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A B C. J U E V E S 18 D E S E P T I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 dijo mi honorable amigo, presentándome al joven- Combate por el gusto de combatir, por un guante que se le ha caído a una bella a su paso, por una sonrisa que dos corazones se disputan, por una frase no medida con prudencia... E l espíritu caballeresco de los tiempos lejanos se ha refugiado en las U n i versidades alemanas... ¡Lástima grande que les esté prohibido llevar la espada al cinto, y desnudarla a la luz de unas candilejas, en una noche obscura, bajo la mirada agonizante de un Cristo... S i n embargo, sólo nos falta el escenario; el resto lo tiene usted magnífico y anacrónico ante sus miradas, llenas de voluntuoso espanto. Y se calló, satisfecho de sus palabras. Pero los preparativos del combate fueron ducha fría sobre la fiebre de sus entusiasmos. Los dos contendientes se enmascaraban de hierros y cueros acolchados que le, cubrían los brazos, el tronco, la garganta... Sólo las mejillas se ofrecían desnudas a la furia de los aceros, cuyas puntas agudas se desinfectaban en aquel momento. -N o amigo mío- -me dijo el honorable Joé H a r r i s o n- Estoy perfectamente enterado y no creo que Athos y A r a m i s se acorazaran de ese modo, y menos aún que sometieran a medidas profilácticas el hierro de sus adversarios. Nunca me he figurado al grueso Porthos preguntándole a su antagonista Caballero, le agradecería me indicase si su espada ha sido desinfectada con alcohol de Borgoña o de Burdeos... N o he de ocultarle que siento ciertas preferencias por el prime. ro... Como escuchara estas palabras otro mozo que estaba a nuestro lado, nos habló a s í -Es indudable, señores míos, que los tiempos cambian y las imágenes que van quedando detrás de nosotros, a lo largo, del camino, no nos las atraemos con sólo el deseo de volver los ojos hacia ellas. H o y es hoy- y ayer, es ayer, y todo es distinto. A h o ra no pretendemos la muerte de nuestros adversarios, que nos traería enojosas discusiones ante unos señores vestidos de negro, sino sólo dejarle en la mejilla l a huella de nuestro flore, te. Esto nos basta porque no somos ambiciosos... P a r a un estudiante alemán o austríaco es una honra tener cruzado el rostro por. cuatro o cinco cicatrices, y no consideramos digno de nuestro aprecio a quienes no ostentan un par, al menos, de ellas. Y o estoy orgulloso de las tres mías, que son absolutamente auténticas. ¿Auténticas? -preguntó mi honorable amigo- i Entonces e, s que existe la falsificación de cicatrices, lo mismo que la de billetes de Banco? -A s í es, por desgracia. De la misma manera que no hay que suponer forzosamente condecorado a todo el señor que ostente una roseta o una cinta en el ojal de su americana, tampoco se puede decir, sin temor de equivocarse, que el joven que muestra su rostro surcado de costurones ha cruzado su espada con un adversario. H a y algunos estudiantes que se procuran esta vanidad por medio del bisturí... E n cuanto a mi, puedo mostrarles las actas que justifican mis tres cicatrices, recibidas en tres combates. N o he de negarles que estoy satisfecho de ellas... -S i n embargo- -se atrevió a objetarle mís ter Harrison- -deben estar más orgullosos de esas heridas los caballeros que se las h i cieron a usted. Artagnan se hubiera ocultado a las miradas del mundo si, por su torpeza, un contrincante le hubiera herido en el rostro. -M e parece que acaba de llamarme usted torpe, señor mío. -Caballero, la interpretación que da usted a mis. palabras me es en absoluto i n diferente. -Entendido, señor. Aquí tiene usted mi tarjeta. M i honorable amigo tomó la cartulina entre, sus manos, la examinó con un soberano gesto de desdén, se la introdujo en el bolsillo interno de la americana, y con el mismo elegante movimiento sacó prendida entre sus dedos otra tarjeta, que entregó a su interlocutor con estas palabras magníficas: -Puede usted hacer de ella el uso que guste. Jamás mi honorable amigo me pareció tan grande, y yo me sentí orgulloso como nunca de su amistad. Este es un verdadero Artagnan redivivo- -pensaba- y no esos caballeretes que, piden su ayuda al bisturí para ostentar- la falsa gloria de unas cicatrices. Con mi honorable amigo estarán de más las corazas acolchadas y los floretes desinfectados. Pero, de pronto, me llenó de espanto la idea de verlo caído en tierra, perdiendo su sangre por una herida abierta en el costado. -C r e o que ha cometido usted una imprudencia al entregarle su tarjeta. Ese mozo debe de ser un gran tirador de, espada y usted nunca l a ha manejado. ¡P o b r e amigo mío- -me dijo, pasándome, un brazo por el hombro- no se preocupe de las consecuencias de mi gesto, que yo sabré afrontar con toda dignidad... ¡O h quién lo duda, honorable y admirado amigo! -P o r l o demás- -añadió Joé H a r r i s o n con una tranquilidad heroica, como la de Héctor presto al combate con A y a x- no me preocupa en absoluto la pérdida de esa tarjeta... M e era muy poco necesaria y hasta puedo asegurarle que no recuerdo a quién pertenecía. 