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SANTANDER. ASPECTO EXTERIOR D E LA BIBLIOTECA MKNENDEZ Y PEI. AYO de suspicacia por parte de Menéndez y Pelayo? E l l o es que éste no quiso exponerse a una contingencia, por demás desagradable para quien venía cosechando lauros do- centes por doquier, y trasladó sus matrículas a Valladolid. Véase cómo los extremos se tocan y de qué rrianera el más estudioso de los españoles fué un precursor de los que SALON DE LECTURA siguen una carrera utilizando como principal elemento de trabajo el billete kilométrico. E n Valladolid, terminó triuntalmente la carrera e inició su amistad con el profesor D Gumersindo Laverde, que había de influir en su labor futura casi tanto como Milá y Fontanals. Seguidamente se doctoró en Filosofía y Letras. Tenía por entonces poco más de veinte años. L a fama del talentoso joven había trascendido de la Universidad para llegar a la calle. Y a en Barcelona hizo sus primeras armas ante u n público no docente, disertando en el Ateneo de la ciudad condal acerca de Cervantes considerado como poeta E n M a d r i d dio varias conferencias, que llamaron poderosamente la atención, al extremo de. reunir en el auditorio a grandes mentalidades de la época. U n o de sus oyentes, y de los más entusiastas, fué Cánovas del Castillo, a quien produjo admiración inmensa, que no tardaría en traducirse en algo práctico. Acababa de doctorarse Menéndez y P e iáyo cuando murió D José A m a d o r de los Ríos, dejando vacante la cátedra de H i s t o ria crítica de la literatura española, cuyo desempeño constituía el ideal del joven montañés. Exigíase por entonces la edad de veintitrés años para el profesorado, y don Marcelino aún no los había cumplido. P o r u n detalle burocrático iba a. perder la oportunidad, que difícilmente volvería a presentársele nunca, de orientar su vida al unísono con su vocación. P e r o el detalle era insuperable, porque el requisito lo marcaba la ley de Instrucción pública, que sólo por otra ley podría ser modificada. Cánovas lo supo y se brindó a allanar el obstáculo. T r i u n f a n t e l a Restauración, Cánovas era omnipotente, y la ley de 2 de mayo de 1878 redujo a veintiún años la. edad para el desempeño de cátedras. A l día siguiente de promulgada l a ley fueron convocadas las oposiciones, y en ellas venció Menéndez y P e l a y o victoria nada fácil, si se tiene en cuenta que tuvo como contrincantes, entre otros de no menor valía, a D losé Canalejas y D A n t o n i o Sánchez Moguel. F o r maban el T r i b u n a l D J u a n V a l e r a Milá y Fontanals, D A u r e l i a n o Fernández Gue-
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