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MADRID- SEVILLA 16 D E S E P B R E D E 1930. NUMERO 10 CTS. SUELTO ABC CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 1 GÉ S 1 MOSEXTO N. 8.650 REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, tanto desconcertantes, de L A V O C A C I Ó N D E ES- mismas leyes, un esto es, con alternativas la meteorología, de lluvia y de buen tiempo y alguna que TADISTA otra sorpresa glacial en pleno verano. L a reincorporación de D J o s é F é l i x de Lequerica a la actividad ministerial, con un cargo que no por lo modesto le eximirá de desvelos en una época de transición tan obscura como la presente. me ha hecho volver la mirada con curiosidad a las páginas que publicó no ha mucho el subsecretario de Economía, comentando, las vicisitudes de l a Dictadura. Releídas a distancia de aquellos días se. advierte que, no obstante haber sido escritas con la preocupación de la puntualidad, a compás de los acontecimientos, no han perdido nada de su específica v i r tualidad. S u autor puede permitirse a veces las escapadas hacia lo humorístico a que nos invitan los hombres, por el contraste entre lo que proyectan y lo que realizan; pero la dialéctica es siempre leal en Lequerica y el juic; v. maduro de experiencia. E s el privilegio de los que vienen a la vida pública con ideas generales. L o s saltes del humor no les descentran nunca. T a m b i é n Canalejas tuvo un recio espaldar juvenil, encendido de, entusiasmo por sus ideas. F u é un período interesante, fértil en ilusiones para la Monarquía, que se sentía segura; con los grandes partidos, en el que ni la misma juventud se consideró dispensada, en el ejercicio un poco turbulento de sus propagandas, de aquel mínimum de respeto al adversario que autoriza la contradicción sin. dar alas a la grosería. ¿D ó n d e están aquellas fuerzas? ¿P o r q u é se han retraído? Entre los veinte y los treinta años ninguna decepción tiene importancia, y a que nuestro espíritu puede negociar toda suerte de hipotecas sobre, el porvenir. L a s decepciones no empiezan a paralizarnos por denE s natural, por otra paite, que la democratro sino m á s tarde, cuando la experiencia cia, identificada plenamente ahora con el sonos ha hecho conocer las fronteras que secialismo, pretenda ir a una revisión de los v a paran los ideales de los egoísmos. E l otro lores que han gobernado sin respetar aquellos día un amigo mío, que ha heredado el brío medrosos escrúpulos del conservatismo. L o y la generosidad patriótica de su insigne que se proyecta es una nueva arquitectura padre y que anda ya por la vida armado de social sobre una cimentación económica m á s H u b i é r a m o s querido ver al joven esta- una espléndida inteligencia, José Antonio dista en puesto más. a la medida de su pre- Primo de Rivera, se me mostraba descora- justa. L a política salió hace ya mucho tiemparación. Revestirse de la coraza de Car- zonado de sus primeras incursiones en ese po de la jurisdicción de las teorías. L o que los V sin la certeza de afrontar el paso de terrible avispero que es la política activa. ahora se pretende realizar, porque la calle ha adquirido demasiada conciencia de su fuerarmas es, en este caso, un rasgo de coque N o se desaliente usted- -le dije por mi tería política del que no va a reportar el cuenta e interpretando una paternal suges- za, es algo que alarma con razón a las claSr. Lequerica la menor satisfacción. ¿Q u é tión de ultratumba, que él no puede desoír- ses conservadoras. puede hacer un hombre de su talento y de Si ustedes, los que tienen en sus manos el José F é l i x de Lequerica echa de menos er ¡su cultura desde un puesto que le empla- porvenir de la Patria, desmayan, ¿qué se va su libro una cosa que tienen, por ejemplo, za entre la iniciativa ministerial, que le es a esperar de nosotros, los que ya, por diver- los portugueses: una opinión tradicionalista extraña, y los expedientes que la recogen y sas causas, no damos al verbo querer m á s culta, informada y con aptitudes de Gobierla archivan? ¿D ó n d e está el espacio nece- que una significación evangélica? E l noble no; algo, en suma, de lo que representan sario para que su personalidad asome y se espectáculo que ofrece un setentón como don Antonio Sardinha y el partido iutegralista. destaque? Ó es que se ha introducido aho- José Sánchez Guerra arrostrando todas las Es verdad. E n España no existe esa fuerza, ra la novedad de que los subsecretarios se amarguras de la vida pública, sin tener nada y no existe precisamente por culpa del conrecluten en una zona intelectual poco fre- personal que defender, es un tónico para el servatismo rico, que ha creído siempre que cuentada de los ministros? E i hombre que ánimo de la