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A B C J U E V E S 18 D E S E P T I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 10 EL TEATRO SEVILLA EN Incidencias acaecidas c o n motivo de Ja edificación del de S a n F e r nando E l teatro de San Fernando, de Sevilla, que, como se sabe, es hasta ahora el principal de cuantos existen por su capacidad y por su abolengo artístico, fué edificado por los años de 1846 al 1847 en la finca que ocupaba el hospital del Espíritu Santo en la calle de los Colch eros, número 3.3, actualmente de Tetuán, 12. Durante las abras ocurrieron diversas incidencias, las cuales se hallan anotadas en el expediente respectivo que se guarda en el A r c h i v o municipal, y cuyo conocimiento, a nuestro parecer, puede despertar y distraer la curiosidad del lector. Obra al frente del aludido documento una instancia, fechada en 9 de diciembre de 1846, y firmada por los vecinos y comerciantes de la ciudad D. Julián José Sánchez y D José Caso, dueños del edificio que fué hospital del Espíritu Santo, donde se realizaban obras para convertirlo en teatro, solicitando licencia para labrar la fachada, según el plano que iba adjunto. A l contestársele por la Alcaldía que no habría de concedérseles tal licencia mientras el plano no estuviese aprobado por la ¡Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, los solicitantes replicaron que obviaba tal requisito, por no pertenecer el edificio en cuestión al Estado n i a cualquier otro organismo de su dependencia. A d e más- -agregaban- -la demora que sufría la obra, el mayor costo de ella, el desaliento que se toca cuando los grandes proyectos encuentran inconvenientes y el descrédito que seguiría a la suspensión, son otros motivos que nos obligan a impetrar de V S. en esta ocasión, el decidido apoyo, que las demás autoridades, y aun l a q u e dignamente ejerce, s han servido dispensarnos, en e atención a la. brillante mejora que debe recibir esta escogida población, si no se contrarían nuestros designios. O t r a de las razones formuladas por los solicitantes fué la de que, no se trataba de edificar de nuevo la fachada, sino sólo variarla, conservando sus muros. Siguieron a esta réplica los informes del arquitecto municipal, D Balbino Marrón Romero, y de la Comisión de Ornato, compuesta esta última, por los Sres. Ibarra, Bonaplata, Huidobro y Borbolla, en que se declaraba no haber inconveniente en acceder a la instancia de los dueños del nuevo teatro. E l 23 de diciembre del mismo año se oficia a aquéllos, en el sentido de que, se concedería la dicha autorización en el caso en que fueran firmados los susodichos planos por un arquitecto o maestro aprobado por la antes mentada Academia de San Fernando, y, sin esperar a ejUo en el mismo día se les concede la autorización solicitada. F arecía el camino ya expedito cuando una nueva y grave incidencia viene a i n terrumpir la marcha de las obras. Sabemos de ella, por un oficio u; getite. fechado en 17 de febrero del nuevo año de 1.847, q envía al alcalde constitucional la sección de Gobierno, dándole cuenta de un suce. so sangriento ocurrido en las obras. Desgraciadamente, por un descuido nunca perdonable- -se dice en el documento- perdió la vida uno de su obreros dejando en la orfandad toda su infeliz familia; otro, ue e también fué maltratado, y hasta más de treinta estuvieron muy próximos a sufrir igual infortunio. E l l o ocurrió a consecuencia de haberse venido abajo una parte da l a armadura, y de creerse que estaban mal colocados los andamios, excitándose, el celo de ía A l c a l día en aquel oficio para que ordenase el debido reconocimiento de los dichos armadura y andamios, a. fin de prevenir nuevas desgracias. E l alcalde, a la sazón el señor conde de Montelirio, delegó en e, l teniente quinto de alcalde, D Antonio María Fabié, para que en el acto se sirviera suspender las obras, haciendo saber al arquitecto de ellas, don Manuel Portillo y Navarrete, que, no las continuara hasta una nueva disposición de la Alcaldía; cometido que realizó con toda diligencia el Sr. Fabié, ordenando, además, que se realizara la debida inspección. Dióse lectura de la orden, por no estar presente el arquitecto, a los encargados de las obras, D Gustavo Steinacher y D P a blo Rohault de F l e i m y realizóse la inspección, ordenándose que podían continuar las obras de albañileria, y, con relación a la armadura, se informa que no se hallaba en las debidas condiciones, prohibiéndose su colocación y ¡a de cualquiera otra hasta que no la aprobase la Academia Nacional de Bellas Artes de San Fernando. L a Alcaldía dio cuenta de su orden a aquel organismo y al jefe superior político, envendóle al primero los planos de las obras. Mientras esto ocurría una nueva incidencia vino a embrollar el asunto. E n 2 de marzo de 1847, ej profesor de Arquitectura de l a Academia de Nobles Artes de San Fernando, D José Gallegos Millán, denunció a la Alcaldía que las obras del nuevo teatro no estaban dirigidas por un arquitecto examinado, puesto que el Sr. Portillo Navarre, te no