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A B C M I É R C O L E S 17 D E S E P T I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 17. L A A S A M B L E A D E L A SOCIEDAD DE NACIONES E l instante más solemne de la A s a m b l e a Discusión general de los trabajos efectuados. O t r o discurso pacifista de B r i a n d E n favor de la Unión Federativa E u r o p e a P u n t o s de vista convergentes Uno de los resultados más importantes de las deliberaciones en la Sociedad de Na- ciones es que entre Inglaterra, Italia v Alemania- -por no hablar de otros países de menos importancia- -se ha establecido una comunidad de punios de vista en cuanto al magno problema de la seguridad y del desarme. A la tesis francesa que antepone la seguridad y el arbitraje al desarme, dichas pontencias oponek otra que aboga en pro de la prioridad del desarme. En efecto, la seguridad es un concepto muy vago. ¿Cuándo se siente en seguridad una potencia? Dinamarca ha desarmado casi completamente, y, sin embargo, no teme la agresión de nadie. Otra potencia, por el contrario, dispone del Ejército más poderoso del mundo; tiene aliados que, por su parte, están fuertemente armados, y, a pesar de ello, se siente amenazada. ¿Para qué ha servido, entonces la firma de los acuerdos de Locarno y el pacto Kellogf Italia ha demostrado en la Conferencia Naval de Londres que desea sinceramente la limitación radical de los armamentos. Inglaterra ha consentido en renunciar al two powers standard. Alemania, por su parte, de- manda que los aliados cumplan con su promesa formal; es decir, que procedan finalmente a la limitación de los armamentos, que han impuesto al Reich. El ministro- de Negocios Extranjeros y primer delegado de los Países Bajos en la Sociedad de Naciones, se ha quejado en su notable discurso de que el desarme no adelante, a pesar de tantas discusiones y resoluciones. Para que los pueblos no pierdan su confianza en la Liga de Naciones es menester que el desarme y la paz económica sean pronto un hecho. No se trata, en efecto, de una Institución formada ayer. La Sociedad de Naciones tiene ya once años de existencia. Desde luego no se debe renunciar, a la seguridad dé los Estados, y por esta razón el desarme no puede ser unilateral. Diño Gran- di. declaró en el Senado de Roma (3 de junio) que la garantía para un Estado que desarma está precisamente en el desarme análogo y contemporáneo de parte de los demás Estados E l instante más solemne de la A s a m b l e a 4 Ginebra 16, 12 noche. (Crónica telefónica de nuestro enviado. L a sesión de hoy ha tenido una solemnidad dramática. L a Asamblea, impresionada por el resultado de las elecciones, en Alemania, al que se atribuye repercusión en la política interna- cional de Europa, aguardaba con ansiedad el- discurso del D r Curtius. Se preguntaba si el representante del Reich lograría desvanecer los temores y el pesimismo dominante. E n el momento que tantas nubes se ciernen en el horizonte europeo, el interés se concentraba en Jo que pudiera decir el delegado del Gobierno alemán. Cuando el D r Curtius subió a la tribuna se hizo un silencio grave, como si sus declaraciones fueran a decidir el destino de los pueblos. Nunca, como hoy, ha sido tan evidente que es imposible establecer el estatuto de Europa con el espíritu que anima a los redacto- res de los tratados de paz. Pero si la idea de, una unión- gana terreno, no es menos cierto el temor a que entorpezcan la obra los acontecimientos ajenos a la voluntad de los hombres responsables. Se reconoce también que todo retraso puede agravar el peligro, porque los pueblos impacientes nfe comprenden la necesidad de avanzar paso a paso por un terreno difícil. E l D r Curtius se ha esforzado en que desaparezcan los negros augurios que se apoderaban de la Asamblea. N o usó de la elocuencia patética n i se dejó llevar por el alegre optimismo que hubiera hecho dudar de su sinceridad. Advirtió que no desconocía la gravedad de la hora y que tiene presentes los hechos que inquietan la opinión pública, pero acertó a expresar su confianza en la que la idea de la guerra no puede turbar a los que trabajan en la reconstitución de Europa. Se ha hecho aquí alusión- -dijo- -a la posibilidad de que la s i tuación actual degenere en su evolución u l terior en los más peligrosos extremos: vale decir la guerra. Y o opino que- hay que desechar hasta la simple idea de esta posibilidad. N o podemos. decir si todas las delegaciones y los agentes que llenaban la sala concedieron crédito sin reservas a las palabras del D r Curtius. E n todo caso el representante del Reich logró, con la primera parte de su discurso, ahuyentar los recelos, para poder decir, con toda autoridad: L a s observaciones hechas por la delegación alemana de Ginebra en la cuestión del desarme han sido seguidas de actos decisivos. Alemania- -añadió- -vé con gran decepción que los Gobiernos se retrasan en el cumplimiento de sus obligaciones jurídicas y morales del desarme. Debemos reconocer que esta situación es insostenible desde