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Suponiendo que los clérigos no deban mezclarse í n las luchas terrenales, siempre serán dignos, de perdón y de alabanza los que se lancen a pelear en defensa de la independencia de su país, indignamente arrebatada por un titulado amigo; del honor de las mujerís, villanamente ultrajadas; de la sangre de inocentes niños, bárbaramente acuchillados... E n cambio, si corno ha dicho un escritor francés, -L u i s Pedro Courier, contra su país nunca se tiene razón, el clérigo que se alce en armas contra su Patria sólo podrá aspirar al dictado de Judas, v a ver su nombre colocado junto a l del sacrilego D Oppas, que, al pasarse a los árabes en l a batalla del Guadalete, labró su propia mancilla y su eterna deshonra. L o s generales imperiales y el mismo Bonaparte, fcijos d e- l a revolución de 1789 parodiaban en E s paña la conducta de cierto partido francés, para el cual los curas de la Asamblea legislativa, que en ÍVersalles se unieron a los representantes del tercer estado; el obispo Gregoire y los abates Fauche y Lebón, diputados de la Convención, y los sacerdotes juramentados, fieles a su Patria, eran malos; v sólo consideraban buenos a los curas vendeanos v bretones, que lanzaban a sus feligreses a la guerra c i v i l la peor de todas las guerras, y abrían las puertas de Francia, al extranjero. Prosigamos nuestro relato. E n Mpuretán, la partida del abad de Couto hizo gran daño a los franceses, que en represalias quemaron el pueblo. i Desde e puente de las Hachas hasta Ribadeo se 1 Inglaterra, al ver l a resuelta actitud de España y Portugal, elevó a 20.000 hombres su ejército en la Península, poniendo a su frente a l joven W e llington. Wellington, lejos de dirigirse a Extremadura a. unirse con Cuesta, como deseaba la Junta Central, contando con los 12.000 hombres del general M a c kenzie, situados a orillas del Tajo, en Santarén; con las partidas de Silveira y con el ejército de Beresford, resuelve atacar a Soult, que se ve obligado a abandonar Oporto y encaminarse, siguiendo la orilla del Cavado, a la provincia de Orense (3 de mayo) Pero ¡qué retirada la suya! Antes de internarse en las montañas inutilizó lá artillería y las municiones, y abandonó el tesoro del ejército... Durante la marcha, los paisanos de Galicia diezmaban su ejército... L o s soldados tenían que vadear los ríos sobre piedras, uno a uno, bajo los tiros de nuestros guerrilleros... E n el puente del Sallador oyeron cañonazos, y todo el ejército se desbandó... A l fin, el i S de mayo llegó Soult a Orense, eri e l estado más lastimoso, hallando Galicia en completa insurrección, L o s paisanos de l a Puebla de Trives, excitados por su abad, se lanzaron los primeros al combate y se apoderaron de 80 dragones, que presentaron en triunfo al marqués de la Romana. Los vecinos del Barco de Valdeorras, llevando a l frente a su abad, al v. er transitar por su territorio los inmensos equipajes de un general francés, compuestos de objetos. robados, se reúnen, atacan a l destacamento que los custodiab. -i, compuesto de 10 S dragones, matan 89, hacen prisioneros los 19 restantes y se apoderan del equipaje. Todos los habitantes del valle empuñan resueltamente las armas para defender la independencia y para oponerse al castigo de sus hermanos si los franceses lo pretenden. Reunidas cinco fieldades eligen una Junta y escogen por sus generales al abad de Casoyo, don José Quiroga, de la ilustre Casa
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