auto culpable No hemos de excitar su celo ciertamente, pero nos congratulamos de que se ponga en las pesquisas el más fervoroso interés, y no porque nos place él castigo determinado a una persona, sino por la eficacia del ejemplp y porque repugna sablee todo la impunidad de los culpables que cometen un daño y no tienen la. nobleza de prestar socorro. El día que haya en las cárceles, y para unos años, dos docenas de locos o de testarudos que por su prurito en desobedecer las instrucciones sobre el tránsito, den lugar a desgracias personales; ya se tentarán la ropa los imitadores, pero hasta que se siente bien la mano tememos que la cosa no tenga reinedio. t citado bar, donde ya le esperaba el general M o l a y sus acompañantes. Allí despidió el general Sanjurjo al chofer Casas, pero éste se negó a marchar, alegando para ello el que quizá el coche del general M o l a fuera insuficiente para tantaS personas y que sería conveniente tener a disposición el otro automóvil. De esta manera se podían trasladar todos a Madrid más cómodamente. E l Sr. Sanjurjo hizo ver al chófer la molestia que sería para él estar esperando tanto tiempo, pero Casas insistió en quedarse, y hasta parece que exclamó: Y o me quedo más tranquilo, dejando al señor en M a drid en el mismo coche E l Sr. Sanjurjo, en vista de la insistencia del chofer, le dijo que esperara, y entró a cenar con los citados señores. Pero poco después, violento, sin duda, por hacer esperar a Casas, salió y le dijo que se retir a r a así lo hizo el chofer, aunque contrariado por no poder trasladar por sí mismo a Madrid al hijo del general. E l g e n e r a l Sanjurjo, c o n t r a r i a d o V i s i t a s y coronas L a casa del general Sanjurjo ha sida muy visitada durante el día de hoy. P o r la! mañana estuvo S. A R. el infante D A l fonso de Orleáns, y poco después se presentaron el presidente del Consejo, los ministros de Hacienda y Gobernación, el capitán, general, el general Martínez Anido, el vizconde de Salcedo Bermejillo, el director general de Marruecos y Colonias, Sr. Saaved r a el gobernador civil, los generales V a l l e jo y Baxeras, el vizconde de Escoriaza y todos los jefes y oficiales de la Guardia civil. E n avión llegó de Barcelona D Justo, el hermano de la víctima, que se presentó en la casa con el teniente coronel Sr. Rolda, y del Escorial llegaron D. Rosario Sanjurjo, tía del finado, y el padre Agustín Seco, que fué profesor del general Sanjurjo. Se han recibido numerosas coronas de entidades, y algunos empleados de la Compañía Arrendataria han llevado flores a su infortunado Compañero. Valencia 10, 3 tarde. A l general Sanjurjo se han dirigido muchos telegrafías de pésame, con motivo del fatal accidente ufrido por su hijo, y en determinados círtímos, especialmente militares, la condolencia por el mismo es unánime. Cuando se hallaba cenando el general Sanjurjo en E l Escorial, poco después de haberse ausentado su hijo, alguien, enterado del accidente de automóvil de que había sido víctima el doctor Parache, lo comunicó al general, y éste, al saber que había ocurrido dicho accidente, antes de que se le informara del nombre de la víctima, se levantó nervioso, y d i j o ¡M i h i j o! Se le informó debidamente de lo ocurrido para calmar su estado, y el propósito quedó logrado, pero el general, aun después de calmado, expresó su disgusto por la marcha de su hijo. Esta madrugada el general Marzo, enterado del trágico accidente, se dirigió en automóvil a E l Escorial, donde, con las precauciones lógicas, empezó a dar al general Sanjurjo la triste nueva, ocultándole el fallecimiento de su hijo. E l general, profundamente afectado por la noticia que venía a sumarse a sus presentimientos, vino a M a d r i d con el ministro y ambos se dirigieron al Gran Hotel, donde les esperaba el capitán general, D. Federico Berenguer, que comunicó al general Sanjurjo la muerte de su hijo. Seguidamente el capitán general se trasladó al Equipo Quirúrgico del distrito del Centro para trasladar el cadáver del infortunado joven a la calle de Zurbano, 32, donde tenía su domicilio L a capilla ardiente. E l entierro Muerte del doctor Parache Madrid 10, 12 noche. A un kilómetro de E l Escorial ocurrió en la noche del día 9 un accidente de automóvil, que ha costado la vida al