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-P o c o s aparatos y muchos reactivos- -insinuó- -es u n g r a n procedimiento. -A s í lo creemos nosotros también. L e hablaría a usted mucho rato de la labor del médico psiquiatra, doctor D Pedro G ó mez- Ferrer Martí, hijo de aquel, médico de los niños, de inolvidable recuerdo, pero... -E s t o daría la sensación de u n artículo científico, y yo sólo he venido en calidad de observador e informador. -M e interesa que haga usted constar que las bases sobre las que procuramos la reeducación de los escolares son principalmente psicomédicas, pedagógicas, hasta el punto de descubrir hasta los más nimios detalles sobre la mentalidad y modalidades i n herentes a cada niño, y morales y religiosas, con una orientación francamente práctica para evitar la hipocresía. ¿Se resignan los niños fácilmente a esta reclusión? -pregunto. -D e todo hay. A l principio, la pérdida, aunque relativa, de la libertad, que para ellos era libertinaje, s í después no suelen querer salir. Aquí tienen de todo, y se acostumbran a los buenos hábitos y al orden. A l g ú n tiempo después de su ingreso parece como si todo esto les fuera necesario, i n dispensable... -S e reforman. -L a mayor parte. Podemos apuntar un tanto por ciento de éxitos tan grande, que a veces nos admira. -B u e n material el de la niñez, si ablandado se le da forma en buenos moldes. -T e n í a m o s u n niño reincidente... C u a n do llegó el tiempo de concederle la libertad, que nosotros creíamos preciosa para él, al ir a darle yo consejos paternales para su comportamiento en lo sucesivo, a d virtiéndole que la reincidencia era mayormente censurable que el primer delito, se irguió con nobleza, y, mirándome cara a cara, me d i j o T o d o eso está muy bien y es cosa fácil cuando se tiene unos pad r e s L e atajé temeroso de sus palabras. L o s padres- -le dije- -deben ser nuestros seres más estimables S í señor- -argüyó é l- pero algunos padres... Y o puedo asegurarle que si a ellos les hicieran pagar una pensión diaria de seis pesetas mientras y o estoy aquí, no volvería más; de otra manera... ¿quién sabe, padre d i r e c t o r -Se fugará algún niño de vez en cuando... -P o c a s veces. A l g u n a P e r o caso c u r i o s o A h o r a tienen, como usted ve, las puertas siempre abiertas y parte de las tapias destruidas con motivo de las obras del nuevo pabellón. Fácilmente podrían hacerlo sin esfuerzo, y no lo hacen. Y si alguno! o intenta, jamás busca el terreno fácil. Prefiere el peligro; sube como puede hasta lo alto de las tapias, y desde allí se descuelga hasta. el suelo. Estos niños delincuentes deben pensar que no sería digno cometer u n acto censurable sin la antepenitencia del peligro. E l padre director nos acompaña hasta la puerta. L o s niños le rodean como a u n padre verdad. E n muchos de ellos adivino las taras hereditarias del alcoholismo, de la avariosis... S o n despojos de la H u m a n i dad paterna delincuente. S o n anormales, verdaderos anormales. L a delincuencia i n fantil es siempre una anormalidad. L a ley fatal que asegura que el hombre tiende al mal desde su nacimiento no es verdad, no puede ser v e r d a d y si lo fuera no hay que perder de vista también que el hombre es el animal capaz de mayor perfeccionamiento. -P a d r e T o m á s todo esto tiene u n h e r moso cuerpo; pero el alma, el alma es más que hermosa: es sublime. D E ARRIBA A B A J O L A ESCUELA, INSTALADA E N U N P A B E L L Ó N CONSTRUIDO E X PROF E S O L O S COLONOS E N L A B I B L I O T E C A Y A P R E N D I E N D O A T R A B A J A R C O N L O C U A L A L L E G A N RECURSOS PARA L A I N S T I T U C I Ó N Y S E P R E P A R A N PARA L A V I D A SOCIAL HIPÓLITO TI O SÁNCHEZ (Fotos B a r b e r a Masip.
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