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A B C V I E R N E S 19 D E S E P T I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 10 andan desorganizados en el temperamento del artista. Tome en cuenta el lector que, según decía Riemann, l a Estética no es una enseñanza del Arte, sino una filosofía del A r t e se propone favorecer, no l a habilidad técnica, sino la comprensión de l a obra artística. T a m b i é n el público no debe olvidar que, sin ciertos conocimientos (no prácticas) de la técnica artística, es imposible llegar a comprender una obra de arte. L a falta de mentalidad que, a veces, tienen ios artistas se percibe en lo triviales que son la mayoría de sus obras. Y aquí queda planteado otro problema importante, y que se manifiesta con caracteres verdaderamente agudos, de una lucha entre los artistas y la parte m á s culta del público. Cómo se ha planteado este problema? ¡S i m p l e mente en los asuntos! Se cree que l a cuestión de la vulgaridad radica sólo en ese aspecto de la obra de arte, y ello no es cierto. E l asunto no debe olvidarse que vale, como ha dicho cierto escritor, lo que una tela sobre la cual se bordan las ideas, los sentimientos y las emociones del artista; lo que ha visto en el mundo externo y lo que ha elaborado en el fondo de su alma. E s un armazón para colocar todos esos elementos estéticos, m á s los artísticos y, por último, los técnicos, y crear de este modo una obra completa de arte. Así, pues, al asunto no hay que d a r l e m á s que un valor relativamente secundario. E l artista que todo lo resuelve en el asunto es un temperamento superficial. E l que ve, oye o contempla una obra de arte y sólo se apodera del asunto es un inteligencia vulgar, que ú n i camente percibe las apariencias de los hechos y de las cosas, y un corazón apto a los sentimientos externos, que fácilmente le conducirán a un sentimentalismo empalagoso, ñ o ñ o y cursi, o a sensaciones fuertes y brutales. P o n d r é a l g ú n ejemplo. D e l primer grupo, aquellas novelas de l a generación de nuestros abuelos, tiernamente conmovedoras; de la virtud atropellada en m i l escenas complicadas, hasta que por fin vence l a bondad a l a perfidia, y en el epílogo se narra un tierno idilio, tan dulzón como una tarta comida en la fiesta de una boda (porque ésta es imprescindible en esas obras) E n pintura tuvimos Ofelias, m á r t i r e s del Cristianismo, noches de luna y otras zarandajas. A l lado de esas obras, en las que hasta la maldad estaba como pulimentada y bien vestida, para no ofender los oídos tiernos del lector, se produjo el melodrama espeluznante, con muchos cadáveres, miradas feroces, tinieblas y gran abuso de la caja de truenos. E n pintura fueron aquellos cuadros terroríficos de La campana de Huesca, La invasión de los bárbaros, la muerte de tal personaje, la degollina de unos cuantos prójimos, m á s o menos históricos; locuras, incendios, gritos a la guerra, con espadas llenas de moho y armaduras de c a r t ó n el pobre modelo siempre con cara de vinagre, derroche de betún negro, carmines y colores violáceos. ¡C ó m o entusiasmaban y conmovían al público esas obras! E n el teatro se aplaudía a rabiar y se gritaba con acentos iracundos pidiendo un diluvio de puñaladas sobre el cuerpo del traidor, que al fin las pagaba todas juntas. (E l día que fué estrenado el Carlos II, el Hechizado, de G i l y Zarate, en M a d r i d el público no se satisfizo hasta que el personaje traidor de la obra fué muerto m á s de una vez. E n las Exposiciones, el público salía con los pelos de punta y los nervios destemplados, cual pueda salir del Museo Grevin, en P a r í s A s i se explican los- ruidosos éxitos de un n ú mero considerable de obras estúpidas. ¡L o s grandes asuntos! Llegó un momento en que el arte parecía que iba a tomar otros rumbos; era preciso que se reaccionara contra aquel estado artístico, tratando de buscar otro cauce m á s hondo; no se reaccionó. Hubo, sí, cansancio en aquella postura y se hizo un cambio, adoptando otra. E n el teatro, Galdós da su drama, Realidad, con un asunto pasional; pero también con hondos caracteres y una tendencia moralizadora opuesta a l a que venía imperando en nuestra dramaturgia: el marido no mata a la adúltera. E s a obra se sostuvo algunas noches en la escena madrileña y en los teatros de provincias, por la firma que llevaba y por cierta curiosidad de ver un drama del gran novelista. Poco a poco fué modificándose cierta parte de l a producción teatral gracia a Benavente, y entonces l a llamada crítica de teatros apreciaba el asunto ¡siempre el asunto! y la descripción de escenas según la verosimilitud realista que tenían. Se quería l a realidad a todo trance, y el diálogo en prosa mejor que en verso, para que fuese m á s fiel trasunto de esa realidad tan apetecida. Sólo se veían los rasgos externos de l a vida y de l a obra de arte. C o n bastante rapidez se operó en l a pintura un cambio hacia los asuntos realistas. H a y en el Museo de A r t e Moderno un cuadrito titulado Los pequeños naturalistas, que es todo un símbolo de esa transformación artística. E l lienzo, en sí, es vulgar y con ribetes de una picardía propia para satisfacer a colegiales. N o hay más que el asunto. JAIMB DOMENECH Serrano, 31. (Alianza Internacional de Turismo. Delegaciones y organización en todas las provincias. ASE SOCIO DEL TOURING CLUB ESPAÑOL y desenvolverá su vida con mayor economía. PRESCINDIBLE PARA LOS AUTOMOVILISTAS Y VIAJEROS Desde el 15 de octubre los socios en Madrid tendrán a su disposición servicio de automóviles de lujo, a pesetas hora. 5 Todo socio que aporte 20 nuevos socios queda exento del pago de sus cuotas sucesivas.
 // Cambio Nodo4-Sevilla