juventud. D e otros setentones le basta con la Guardia civil para la defenha escrito Soldados- políticos nos parece y más agitados que él sorprende menos el que sa de sus posiciones y de sus intereses. E l apto para m á s altos empeños que el de entusiasmo no puede operar sobre el vacío. cambiar impresiones con los jefes de sec- se afanen por la reconquista de lo que perdieron. Son los grandes terratenientes del ción sobre el curso de, los asuntos. H a y en MANUEL B U E N O aquel libro, escrito sin la menor animosi- patriotismo con acciones liberadas sobre el pabellón nacional. H a y que felicitarse, pues, dad para el régimen que inspiró sus páginas m á s sugestivas, un conocimiento de la de que el autor de Soldados y políticos haya política en lo que tiene de permanente, que reivindicado su parte en las preocupaciones, son los principios, y de los problemas mo- ministeriales. Conservador, José Félix de L e Puertomoraí dernos que han venido a complicarla des- querica no es, ni mucho menos, un espíritu de que la blusa pugna por alternar con la refractario a las nuevas tendencias políticas, Cuando los arrieros extremeños translevita como clase directora, que descubren si se- manifiestan respetuosas con el pasado portaban a lomo de sus machos lucientes y en lo que tiene de glorioso y compatibles con poderosos los trigos de las cálidas tierras una sincora vocación de gobernante. la dogmática de conservación social, por la de Fuentes, L a Calera y Segura, destinados D o n Antonio Maura, que tenía, como toque nos regimos todos. Ese conservatismo i n- al pan cotidiano de los mineros de R í o t i n dos los grandes hombres, el sentimiento de teligente y dúctil, que fué también el de C á- to, solían sestear bajo la ancha copa de un la continuidad, fué el primero en apreciar la fuerza de esa vocación y el alcance posi- novas, Dato y Maura, ha ido impregnándose moral que mojaba sus raíces en el agua feble de los medios que la acompañan. L a tanto de democracia, que su posición en el cunda del arroyo de L a Madrona, tomaban prematura retirada del gran orador de! a mundo resulta casi heroica. Sus funciones de los sacos rollizos unos puñados del r u vida pública produjo dos efectos a cual más desde el Gobierno son mucho más arduas que bio grano candeal y los lanzaban a voleo sensibles: una profunda depresión de áni- las que desempeñan los elementos políticos con sus brazos vigorosos sobre el rojo temo en los núcleos sociales, que lo espera- de la otra orilla, simples mandatarios de la jado de la iglesia inmediata, cuyos humilban todo del talento y de las virtudes de calle, por. no decir de la plebe. Entre el con- des muros, pardos como la tierra recién la- aquel hombre eminentísimo, y la disper- servatismo, obligado a compaginar el respe- brada, apenas si por el lado de la imafronsión de las energías jóvenes, que le seguían to a la Historia, el mantenimiento de ciertos te llevan el resplandor blanco de la cal dispuestas a no desviarse de su noble iti- principios que son como la musculatura mo- andaluza. nerario. S i con Canalejas desaparece del ral de la sociedad, y los anfielos de abajo, y Se trataba de ofrecer a la V i r g e n de la horizonte político la m á s rica promesa de la la democracia pura, que opera sobre la ilusión Cabeza la prueba de, la fervorosa gratitud democracia doctrinaria, el adiós de Maura de que la libertad y la justicia son dos idea- de los trajinantes, libres por intercesión m i apaga el faro que alumbraba al conserva- les de abolengo parlamentario, fáciles de lagrosa del peligro de la insolacíó n durantismo liberal. Después acá, el gran partido conquistar, hay la misma diferencia que en- te la penosa caminata a través de las tiefundado por Cánovas vive a merced de las tre el banquero cauto, que reflexiona antes rras resecas y bajo un sol bermejo que le ¡í de emprender una operación que compromete todas sus reservas, y el arbitrista, que se lanza a lo desconocido sin temor a la quiebra. Unidad de la Patria, continuidad histórica, defensa de la religión, de la familia y del orden; esos postulados son intangibles para un espíritu conservador. José F é l i x de L e querica lo proclama sin hipocresías. Claro es que la democracia no va ideológicamente contra esos dogmas, tácitamente aceptados por todo el que piensa libremente; pero como la democracia no puede responder de sí misma, puesto que es tributaria de la calle, y la calle, cuando se siente fuerte, lo arrolla todo, incluso la inteligencia de sus tribunos, el conservatismo teme fundadamente que C a liban, instalado en el Poder por obra de l a democracia, expulse violentamente a A r i e l de los dominios de la política. DE V E R Y ANDAR
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