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A B C. D O M I N G O 14 D E S E P T I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 39, LA CAMPAÑA CONTRA LA PESETA N u e s t r a política monetaria Casi a diario aparecen en la Prensa extranjera escritos encaminados a demostrar la desastrosa situación económica de España y la definitiva e irremediable caída de la peseta si no nos apresuramos a ajustamos a. las normas que nuestros espontáneos consejeros tienen a bien trazarnos. E n esta tarea se distinguen algunos diarios ingleses, y varios redactores del periódico francés L Information. E n 16 de agosto último un Banco holandés dirigió a sus clientes, por lo menos a algún cliente español, larga circular, pintando con negros colores la situación de la peseta, terminando por aconsejarles la venta de las pesetas que poseyeran o de los valores que las representaran, para comprar otros de porvenir menos incierto. P a r a que se vea la índole de la campaña que contra l a peseta se realiza, reproduciré algunos párrafos de la circular a que he aludido: E n España no se dan cuenta de que el (Sobierno ha contraído deudas a corto plazo, que deben ser pagadas al extranjero, entre otras, para el reembolso a las Compañías petrolíferas. L a especulación, que conoce el día del vencimiento, toma posiciones a la baja. A esto hay que añadir que existe en España inflación monetaria, porque, junto a los billetes de Banco en circulación, los Gobiernos han pagado a sus acreedores en parte con Deuda nacional. Como es imposible vender esos títulos sin pérdida, circulan de mano en mano como si se tratara de billetes de Banco. E s una inflación oculta. L a Deuda nacional, que en 1928 era de 18.786 millones de pesetas, ha aumentado en dos años 8.265 millones, suma que será emitida en veinticinco años. ¿A qué seguir reproduciendo tales falsedades, encaminadas a que la clientela venda los valores españoles que posea y compre los valores holandeses, patrocinados por el Banco autor de la circular? Conviene, sin embargo, hacer constar que las indemnizaciones a las Compañías petrolíferas americanas, que constituían l a parte más considerable de las. indemnizaciones en oro, están pagadas desde hace muchos meses y que de esas indemnizaciones en oro sólo falta de pagar un crédito de un millón cien m i l libras a la Casa Rothschild, de L o n dres, por no haber llegado el día del vencimiento, sin que haya para- el Tesoro español la menor dificultad en verificar ese pago. L Information, cuya importancia no puede desconocerse, publica casi a diario artículos y sueltos dañosos para nuestro crédito. Últimamente ha. afirmado que el presupuesto español está en déficit porque se cobran mal los impuestos y. se administran peor los monopolios. Comentando el discurso del señor W a i s ante el Consejo del Banco de España, en que no hizo más que repetir, con la autoridad que le daban el cargo y la convicción de los demás de que sus actos estarían en consonancia con sus palabras, lo que muchos habíamos dicho antes: que el Banco de E s paña había prestado a la economía nacional grandes servicios, pero que jamás había realizado uno de los principales fines de todo Banco, de emisión privilegiado: la defensa de la moneda nacional. Comentando este discurso, repito, L Information afirma que el Gobierno español trataba de convertir el Banco en una mera dependencia del Estado, tal vez con fines políticos, afirmación que, dadas las ideas predominantes hoy en el mundo entero en materia bancaria, era el mayor ataque que se podía dirigir contra la peseta; ataque aumentado por la noticia, publicada por varios periódicos franceses, de la dimisión del Consejo del Banco en pleno. Coinciden nuestros censores en las siguientes afirmaciones: España carece de polí- EL RETRATO ¡NO S O Y Y O ES M I H E R M A N O! P E R O SOMOS T A N I G U A L E S Q U E C U A N D O M I P A D R E NOS VEÍA J U N T O S S E F I G U R A B A Q U E E S T A B A BORRACHO. tica monetaria. Cree que su situación obedece sólo a manejos de los especuladores. Tiene el fetichismo del oro. E l poseído por el Banco es algo sagrado, a que no se debe tocar, y, por tanto, no puede aplicar el único remedio para mejorar el cambio: la estabilización