todos los aspectos y que debe reunirse la conferencia del desarme en el año próximo. Los comentarios sobre el discurso del delegado alemán en los círculos de la A s a m blea, inducen a creer que los miembros de la tercera comisión no se dejaron influir por los acontecimientos alarmantes de estos días. Antes había hablado el delegado de Italia con una firmeza demostrativa de la resolución decidida del Gobierno fascista, coincidiendo con el punto de vista de Alemania. Y o estimo que si la seguridad es un elemento merecedor de tenerse en cuenta para determinar el grado del desarme, no es una condición previa. También se considera inevitable que la sexta Comisión emprenda los trabajos que reclama l a revisión de los Tratados. N o parece posible un nuevo escamoteo de estos problemas y la mayoría de las delegaciones opinan que todo retraso puede tener consecuencias incalculables. L a Asamblea queda hoy pendiente de las- nuevas declaraciones del Sr. Briand, quien ha de recoger y contestar lo dicho por los delegados que intervinieron en el debate del proyecto de unión europea. Sesión de h o y Discusión general de los trabajos efectuados acomete una empresa que exige mucho tiempo y que sólo está en sus comienzos. Dice que existen todavía demasiadas divisiones y pasiones opuestas para creer en la posibilidad de considerar la Unión Europea como una realidad próxima. Seguidamente hace uso de la palabra el Sr. Curtius. Los escaños y las tribunas están llenos. E l ministro del Exterior alemán expresa su gratitud por los elogios que se han dedicado a la memoria del Sr. Stresemann; señala las posibles derivaciones de la evolución internacional, y hace constar que, con relación a la Sociedad de Naciones, la actitud de Alemania- no ha experimentado ningún cambio, colaborando en la organización de la paz y en cuantos esfuerzos se realizan para impedir nuevas guerras, más que por los métodos de represión, por medidas de carácter preventivo- Refiriéndose a la proyectada Unión Europea, el orador felicita al Sr. Briand por haber hecho incluir su generosa idea en las esferas de las obliga- ciones de los Gobiernos responsables, y se refiere luego a la crisis económica que atraviesa el mundo, y que se debe seguramente al exceso de producción y la baja de los precios de las materias primas. D e esta crisis- -añadió el orador- Alemania sufre de manera especial, por lo que se ha visto obligada a adoptar medidas encaminadas a proteger su. agricultura y asegurar su existencia dentro del mínimo posible. Finalmente el orador recuerda las proposiciones de los señores Schober y Grahame, para lograr una inteligencia en el terreno económico. Después de breves intervenciones del marajá ¿e Birkana, primer delegado de l a I n dia, y del doctor Chao Chu B u en nombre de China, se levanta la sesión, a la una de la tarde, para ser reanudada a las tres y; media, O t r o discurso pacifista d e B r i a n d Ginebra 16, 12 noche. L a Asociación de Periodistas Extranjeros, acreditados cerca de la Sociedad de Naciones, ha ofrecido hoy un almuerzo, al que han asistido el señor Titulesco, presidente de la Asamblea; los miembros del Consejo de la Sociedad, el secretario de la misma, sir E r i c Dumond, y el delegado venezolano, Sr. Zumeta. A l final del banquete, abque han asistido más de trescientos periodistas, pronunciaron discursos los Sres. Titulesco, Zumeta, Curtius y Henderson, expresándose este último en términos particularmente elogiosos para el Sr. Briand. Este hizo a continuación uso de la palabra y, dirigiéndose al Sr. Curtius, declaró: Usted está, como lo estoy yo, verdaderamente unido a su Patria, y jamás atravesó por nuestro pensamiento la idea de dejar de serle fiel. Y o francés, creería hacerle una injusticia si pensase en proponer a usted un acto contrario a su patriotismo. Es absolutamente necesario continuar aniquilando esa cosa estúpida y odiosa que se llama l a guerra. L a paz quiere a su servicio hombres generosos y tenaces, y nosotros lo seremos. 2 E n favor de la Unión F e d e r a t i v a E u r o p e a Ginebra 16, 4 tarde. E n la sesión de esta mañana, la Asamblea de la Sociedad de Naciones ha continuado la discusión general de los trabajos realizados durante el último año. E l Sr. Sciajdla, primer- delegado ele Italia, ha recordado los fines de la Sociedad de Naciones, haciendo observar que se Ginebra 16, 11 noche. E l texto de la resolución presentada a la aprobación de l a Asamblea y firmada por los representantes de cuarenta y cinco Gobiernos invita a todos los Estados europeos y a los miembros en general de la Sociedad de Naciones a que prosigan con la ayuda de l a Secretaría de la Sociedad de Naciones la encuesta acerca de la constitución de una Unión F e derativa Europea. E l memorándum del señor Briand y las contestaciones dadas a éste por los Gobiernos a quienes fué dirigido deben constituir los primeros elementos de esta encuesta. Continúa la resolución pro- poniendo a los Gobiernos que asocien en el estudio del problema a todos los miembros
 // Cambio Nodo4-Sevilla