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EL DÍA DE... EL MAESTRO LUNA entonces la sospecha deriva hacia una prosaica cuestión de vecindad. Con el maestro Luna no pueden existir tales cuestiones, ya que el compositor aragonés pertenece a la clase de intelectuales de la música, a aquellos de los. que se dice en el argot profesional que les cabe una orquesta en l a cabeza que sienten, piensan y escriben y no necesitan el control del p i a n o p á r a trasladar al papel lo que concibió su cerebro con toda exactitud. E l informador p r e s c i n d e por tanto, de referencias tendenciosas, lamenta de todas veras el preámbulo que escrito queda y directamente pregunta a l maestro: ¿Cómo pasa usted el día? -file levanto de diez y media a once. ¿Tan tarde? -Trasnocho. ¡Ali! -Inmediatamente entro en el despacho. No desayuna? -Nunca. Como es indudable que el haber dormido aclara las i d e a s continúo la labor del día anterior. Si me a c o s t é pensando en resolver algo de forma musical, porla mañana doy vida a la idea. Sobre la mesilla de noche tengo siempre papel pautado, y muchos D fachadas más h o rribles de Madrid, r u b o r de la calle de Hortaleza, y separado del mundo por cincuenta y siete escalones, está el despacho del maestro L u na, cuyo balcón, semejante a un cráter de volcán que hubiera ido al C o n s e r v a t o r i o arroja, en vez de lava, escalas prolongadas, cadencias melancólicas y armonías m á g i c a s en maravilloso conjunto, que huye rápido a las alturas, no se sabe si por buscar su patria celestial o por declararse incompatible con el gusto a r q u i t e c t ó n i c o del edíñcio. ¿Cómo pasa el día el maestro Luna? Tentado estuvo el reportero de buscar sus fuentes de i n formación en los vecinos, ya que desde Gluck hasta Gounod los vecinos de los músicos son- -y más si padecen de insomnio- -los más exactos cronistas de su laboriosidad. E l hecho de que la Reina Carolina de Ñapóles m a n dara envenenar al compositor C i mar osa hace sospechar al p r i n c i p i o que se trató de un crimen de alta política; pero si se añade el dato importante de que Cimarosa, al injerir la pócima que le escamoteó al mundo, había compuesto más de ciento veinte óperas, ETRÁS de una de las EL MAESTRO PABLO LUNA E S C R t B I K DO J l U S l C A OYENDO A L PIANO LO ESCRITO
 // Cambio Nodo4-Sevilla