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MADRID- SEVILLA 20 D E S E P B R E D E 1930. NUMERO 10 C T S PRADO DE SAN SEBASTIAN. CERCANA SUSCRIPCIONES Y SEVILLA A TETUAN, DIARIO DO. N. ILUSTRA- A Ñ O VI G É 8.654 OLIVE, SIMOSEXTO SUELTO REDACCIÓN: ANUNCIOS: MUÑOZ Ave María de Gotíuod, obligaron al revolu- cada vez, sobre la individualidad del orador, cionario a arrodillarse y a llorar. se amontonan m á s y m á s atributos de maTales episodios no se mustiaron en el am- gia. Con lo que, en realidad, no. hacemos Elda, y su reCastelar, las almas y los bosques biente de sencillez con inmortalidad memos- sino alejarnos de él, prescindir de él, por cuerda la que una vieja, otro método, pero con igual resultado que el i i l anciano caballero me dijo en tono con- trándome unos encajes en un museíto de B r u- obtenido por Costa al cerrar con siete llafidencial jas, s u s u r r ó E l modelo es del señor Pedro ves el sepulcro del C i d ¿Sabe usted por qué yo soy Ernesto, Pablo Rubens, el pintor P a r e c í a referirse Repito que los alicantinos no podrían a un vecino, al que sólo se guardaba el respe- quizá concretar los motivos de su afición y no Juan, o Antonio, o Miguel? U n a pausa, que parecía sostener mi com- to debido a su importancia. Pero con el que inextinguible a Castelar. L e quieren, le veplaciente sonrisa, y luego: podíamos, codearnos por las. calles. neran, lo consideran suyo. E s admirable. -Porque así se titula una novela de CasLas de la tantas veces mencionada pobla- Porque de ello resulta que sobre toda la telar. ción, y las de otras varias de la región ali- provincia, intensificándose en Elda y en Ernesto. Publicada un año después de la cantina, como sus, olivares y sus viñedos, otros focos, se extiende una atmósfera de revelación como orador del ya mitológico cruzó en. sucesivos estíos Castelar, en, la idealidad, y las gentes experimentan l a tribuno, cuando lo del teatro Real, y es- tambaleante tartana de su amigo D Secun- inefable emoción de que los ampare un prescrita algún tiempo antes. Obra de juventud, dino Senabre, propietario en Sax. tigio de proporciones fabulosas. N o abuntrepidante en su lirismo, y donde se halla, Este, y ricos industriales y cosecheros, dan hogares de esta índole en España, cuanen el capítulo en que se describe la ago- acudían a remediar los frecuentes descala- do cada ciudad debería serlo, y, por el connía de Luisa, aquello de Grande es Dios en bros económicos de D Emilio, que era el Sinaí etc. Casi ningún español dejará de fastuoso, pródigo, manirroto. Y espontá- trario, conviértense en arqueología las figucompletar el párrafo. Constituyó uno de los neamente le enviaban vituallas, las primi- ras históricas y legendarias, y los españoles, mayores triunfos de D Emilio al replicar cias de los huertos, los dulces moriscos, en cuanto a españoles, nacemos huérfanos. en el Congreso a Manterola. Entonces se embutidos, los mejores trozos de la res bien Se quiere más que encontrarse en las murallas de A v i l a unos cartele s de turismo a tuvo por una milagrosa improvisación. A l cebada. Castelar correspondía con sus au- Lisieux? Es Lisieux quien debería peregriconocerse la verdad, los eternos descontentadizos acusaron a Castelar de aprenderse de tógrafos, las cartas y recibos que guardan nar a A v i l a Somos así. Hemos ido suprimemoria los discursos. Y él, atusándose con los herederos de los innumerables mecenas, miendo el patriciado de nuestros inmortales, sus gordezuelas manos los bigotes, que abul- papeles que amarillean como las hojas se- como sistemáticamente talamos los bosques. taban m á s que las manos, contesto: Pues cas, tiznados más que caligrafiados, con pin- A l descubrir en una región, esa de A l i c a n que se aprendan ellos también los discursos torescos descuidos ortográficos y con borro- te, l a familiaridad postuma con Castelar, nes, las manchas de tinta de que no se l i M i diálogo con el atildado viejecito fué braban los dedos ni aun la calva del febril e tiene la alegría que produce el hallazgo de un monte por fin repoblado de árboles. en un pueblo alicantino. N o cabe duda que escritor. tal bautismo revela el apasionamiento del Sin duda fué D E m i l i o Castelar el esFEDERICO G A R C Í A S A N C H I Z padre de mi interlocutor por D E m i l i o Castelar. E n los días que he pasado reciente- pañol que m á s amigos familiares tuvo en la mente en. esa tierra valenciana no acababa redondez de la Península, y dicha intimidad de toparme con testimonios del culto al se adensaba ei Alicante. Allí continúa sien- A D V O C A C! O N ES grande hombre. Se