doctor Parache. U n coche de pruebas, en el que iban dos mecánicos, fué el causante de la desgracia. E l citado coche tomó una curva fuera de su mano, yendo a chocar con el coche del doctor, al que arrastró unos doscientos metros. E l Sr. Parache quedó muerte en el acto. El accidente ocurrió a las once de l a noche El general Sanjurjo y su hijo, en S a n M a r t í n de V a l deiglesias M a d r i d i o 12 noche Se ha obtenido una información más detallada en cuanto se relaciona con el triste suceso. D José Sanjurjo era, como antes decimos, empleado de la Compañía Arrendataria de Tabacos. E l muerto, por la mañana, se hallaba en la oficina a donde fué a buscarle su padre, el general Sanjurjo, a la una menos cuarto, para llevarle en automóvil a la corrida de toros que se celebraba en, San Martín de Valdeiglesias. E n este pueblo almorzaron, y después de presenciar la corrida, el automóvil, conducido por el chofer Casas, se dirigió a E l Escorial para dejar allí al general Sanjurjo. Este, cuando llegaron a dicho pueblo, expresó a su hijo el deseo de que se quedara a cenar, pero D José Sanjurjo manifestó que no podía hacerlo, porque estaba invitado por el general M o l a y don Guillermo y D Manuel Delgado Brackenbury, con los que cenaría en un conocido bar instalado en la carretera de la Corana. Presentimientos del c h o f e r Casas E n el domicilio del general Sanjurjo, sito en Zurbano 32, quedó instalada la capilla ardiente, en la que se han estado diciendo misas durante toda la mañana. Estas se reanudarán a primera hora de la mañana de hoy hasta las ocho y media, hora en que el cadáver será trasladado en una carroza- automóvil al Escorial, donde quedará depositado en el panteón de familia. E l pésame d e S u M a j e s t a d Según la versión obtenida en el propio domicilio, el doctor estuvo pasando la consulta diaria hasta las seis y media de l a tarde, hora en que se dirigió a E l Escorial, donde le esperaba para cenar el marqués de Viesca. Poco antes de las once de la noche, el doctor, guiando su automóvil, se dirigió a Madrid, cuando, le salió al encuentro un automóvil de la matrícula de pruebas, que llevaba su mano contraria, y arremetió contra el volante. L a inhumación del cadáver del doctor P a rache se verificará en E l Escorial, cumpliendo con esto la voluntad del finado, el cual en distintas ocasiones había, manifestado su disconformidad con el traslado de los cadáveres de un lugar a otro, afirmando que los cuerpos debían enterrarse en el mismo sitio donde ha ocurrido la defunción. D e t a l l e s del trágico accidente A primera hora de la mañana se recibió en la calle Zurbano un aviso, telefónico de Su Majestad, desde San Sebastián, expresando a la familia su pesar por la desgracia. E l Rey se informó de lo ocurrido por, mediación de su secretario el marqués de Torres de Mendoza. Parece que éste, al hablar con la familia, hizo un comentario desfavorable respecto a la costumbre cada vez más extendida, por desgracia, de no apagar los faros en las carreteras al cruce con otro automóvil. L a autopsia d e l cadáver E n el automóvil, guiado siempre por- el chofer Casas, se diripía D José Sanjurjo al Próximamente a la una de l a tarde terminaron las. diligencias de la autopsia del cadáver del Sr. Sanjurjo los médicos forenses señores, Pombo y García Sierra. Las conclusiones de los médicos no han sido enviadas aún al juez, al que seguramente habrán dado un avance verbal del dictamen. E l doctor Parache regresaba, como antes decimos, de E l Escorial, poco después de las once de la noche, guiando el automóvil de su propiedad. A l llegar a una cuesta muy pronunciada que hay en la bajada de E l Escorial, cerca del paso a nivel, avanzó hacia él, a gran velocidad, otro automóvil que, al tomar la curva, derrapó y fué a parar al otro lado de la cuneta. E n el momento del accidente enganchó por la aleta a! automóvil que guiaba el doctor, el cual fué arrastrado a unos doscientos metros aproximadamente. E l doctor Parache murió aplastado en el mismo coche. L a parte delantera de éste ha quedado incrustada en el tablero posterior del mismo, y en el cristal del parabrisas y en el volante había manchas de sangre. Los ocupantes del otro automóvil han resultado con lesiones de poca importancia.
 // Cambio Nodo4-Sevilla