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MADRID- SEVILLA 17 D E S E P B R E D E 1 930. N U M E R O S U E L T O 10 CTS. CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO ILUSTRAD O AÑiO V 1 G É S F MO! E X TO S N. 8.651? BW e REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y- ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. SALVEMOS A L NIÑO H a r á unos meses. el mundo médico se sintió impresionado por un acontecimiento que parecía haberse producido para hacernos dudar de los buenos efectos de la vacunoterapia; en el hospital de Lubeck acababan de morir unos niños a quienes se les había administrado la célebre vacuna inmunizante B C. G (Bacilo Calmette Guerin) L a parte sentimental de aquella tragedia, con ser grave, cedía, s, in embargo, en importancia al hecho científico. L a vacuna, no sólo no había impedido el mal, sino que lo había precipitado, acelerando el proceso destruct o r de la tuberculosis. E r a natural que el Cuerpo médico se alarmase. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que un método experimentado durante seis años brillantemente fracasase de modo tan ruidoso? E l pensamiento médico mundial se fijó, lleno de interrogaciones, en el Instituto Pasteur, de P a r í s y en el bacteriólogo eminente que lo dirige. ¿Q u é había ocurrido? ¿Q u é explicación tenía aquel aparente fracaso? A l g u nos médicos, m á s dóciles a las sugestiones de la imaginación que prudentes, se adelantaron, a. combatir aquel método de inmunización orgánica con razones que a primera vista parecían considerables. otros, como el doctor tierrero Besada, de Barcelona, m á s cautos y reflexivos, después de estudiar a fondo la cuestión, no se avenían a reconocer en la vacuna B C, G la causa de la catástrofe. Estos últimos estaban en lo cierto. L a Prensa médica francesa, por su lado, levantó una polvareda regular en torno de las revelaciones, de Lubeck. L a cosa no. era para menos. Se trataba del nombre del Instituto Pasteur y del prestigio de l a bacteriología francesa. 1 satisfacer, esa legítima curiosidad. Sabido es- -escribe Calmette- -desde lejana fecha el importante papel que desempeña la absorción intestinal en la contaminación tuberculosa y el de las infecciones benignas, 11 amadas- ahora fancib adiares en la producción de una forma de inmunización al bacilo Koch, que presentan los individuos aparentemente no tuberculosos, que reaccionan a la tuberculina. Confirmados en A l e mania y Austria, esos trabajos condujeron a la posibilidad, desde luego adoptada por los investigadores franceses del Instituto Pasteur, de realizar artificialmente la inmunidad antituberculosa, o, dicho de otro modo, la resistencia a las reinfecciones, por l a im- pregnación precoz del organismo infantil por medio de una familia de bacilos que posean las mismas cualidades autígenas que los bacilos bovinos o humanos virulentos, pero que sean impotentes para crear en el presente y en el porvenir, en aquel organismo, -lesiones tuberculosas progresivas. Se trata, pues de la inoculación prematura de virus atenuados. to de laboratorio o de hospital que d é fuerza a esa hipótesis. Se. h a dudado asimismo de la eficacia de laivacuha administrada por l a boca. Eso- -contesta Calmette- -es desconocer l a viva permeabilidad de l a mucosa, i n testinal infantil. Entren por l a v í a que sea, los microbios bienhechores proliferan y aseguran por cierto tiempo su inmunidad a la tuberculosis. E n todas partes l a aplicación de l a vacuna ha contribuido a un considerable descenso de la mortalidad infantil. ¿D u ración de esa inmunidadFÁ Segütij la experiencia adquirida, se prolonga durante toda la primera infancia, es decir, unos V é s añjt pero, como se puede renovar su aplicaci sus efectos se hacen, en cierto modo, permanentes. E l doctor Calriiette recomien. cljá, sobre todo, la precocidadtde la- vacunación. Apenas nacido el n i ñ o de padre o. m a d í e t u berculosos, conviene inmunizarlo 1 MANUEL BUE Í París, septiembre, 1930. 1 l l Como ninguno de los intentos hechos en los laboratorios para obtener esa inmunidad antituberculosa con las diversas secreciones del bacilo K o c h diera resultado útil ni sirviesen tampoco para el caso los bacilos muertos o vivos atenuados por vejez, los, inves: tigadores franceses, inspirándose en lo que había hecho- Pasteur para crear razas atenuadas e inalterables de la bacteridia carbonosa o de virus rábico, se han esforzado en La labor social dd doctor Merleta, conseguir, una raiza de bacilos tuberculosos Nicolich que respondiese a- las condiciones ya descri! H e visitado varias veces este tas. Ese bacilo, una vez logrado, pierde la propiedad: tuberculígena y se pueda adminis- Municipal de Sordomudos y Ciegos, desde trar sin el. menor peligro aun en inyecciones que