me enseñaron cartas, le- do el señor Pedro Pablo Rubens de la vietras de cambio, recibos, prendas que el ído- jecita de Brujas. DE VÍRGENES SEVIH a y momentos en que parece que va a lo usaba... LLANAS E n realidad, Castelar es alicantino, de surgir, con sus ojos exaltados, al abrigo de E l d a L o fueron sus padres, y él nació en la serena frente; desplomadas las mejillas: el mar, a l a vista de Cádiz. Pero su ma- el bigote en cascada, que oculta los labios; La de la Divina Enfermera dre se dirigía a E l d a en busca de su her- redondo y generoso el mentón, fundiéndose E n la parroquia de San Martín se venemano, allí establecido de comerciante. U n a con el cuello en comba, que a su vez se ra con la mayor devoción a esta peregrina placa de bronce, con el busto en relieve del ajusta al de la camisa, bajo y acanalado, Virgen. tribuno, señala hoy la vivienda de Ripoll, ei y con la corbata negra en toisón. Sobre la Desde tiempos remotos recibió las oblatendero. Porque l a niñez y la adolescencia negra y cerrada americana, flotantes, Tos ciones de los fieles en la capilla del hospital del genio trancurrieron en esa casa que hace lentes, que espejean. Todo un retrato de de la Expectación, que estuvo en, la callé, esquina de dos callécitas, unas callecitas ca- los enmarcados por un óvalo. Y su figura, de la Correduría- -hoy del Doctor Letámenracterísticas del país; con enlosadas aceras, también ovalada. Inflándose desde los d i- di- -hasta que aquél desapareció- en la rerelativamente anchas, y en medio un ca- minutos pies, calzados con blandura, excep- ducción que se hizo de tales establecimiennalillo empedrado de guijas, no para las to la rigidez de los agudos tacones, y hol- tos benéficos, con autorización de la Santa aguas, sino destinadas a un carretón de gado el traje en el cuerpo aerostático. Casi Sede y orden del Rey Felipe II, y fué lleuna sola rueda. diminuto y casi gigantesco. Así en su elo- vada a aquella parroquia. A haber sido reverenciada primeramente Muchos años m á s tarde, al evocar don cuencia. Lo vemos descender de la tartana Emilio, con su fácil melancolía, los recuer- de D Secundino Senabre apoyándose en un en el aludido hospital debe las dos advocados primeros de su vida, sitúase imaginati- quitasol de tela gris, con el forro verde; ciones con que se la conoce: la de la Espevamente en Elda, titulando la p á g i n a L a s oímos su atiplada voz, que acompaña el ful- ranza, por la que llenó el pecho de la V i r fiestas de mi pueblo Otro detalle significa- gor de su. mirada; acaricia a unos niños, gen con el deseo de dar a luz al Redentor, tivo, que sé por D Joaquín Coronel, presi- saluda al señor cura, sonríe a todos, es el y la de la Divina Enfermera, porque en sus virtudes y milagros, confiaban, para su redente del Municipio eklcnse. E r a muchacho padre de todos. torno a la salud, los pobres enfermos que este honorable señor cuando los tvohemS i preguntáis a cualquiera de los alican- en dicho hospital estaban acogidos: bres demócratas, capitaneados por Castelar, tinos que heredaron el culto de sus mayores recorrieron la provincia, arengando a las L a antigüedad de la bella imagen, puede multitudes. Comenzó su oración el jefe de Sos por Castelar, difícilmente acertarían- -y en colegirse de los vxárrafos con que comenesto les siguen el resto de los españoles- a zaban las convocatorias que anunciaban los expedicionarios en una plaza de Elda, y hubo de interrumpirse con un nudo en la gar- sustentarlo en razones como la del mérito cultos de su novena: A la Soberana Empeganta y cegado por. las lágrimas. Y o- -s o- literario del autor de Fra Filippo Lippi, la ratriz de Cielos y Tierra. M a r í a Santísima llozó- -no puedo decir en Elda lo que digo de su filosofía, la. de sus investigaciones nuestra Señora, con el hermoso título de en otros sitios. Se lo impedían respetos y históricas o la de su internacionalismo po- la Esperanza y el renombre de Peregrina ternuras hogareños. Los mismos que la tar- lítico y su camaradería con los grandes Enfermera por haber sido su origen en el de que Milagritos Gorgé, la Patti local, que, personajes de Europa y América. N o sa- hospital de su feligresía, donde permaneció por cierto, aún vive, flor en los cartones ben la mayoría de nuestros compatriotas lo por esnacio de trescientos treinta y ocho de un botánico, cantó en la parroquia, y que- nara nosotros, en el proceso evolutivo años, de. de el siguiente a la restauraron como homenaje al ya glorioso visitante, el de, España, representa Castelar. E n cambio, ele esta. ciudad por el Católico y Santo. Rey TALK. IES