inmediata con el patrón oro. Mientras no se emplee el del Banco ó el obtenido por un empréstito exterior, la peseta seguirá bajando Los que de tal modo discurren desconocen el problema planteado hoy en España. Nos encontramos en plena liquidación del gran esfuerzo realizado en los últimos años, y esa liquidación coincide con gravísima crisis mundial. Liquidamos también el desorden que toda Dictadura produce al substituir a la majestad de la Ley el capricho del gobernante. Se equivocan al atribuirnos la creencia de que cuanto ocurre es obra de la especulación. Sabemos que ésta, como ciertos m i crobios, necesita campo abonado para producir sus estragos, y esas circunstancias propicias las ha encontrado en España en 1930, como las encontró en Francia, en Italia y en Bélgica de 1925 á 1926; como creyó encontrarlas de nuevo en Francia cuando la gran maniobra de la Banca austrohúngara contra el franco. E l ejemplo de lo ocurrido entonces a las naciones citadas y a nosotros en la dura lección de 1928- 1929 nos impide acoger las sugestiones de los que nos aconsejan que empleemos desde luego el oro del Banco de España en defender la peseta. Y a llegará la ocasión oportuna en que ese oro adquiera la movilidad que hoy sería su muerte, es decir, su desaparación. Afirmaba que en 1930 había encontrado la especulación circunstancias propicias para maniobrar sobre la peseta. A l comenzar el año pesaban sobre la economía nacional cargas en oro de carácter extraordinario por cantidades considerables: las consecuencias de la intervención en el cambio; los últimos plazos de las indemnizaciones a las Compañías petrolíferas americanas; las compras de trigo y maíz en 1928- 1929 por 433 millones de pesetas; compras extraordinarias ai. extranjero en Guerra y M a r i n a los suscriptores al empréstito sin poseer oro, que acuden al mercado para obtenerlo; los importadores de todas clases que, fiados en las ilusiones engendradas por la intervención, gan mediante créditos en moneda extranjera, convirtiendo de esta suerte operaciones mercantiles en jugadas de B o l s a las notas oficiosas sobre el resultado de la intervención con que termina el año 29, y en las que, según frase exactísima del señor conde de la Moriera brilla más la sinceridad que l a prudencia y todo esto completado por la intranquilidad y el desasosiego producidos por los últimos momentos de la Dictadura. ¿Cómo extrañar que la especulación, maestra en esta- clase de contiendas y alentada por la victoria que sobre el Tesoro español acababa de obtener, aprovechase circunstancias tan favorables para asegurar el beneficio que la peseta le ofrecía? A l liquidar esa situación, como, sin grandes dificultades, viene haciéndolo, el Tesoro español demuestra su pujanza. Los puntos que me propongo tratar en estas líneas son los siguientes: ¿Carece E s paña de política monetaria, como se afirma por los elementos extranjeros a que vengo refiriéndome? ¿Puede España ir a la estabilización i n mediata como esos mismos elementos piden? ¿Debemos rechazar toda idea de estabilización desvainando como muchos españoles sostienen? E l programa trazado por el Ministerio Berenguer- Argüelles y mantenido por el Ministerio Be? enguer- Wais tal cual yo le he entendido, es el siguiente (aparte lá normalidad política, sin la cual las medidas económicas resultarán estériles) Estabilidad de la peseta por la implantación del patrón oro; estabilización al tipo que la realidad indique; período de preestabilización para fundar las bases de la reforma. L a base esencialísima, la nivelación del presupuesto que supone la completa liquidación de lo pasado. Entre tanto, el empleo de paliativos que no consistan en la intervención d i recta y diaria en el mercado de cambios, funesta para Bélgica, para Francia, para Italia y para España, y, por tanto, nada de empleo del oro del Banco ni de empréstitos exteriores para contener unos días ni aun unos meses la baja de la peseta; beneficio que más tarde se paga muy caro, como han comprobado las naciones que acabo de citar. Si, como creo, es éste el programa del Gobierno, a m i juicio no cabe otro; si biea debo añadir que en su aplicación se ha pro-
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