se fundara, y he seguido de cerca el i intravenosas. A h o r a bien, ¿c u á n t o tiempo desarrollo del centro con una profunda y ¡E l doctor Calmette, procediendo con la dura l a inmunización? Sobre ese interesante sentida admiración hacia la. persona a qiuien f sangre fría que es la primera cualidad de extremo él doctor Calmette se expresa con se debe tan bella obra: D M i g u e l de M é- todo investigador, dejó que se disipase aquel rida y Nicolich, ilustre oculistayprimero y barullo. P o r el momento se limitó a exigir su acostumbrada sinceridad. Introducido ese pedagogo insigne, después, por intermedio de la probidad médica de sus colegas ale- bacilo a dosis convenientes en organismos de de la fatalidad, que un día llevó l a luz desleís manes una información severa de lo ocu- animales sanos, les confiere una resistencia ojos afanosos del joven médico, anulandtj én í rrido. L a diligencia y la honradez germá- manifiesta a toda infección virulenta, que sería mortal para otro organismo. E s a resis- apariencia los esfuerzos anteriores de una j nicas no aguardaron siquiera los resultados de Ja información para pronunciarse, y au- tencia, en los animales de la raza bovina, es vida consagrada al estudio y cerrando de 5 toridades en la materia como los doctores de dieciocho meses contra los efectos de una momento, con una interrogación trágica, el! ¿Prausnitz, de Breslau; Zadec, de B e r l í n inyección- intravenosa de bacilos virulentos. porvenir del notable especialista. Buchmann, de Bonn, y L u d w i g y Bruno A la larga, las células protegidas por la baMiguel Mérida- -Miguelito Mérida, -coi- rió i Lange, que habían estudiado los efectos de cilización acaban por desaparecer. muchos le llaman en Málaga- -quedó ciego t la vacuna IT. C. G en los laboratorios de Esos resultados y los obtenidos en el mono en plena juventud, hace pocos años. Il íes- I Reichsgesurdheitsaint y de Instituto Robert animaron a los experimentalistas a aplicar taba el prestigio de sus pasados é x i t o s pero j K o c h anticiparon su juicio, según el cual la vacuna a los niños recién nacidos de ma- ello no era nada ante el- futuro. Sejwgia la tragedia de Lubeck no podía ser imputa- dres tuberculosas o especialmente expuestos precisa una reacción espiritual milagrosa- pa- r. a. ble a la vacuna. Pero, no obstante ese dical contagio familiar, y el éxito obtenido fué transmudar ios valores científicos: -del, ra- a. tamen, subsistía la gravedad de la situación: era indispensable ahondar en sus causas, dis- igualmente alentador. A partir del a ñ o 1 9 2 4 do médico. Y no sólo los valores cien aftéos, criminándolas con toda claridad. Y eso se hasta la fecha han sido vacunados solamente sino los valores del espíritu, los valoresmiohizo con el rigor que demandan esta clase en Francia m á s de 2 5 8 0 0 0 criaturas, y en rales. E n la noche del hombre, entre las ísai- -de investigaciones, quedando demostrado todos los países en que la vacuna fué adop- ñas de aquella arquitectura académic a desque en el laboratorio del hospital de aquella tada como profilaxia la mortalidad infantil irozada, una llamita de. esperanza conJjnzó a í ciudad alemana se había cometido el graví- disminuyó. Ocioso parece añadir que en nin- l u c i r alcandora interna, luz de reáií lac iís, ¿simo error de administrar a los niños una g ú n caso produjo los efectos desastrosos que resplandor del carácter, que pronto- prendió vacuna que no era la B C. G Ese resul- le atribuyó, por error, el personal del hos- en el desordenado cerebro y se hizo luminatado h a b r á sorprendido a pocos. L a mayo- pital de Lubeck. L a vacuna es siempre i n- ria en el alma del maestro. Y l a risa asojiió, ría de los médicos no permite, por una razón ofensiva. n o y a a. los ojos, -pero síí a los. labjpjldeí de probidad, que sus ideas personales influE l método ha encontrado objeciones, na- triunfador, paliando Ia mueca d la- Jipgueyan en su criterio científico. Suelen ser turalmente. L a administración de un bacilo r a esa mueca ele silencio, de asombr b y de con todos ellos experimentalistas y nada tragedia íntima, característica en la mayoría m á s A todo esto el lector estará poco me- vivo, aunque d virulencia atenuada, no ins- de los ciegos y que mueve a piedad a l i a n pira entera confianza a algunos médicos, que nos que a obscuras respecto a l a famosa vatos poseen la dicha irrazonable de ver. cuna incriminada. ¿Q u é es la B C. G temen que, una vez instalado el bacilo en el medio intestinal, recobre la integridad de su Y Mig- uel- Mérida, rápida, ágilmente, se ¿Q u é efectos produce? Vamos a procurar poder destructor. N o hay un solo experimen- trazó las normas de su nueva existencia. Se E L I N S T I T U T O D E SOI DOMUDOS; -Y C 1 EG TJE MALAGA i! e
 // Cambio Nodo4-Sevilla