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improvisaba cacerías, encierros, cargas de caballería, desfiles... E l cocinero me pagaba con una moneda de cinco duros y, ya servida la cena, ambos nos íbamos a un billar del barrio. Es la hora del aperitivo en L a Perla y va llenándose de público el bar, y de todas partes miran al artista glorioso, que no se sabe cómo puede resistir el peso de su fama y el de sus bigotes. Pantalones blancos, alpargatas playeras, monóculos, periódicos, mujerciías en maillot con gorra de club náutico y la espalda y los brazos color de maleta. Cada torso una maleta de veraneo. Cigarrillos, presuntos apolos con la túnica de toalla, pajas en el papel de seda, calor y resplandores difusos en el- decorado naranja, bolsos enormes y sombrillas como setas, deslumbrantes ventanas a la Concha, jaszbatid allá en la pista, al pie de la escalera de doble rampa. E l local curíase que también ha tomado su cock- tail. Y preside el mostrador, con sus botellas y sus banJeritas internacionales, y allí Perico Chicote, silueta de un trazo, con su americana blanca y agitando la cotelera a la altura del hombro, que así lo exige la elegancia del oficio. Es como un sorteo. Se abre la cotelera, cae el brebaje con sus pedacitos de hielo y a cada cliente va correspond éndole por turno su premio de una embriaguez discreta. E l perfecto barman, dicen las autoridades en la materia, ha de ser un psicólogo y deberá adivinar lo que mejor conviene al estado de ánimo del parroquiano. A todo esto, ¿qué se dice, que se sigue dic endo en nuestra mesa? Ahora habla A n tonio Fuentes: -Mire usted, Sanchiz; vamos a hacer un trato... Si usted mata un becerro yo le pongo banderillas... Sí, yo de banderillero único... Sorpresa ilusionada en nuestra tertulia, gran revuelo alrededor. ¿Volveremos a ver a Fuentes en 1 a plaza? A un señor gordo y calvo se le clava la paja en la boca. -Esto podría ser- -continúa el diestro- -en Valencia, antes de octubre... Interviene Mariano Benlliure: -Corrida de beneficencia, ¿no? Y o regalo un toro de la estocada de la tarde ¿Qué más? Como la cosa va poniéndose seria, se piensa en completar el programa: Ángel Fuentes, hijo de Antonio, que quiere ser torero como su padre como se cantaba en una zarzuela, matará dos toretes, haciendo así su debut con toda solemnidad. Y a ven ustedes si es generoso el cock- tail García Sanchiz. Nuevo contertulio: Fernández Flórez. Por galleguito y por Fernández Flórez es temible el autor de Volvoreta. Parece distraído. Sonambulea, y que sé me perdone la manera de señalar. Con su fina nonchalotice, este Adolfo Menjou céltico va entre las mesas como la bola entre los birles sin derribarlos. Juego el más difícil de la bolera. Por último, descubre su mesa. U n corro de muchachas. U n saludo y desaparece. Es que se ha sentado pegándose a una de las chicas y en seguida, encorvado, con una gran timidez ante el público, a no ser que lo desdeñe, y, en contraste, una incoercible osadía en la confidenc a, principia a musitar las palabras más tentadoras. Siempre con los ojos entornados, los labios en rezo... E l insigne Wenees junto a una mujer, a todas las mujeres, es como un conejo que roe una hoja de col. ¡Cuan distinto Rafael Sánchez Mazas! Es el siglo x v i con la capa, la ofrenda rara y culta, el concepto cortesano. E l bar se transforma en una galería de mármoles, donde se comenta a Baltasar de Castiglionc. No creáis que esto que digo respecto de Fernández Flórez es despecho porque no haya querido contribuir a la fortuna de mí cock- tail. Tiene sus preferencias. A él que no le saquen de su giu- fisz, con su jugo de limón- -que es lo que corresponde a un humorista, como a mí, lírico, toca exprimir las naranjas, y sobre un muestrario variopinto de frutos. Terrible obstáculo la indiferencia, ya que no la animadversión de Wenceslao Fernández Flórez, al que no íe convence ni el uso E L I N O L V I D A B L E M A T A D O R D E TOROS ANTONIO FUENTES en mi cock- tail de unas gotas de curagao, que deberían bastar para conquistar el voto de un holandés honorario como Fernández Flórez, que tan bella y atinadamente ha escrito acerca del país de los molinos de viento. Oportuna alusión. Porque de igual manera que al rodar de las aspas se renueva el aire, la llegada de unas amigas consigue desvanecer la melancolía que me produjo esa amable esquividad del literato, maestro y amigo. Helas ahí, en los talmetes, en la barra. Ríen, chisporrotean. ¿Recordáis las charlas en el teatro isabelino de vuestra ciudad, de vuestra ciudad glacial y gótica, que dijo Barres? ¿Y la merienda castellana en el Bosque, esa finca de antiguo vinculada a vuestro lina e, y que, como su vecina, la de la Condestablesa, tiene árboles anteriores a la conquista de Granada? Pero ahora es verano, y las señoritas castellanas, y las colegialas, cocktelean. A l fin y al cabo, ya no hay mansión aristocrática que no cuente con su pequeño bar. ¡Veamos, Perico... Todas aceptan mi cocktail, y para que rabie Fernández Flórez, nos retratamos, y con exposición, estándonos quietos unos minutos, sin ese estornudo del magnesio, que allí podría ser motivado por la canela y otras, especias con que se florean determinadas fórmulas. Se acabó. Presumo que con esta crónica me distancio un poco de la Academia, adonde quieren ir escritores sesudos y oradores graves. He acabado por ser víctima de mi propio cock- tail. Aunque, a decir verdad, toda la enorme asamblea se encuentra dispuesta a no pertenecer a ninguna Academia. Hay un noruego que tiene una franca, innegable borrachera. Pero es el más sereno de cuantos allí nos hemos congregado. Imaginaos que ha venido a. acometerle un agente de seguros, con un pliego y una estilográfica. E l escandinavo arguye: -i Oh, mi señor! Después del mediodía yo no hago negocios. FEDERICO GARCÍA S A N C H I Z L A- E S T O C A D A D E LA T A R D E POR M BENLLIURE. (DIBUJO D E LA ADMIRABLE ESC U L T U R A H E C H O E X P R E S A M E N T E P A R A ESTE N U M E R O POR E L I N S I G N E A U T O R D E L A O B R A (FCTÓ V M U R O)
 // Cambio Nodo4-Sevilla