había hecho más que firmar los planos, y pedía la suspensión de aquéllas mientras no se cumpliese tal requisito. Llamado a declarar el Sr. Portillo, dice que él se hallaba al frente de las obras desde, el de marzo del año que corría, en unión de los ingenieros empresarios de las mismas, y de esta declaración se dio cuenta al jefe superior político. E l 5 del mismo mes y año recibe la A l caldía una comunicación de la Academia de Nobles Artes de Santa Isabel anunciándole que, como no había recibido los planos y Memoria del teatro, se encontraba imposibilitada de entrar en l a calificación y examen correspondiente para emitir su parecer- sobre sus obras, y, una vez que le fueron remitidos, informa en los términos que siguen: Severa en principio, ha examinado y discutido el proyecto, el plano y las explicaciones de sus autores, sin atender a los intereses de éstos y los de los propietarios. S i n separarse de aquéllos, la Academia ha consultado los únicos datos que se han remitido por el señor alcalde y cuantas observaciones se han hecho en la discusión por interesarse su decoro, y aun también el nacional, por l a coincidencia, lamentable hasta cierto punto, de ser extranjeros los autores del proyecto y directores de su ejecución, y, como tales, acreedores a toda consideración. (Ha advertido que no están los planos aprobados por la Academia de San Fernando como debió haberlo sido, dado el carácter de público del edificio, a pesar de no estar construyéndose con peculio de la ciudad, sino con caudales públicos. De ello culpa a la autoridad, por haber concedido licencia pai a las obras. Luego continúa el informe: E n cuanto a la parte artística, no halla la magnificencia y novedad que con tanta filosofía se. ye pues: ta en práctica en los preciosos monumentos. de los griegos y romanos, de la clase del que se trata, y a los que el sabio D u r a n toma como tipo, haciendo las debidas y convenientes modificaciones, mucho más cuando- el que nos ocupa se presenta con una gran extensión. L a celebridad de la capital de Andalucía, por las circunstancias que la adornan, exige que cuantas obras de uso público se verifiquen en ella estén en. armonía con el progreso de las luces artísticas y adelanto de la época. Sobre la fachada informa la Academia que los pisos bajo y principal aparecen sin la proporción oportuna; que el primero, en su altura, es mayor que el segundo, y que éste se presenta menos noble que aquél, produciendo- -dice- -un efecto repugnante a la estética arquitectónica y, por tanto, muy distante de lo bello. L a Academia- -agrega- -halla que el proyecto de la fachada carece de la dignidad y elegancia propias a un edificio destinado para teatro. Respecto a la sala, dice que hay imperfección en lo de ser oval, pues l a elipse es más a propósito para satisfacer las exigencias de la óptica y de l a acústica. Reprueba a continuación que los techos de los palcos sean superficies planas, por ser éstas antisonoras, en razón a formar ángulo recto con el plano vertical del fondo del palco. Dice luego que se echa de menos la caja armónica; que hay falta de luz y ventilación en los corredores de los palcos, y que es repugnante el corto número de puertas que ofrecía el proyecto para la pronta salida del público en caso desgraciado y urgente. Sobre la armadura, por último, informa que no es conveniente el cinc en esta región, y que no tenía la debida solidez, tanto por l a clase de madera adoptada como por sus dimensiones. E n 30 de marzo del año que corría comparecieron ante el alcalde D Julián José Sánchez y D Gustavo Steinacher, con autorización de sus respectivos compañeros, conviniendo en someter todas las diferencias sobre la obra a l a deliberación del conde de Montelirio, en quien depositaban las más amplias facultades para ello, y a consentir, que una Comisión de la Academia de N o bles Artes de Santa Isabel presentara las; observaciones que creyera acertadas hacer, sobre el proyecto. L a Comisión quedó nombrada, siendo aceptada su propuesta de reformas en 8 de abril del mismo año. U n a vez terminadas aquéllas, verificó una inspección a las obras una Comisión de l a Academia, dictaminando que, después de un detenido examen, las había encontrado conformes con los principios de ¿la estética. L a Comisión- -agregaba- -no tiene que oponer reparo alguno para su aprobación, aunque por ella no pueda ser responsable, ni menos la Corporación para con el público, de cualquier incidente o evento imprevisto. P o r último, en 24 de septiembre de 1847. piden al alcalde los directores de las obras que, habiendo la Academia evacuado informe sobre el teatro, se les diera una. certificación del mismo, para los efectos consiguientes, con ormándose con ello aquella autoridad municipal y ordenando la entrega de la referida copia. Así tiene término el complicado y embarazoso asunto, inaugurándose el teatro de San Fernando en la noche del 21 de diciembre de 1847 con la ejecución de la ópera nueva Los Lombardos por una compañía de ópera. J, M U 5 T O Z S A N R O M Á N
 // Cambio Nodo4-Sevilla