1 MARIANO TOMAS ABC EN CHILE Cámara chilena de comereio L a iniciativa de un g r u p o d e chilenos avecindados en España, en unión de otro grupo de españoles que residieron en C h i le o tienen vinculaciones con este- país, de fundar en Barcelona una Cámara chilena de comercio merece ser celebrada con verdadero encarecimiento. N o sé reduce esa iniciativa a favorecer la producción de la República que pueda ser colocada e n l a Península, sino que sus proyecciones tienen un carácter más vasto, v en el fondo existe el laudable anhelo de ligar de fuerte manera los mutuos intereses de Chile y España, sano propósito digno de encarecimiento. E s de este modo como. se debe enjuiciar un problema que tiene definida su naturaleza con toda precisión. Sólo por medio de la él calor expone su o r g a n i s m o CÉJBIL el refresco nutritivo, sostendrá suse. ner cjÍ 35 conjunta acción de los elementos que han de dar realidad a las corrientes del intercambio mercantil se podrá llegar al fin apetecido, fin que hasta ahora ha tenido más aspecto de líricos desahogos que de materialidad efectivamente tangible. Esta conjunción chilenoespañola es la p r i mera piedra del edificio que deberá hospedar en lo sucesivo a la familia de los hombres de negocio de los países de raza hispánica, y seguramente 110 tardarán en reunirse en Barcelona, o en Sevilla, o en Valencia, o dondequiera, algunos españoles y algunos argentinos, o peruanos, o mejicanos, o cubanos, etc. para seguir el ejemplo de los chilenos y los peninsulares ex residentes en Chile. L a Cámara Chilena de Comercio representa el primer jalón. H a y que tener confianza en los demás pueblos del tronco común. Desde luego, es notoria su buena voluntad, y también es evidente su afecto a la madre común. Uniendo simpatías y ganas de trabajar útilmente, no es soñar suponer que muy pronto el movimiento de cooperación cordial chilenohispánico tome el rumbo hispanoamericano integral. Cumple, pues, elogiar con toda franqueza a los hombres que han dado en Barcelona la prueba palpable de su buen sentido al fundar la entidad que estoy alabando. L a Cámara Chilena de Comercio tiene una labor de mutua inteligencia comercial bastante vasta que desarrollar. E l l a ha de actuar con detenido estudio del sistema arancelario chileno y español, para que las A d u a nas de los dos países faciliten el desarrollo de los negocios. E l sentido excesivamente proteccionista de algunas partidas del Arancel chileno es, en la actualidad, un franco inconveniente para que la producción española ingrese en Chile. Es suficiente escribir el nombre de algunas cosas. P o r ejemplo: vinos, tipo Jerez, Málaga, Oporto. (Y a sabemos que Oporto es un producto lusitano, pero es evidente que de ese tipo se cría mucho caldo generoso en España. Los vinos de ese estilo son de dificilísimo ingreso en- este país, porque pagan unos derechos de Aduana que son realmente prohibitivos. Siguen- las conservas. Los derechos son absurdamente elevados. Y se considera conserva la aceituna en salmuera, con un derecho de ocho pesos en kilo bruto, lo que viene a dar- al kilo de ese apetecible fruto del olivo un valor efectivo de diez pesos (ahora diez pesetas) por cada m i l gramos. Salta a la vista, la enormidad. Salta a la vista esa enormidad si se tiene presente que la aceituna madura, apta para ser colocada en salmuera, no vale el kilo en España más de veinticinco céntimos de peseta, o su actual equivalencia de veinticinco centavos de peso chileno. El- lector haga esta simple operación: V a l o r de un kilo de aceituna en salmuera: un real; derechos de Aduana de un kilo de aceituna en salmuera: cuarenta reales... Conste que la producción olivarera chilena es incipiente, de modo que es prematuro protegerla. Siempre he sostenido que se debe pactar un concierto aduanero con Chile a título de reciprocidad, y ésa puede ser gran obra de la Cámara Chilena, interesada seguramente, en el fomento del consumo de salitre chileno en España. Por eso mismo se impone la revisión arancelaria o un concierto que conceda a determinados renglones franquicias que se correspondan. Tengo la convicción de que éstos conceptos míos serán apoyados por los discretos fundadores de la Cámara Chilena de Comercio de Barcelona. E L B A C H I L L E R ALCA rlGES Valparaíso, agosto, 1930.